Cali

Así fue la vida de Monseñor Isaías Duarte Cancino

Marzo 11, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Reportero de El País
Así fue la vida de Monseñor Isaías Duarte Cancino

Monseñor Isaías Duarte Cancino es recordado en Cali como un gran líder que defendió a las víctimas del secuestro y gestionó decenas de obras sociales.

Este 16 de marzo se cumplen diez años del asesinato de monseñor Isaías Duarte Cancino. Su crimen, atribuido a las Farc, aún deja cabos sueltos.

II: La vidaEl padre Efraín Montoya Flórez está sentado en uno de los patios del convento de La Milagrosa, ubicado sobre la Avenida Roosevelt de Cali. En sus manos sostiene el libro que escribió sobre monseñor: ‘Isaías Duarte Cancino, sangre de profeta’. Ahora sonríe. Recuerda cómo era él en vida. Entonces menciona la palabra tigre. Así parecía Monseñor, de lejos. Un tigre enjaulado, uno de cara muy adusta, muy seria, como de un mal genio perpetuo. Pero quien lo conociera de verdad, quien entraba en su círculo íntimo, agrega Efraín, descubría otra cara, la de un hombre sensible, dulce incluso. El dato lo corrobora el sacerdote José González: “Monseñor se describía a sí mismo como una fruta dura por fuera, pero blanda, madura, por dentro”. Como una piña. Isaías Duarte podía, entonces, estallar de un momento a otro, regañar con vehemencia a sus subalternos. Pero enseguida pasaba de la furia a la calma, casi siempre arrepentido. Muchas veces se disculpó llorando por sus reacciones. Monseñor Darío de Jesús Monsalve recuerda el día en que Isaías le dio tremenda reprimenda a un sacerdote. Después se le apareció en la parroquia sin avisar. El padre se asustó. Era la madrugada. Pensó que Monseñor seguía enfadado, que el sermón que le daría a esa hora debía ser más terrorífico aún. No. Isaías Duarte Cancino fue a disculparse. Era así, un hombre impulsivo en sus reacciones, podía ocurrírsele ir hasta una iglesia en la madrugada a ofrecer excusas o incluso lo siguiente: una vez, recuerda el padre Efraín, después de que el 30 de mayo de 1999 el ELN secuestrara a más de 200 personas que asistían a una misa en la iglesia La María de Cali, Monseñor propuso que sacerdotes y ciudadanos encabezados por él mismo fueran hasta las montañas, buscaran a los guerrilleros en sus propios campamentos, les exigieran sí o sí la liberación de los cautivos. Literalmente lo atajaron. Le pidieron calma, mesura, pensar otra vía, ¡Por Dios Monseñor! Isaías Duarte Cancino estaba decidido a hacerlo. Tenía, de sobra, el carácter. La periodista Adriana Santacruz, en una columna publicada en El País después de su muerte, escribió: “tenía la habilidad de decir lo que la mayoría quería decir, pero no se atrevía por miedo”. Con ese impulso también actuaba cuando se le ocurría una obra social. No importa que no tuviera el dinero, Monseñor se lanzó a construir universidades, colegios, parroquias, centros de atención al anciano, al indigente. Y a la larga se salía con la suya. Era un hombre de acción, de realizaciones, de proyectos cumplidos. También se le recuerda como generoso al extremo. Su clave bancaria eran cuatro ceros. Si un sacerdote necesitaba recursos, cuentan, Isaías Duarte le pasaba la tarjeta débito para que sacara lo que necesitara. No pensaba en ahorros ni tenía ambiciones de comprar un carro, una casa, no. Sus bienes eran los libros, la ropa, cuenta el padre Efraín. Es decir que era un hombre sin ataduras materiales y de gustos sencillos: no le podía faltar un postre después del almuerzo. Le gustaba sobremanera comer helado. Y en sus bolsillos siempre tenía dulces.Isaías Duarte Cancino nació el 15 de febrero de 1939 en San Gil, departamento de Santander. Tal vez eso explique su temperamento. Los nacidos en esa zona del país, es el mito, suelen ser de genios telúricos. Su familia fue numerosa. Isaías fue el menor de los siete hijos del matrimonio de Crisanto Duarte Pilonieta y Elisa Cancino Arenas. A los 8 años ya había definido su destino, el sacerdocio. Estudió en el Liceo San Luis de San Gil, y después en el Colegio Santander de Bucaramanga. A los 17 años ingresó al seminario de Pamplona y desde 1961 hasta 1964 estudió teología en la Universidad Gregoriana de Roma. Fue el primero de diciembre de 1963 cuando se ordenó sacerdote. Siete años después ya era párroco de la parroquia del Espíritu Santo; después de la Catedral de la Sagrada Familia de Bucaramanga y de las parroquias de los municipios de Girón y Málaga. En Girón fundó dos colegios: el gimnasio José Alejandro Peralta y el San Juan Bautista; gestionó la creación del hogar geriátrico Señor de Los Milagros y la Casa de Retiros El Corregidor. En 1985 ya era obispo; en 1988 llega en esa condición al Urabá, en donde ya se empezaba a librar una guerra terrorífica entre guerrillas y grupos de autodefensas. Fue allí donde su historia y su manera de ejercer el sacerdocio cambió para siempre. (La historia continúa en la siguiente página).

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