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Cirugías plásticas: las ganancias y riesgos que trascienden lo físico

Muchas mujeres acuden al quirófano creyéndolo la tabla de salvación para sus matrimonios. ¿Pero alguna vez se ha preguntado qué ideas pasan por la mente de una mujer (o de un hombre) que decide someterse a una intervención de estas, con todas las implicaciones y riesgos que cualquier cirugía conlleva, solo porque su autoimagen es una prioridad en la vida?

Ideas como: que si sus pechos con el tiempo o como consecuencia de la lactancia de los hijos se descuelgan, un par de prótesis incrementarán el deseo en su pareja y su confianza como mujer en la cama al vérselos de nuevo firmes y voluptuosos.

Lo mismo sucede con sus glúteos, porque –digámoslo sin escrúpulos- para nadie es un secreto que esa es una de las partes femeninas que a los hombres más les atrae. Y en ese afán de muchas por sentirse admiradas le agregan unos centímetros más a su cola. Igual pasa con la cintura, a la que se le puede extraer grasa para verse como una modelo de Instagram o de televisión. Y mejor aún, ¿por qué no marcarse el abdomen en un dos por tres, en vez de hacerlo con ejercicio?

Hasta ahí todo va bien, es válido querer verse mejor si considera que tiene un defecto y puede mejorar la figura para sentirse atractiva para el sexo opuesto o para usted misma. Pero, ¿mejora la vida en pareja?
Según el cirujano plástico Gildardo Pérez, expresidente de la Asociación Colombiana de Cirugía Plástica, algunas mujeres sí mejoran la intimidad con su pareja luego de una cirugía plástica.

Por ejemplo, las intervenciones en los genitales que se dilatan por el paso del tiempo, por los partos naturales y que tienen la vejiga descendida, ayudan a aumentar el placer sexual en la mujer. Es más, hay un estudio que indica que entre 10 % y 15 % de las mujeres quedan en embarazo al año siguiente del postoperatorio por el incremento de su actividad sexual.

Así le sucedió a Marcela, una mujer de 36 años que hace 10 se aumentó los pechos y hace un año se hizo una lipoescultura y el cambio de las primeras prótesis. “Mi autoestima se subió muchísimo y las relaciones con mi esposo mejoraron. Me daba pena que me viera gorda, me sentía insegura y temía que él me juzgara, no me daban ganas de estar con él.

Mi esposo es un hombre exigente y le gusta ver a una mujer bonita, arreglada. Por eso yo decidí pagarme la primera cirugía”, cuenta Claudia.
Sin embargo, él no la presionó. Confiesa que fue “por ella misma” que se sometió a esto, no por él, sino por su seguridad. Incluso, él no quiere que lo repita porque teme los riesgos de una operación y sabe que más importante es la vida que la apariencia.

El caso contrario le ocurrió a una ex modelo que pidió mantener su nombre en reserva. Tenía una belleza impactante, pero después de tener a hijos sus senos quedaron estriados y descolgados por los cambios de tamaño y de peso. Al encontrar fotos de su esposo con otra modelo voluptuosa, decidió operarse. Su vida sexual mejoró por un tiempo, no obstante terminaron divorciándose luego de que él conociera una reina de belleza más joven que ella.

El asunto de fondo, entonces, nunca es la cirugía sino la relación de base que se construya, pues siempre habrá mujeres y hombres más jóvenes o bellos.

Para el doctor Pérez “la vida en pareja depende de múltiples factores, dentro de los cuales está la atracción física y el papel de la cirugía es recuperar la función y la forma alterada de los atributos físicos”.

Sin embargo, añade el médico, “se equivoca quien pretende que por un cambio físico se pueda recuperar una relación que se ha deteriorado por otras causas”. Y aquí es donde está el meollo del asunto, pues el deseo y el desempeño sexual no están asociados al aspecto físico, sino que tienen que ver con la estima y la confianza.

¿Mejora la autoestima?

El psicólogo clínico Luis Eduardo Peña dice, que “la vida sexual es el resultado de muchos elementos. Pueden haber mujeres no tan agraciadas físicamente que tienen relaciones sexuales maravillosas y una mujer bonita con una sexualidad desastrosa. Si la persona tiene un trastorno psiquiátrico que sea el responsable de esa insatisfacción con su cuerpo, la cirugía no va a eliminar ese trastorno y nunca se terminará aceptando”.

El psiquiatra Javier Díaz coincide con Peña y reitera que cada caso hay que individualizarlo y no se debe generalizar. “Si una persona tiene la autoestima baja o padece un trastorno depresivo, difícilmente una cirugía la va a ayudar, habrá un cambio físico, pero la depresión seguirá latente y anulará la capacidad del disfrute sexual. Lo mismo sucede con los casos de mujeres que tienen trastornos dismórficos corporales, aquellas que se ven defectos que no existe o que exageran, y vemos que se hacen múltiples cirugías y nunca quedan satisfechas, siempre quieren hacerse más y más”.

En casos como estos la cirugía no es la solución, sino un tratamiento psicológico que ayude a superar estos trastornos. También puede haber casos de ansiedad, trastornos de la personalidad, obsesivos-compulsivos y hasta alimenticios que impiden el goce del sexo. Y es que una cuarta parte de los pacientes con obesidad, por ejemplo, tienen trastornos alimenticios con bases emocionales, como el caso de una paciente que padecía obesidad mórbida. Por salud debió someterse a un bypass; sin embargo, cayó en una profunda depresión al no poder comer lo que solía. Comer era la forma de llenar los vacíos emocionales que tenía.

El órgano sexual más importante es el cerebro, dice la sexóloga Ana Cristina Mallarino, porque por más que tengamos un cuerpo divino si no hay deseo no hay nada. En su experiencia profesional ha podido evaluar pacientes muy bellas físicamente, con múltiples cirugías, que son incapaces de sentir excitación u orgasmos por prejuicios, traumas o baja autoestima. “Se niegan al placer desde lo emocional y por eso es necesario trabajar el autoconcepto y la autoimagen. Tienen que aprender a amarse como son; o por más cirugías que se hagan van a seguir viéndose defectos”.

La presión cultural y mediática es otro factor importante que incide en la decisión de una cirugía. El psicólogo Luis Eduardo Peña dice que “si ves que todas tus amigas tienen senos grandes y aparentemente reciben más aprobación de los demás y son más admiradas puedes sentirte presionada. Lo mismo pasa con la pareja. Hay casos dolorosos en los que el hombre agrede psicológicamente a la mujer criticando su físico y la aceptación que tengas de tu pareja tiene una incidencia importante”.

En el portal de estudios médicos Pubmed hay publicadas investigaciones que demuestran que las cirugías reconstructivas de mamas extirpadas por cáncer o malformaciones anogenitales sí mejoran la calidad de vida sexual. De las estéticas realizadas más por vanidad, no hay estudios serios que lo demuestren.

Si hay algo que el dinero no puede comprar es el amor propio.

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