Cali

CVC dona 100 hectáreas al Jardín Botánico

Marzo 20, 2017 - 11:40 p.m. Por:
Aura Lucía Mera y Beatriz López,  especial para El País
Árboles

100 hectáreas serán entregadas por la CVC al Jardín Botánico.

Foto: Marcela Martínez

En un ambicioso proyecto de recuperación de un tramo del bosque seco, ubicado en la cuenca baja del río Cali, la CVC hará entrega en concesión al Jardín Botánico de 100 hectáreas, terreno que se inicia en Piedra Grande, pasando por Felidia y Pichindé y remata en El Saladito. Se estudia Plan Maestro con la firma West 8, a un costo de US$75.000.

Las 14 hectáreas del Jardín Botánico, donadas en comodato por Epsa, donde existen más de doce especies en vía de extinción, están siendo recuperadas desde hace tres años por grupos en su mayoría voluntarios, reinsertados y estudiantes del Sena, bajo la dirección de la arquitecta Gloria Arboleda.

El Jardín había sido cerrado por falta de recursos, desde el retiro de su anterior director, Jorge Orejuela. La actual directora, Gloria Arboleda, quien inició la recuperación en el 2013, afirma que aunque permanecían las estructuras de los senderos, la Maloka y las estaciones educativas, “no existían cercos, los caminos tenían un gran deterioro y se detectó el robo masivo de baños y estructura eléctrica”.


En medio de las Plantas de Energía 1 y 2 de Epsa, se encuentran las 14 hectáreas del Jardín Botánico, donde funciona el vivero de plantas nativas como caracolíes, cedro blanco, ceibas, chambimbe, gualandayes, samanes, algarrobos, guamos, chochos, ébano, etc. “Este fue un proyecto que hicimos para el Dagma, apoyados por Asocaña, Celsia (Epsa), Cotelco (Hojas Verdes), CVC y la Alcaldía. Empezamos a vender árboles para recuperación ecológica, lo que se convirtió en una gran fuente de financiación”, comenta Gloria.

Territorio de la concesión.

Territorio de la concesión.

El País.com.co

El Hada del Jardín

Cali es la sucursal del cielo no por su salsa ni por su rumba, sino porque de vez en cuando le caen desde ese mismo cielo, estrellas llenas de luz para protegerla, amarla y cuidarla.

Así llegó Gloria Arboleda, una paisa que vivió desde los 6 años en Tuluá, aquellos que “fueron los más felices de su infancia” porque su casa estaba rodeada de espacios abiertos y de naturaleza. Ya adolescente, la familia se instaló en Cali. Bachiller del Sagrado Corazón y egresada de la Facultad de Arquitectura de la Universidad San Buenaventura, fascinada con el paisajismo.

Conoció en el CIAT a su marido, un destacado economista holandés, y de pronto su destino fue viajar por el mundo entero. Primero Francia, en Montpellier, y allí se dedicó a estudiar arte; luego Brasil, en Campinas, cerca de Sao Paulo, donde nacieron sus dos hijos. Después Buenos Aires, pintando, exponiendo sus cuadros en importantes galerías, hasta que descubrió el Club de Jardinería, donde sus miembros no son damas aficionadas a arreglar floreros sino que estudian, investigan y dan conferencias a nivel internacional.

En este periplo de años, en los que jamás se quedó quieta, convenció a su marido de regresar a Cali, para darle raíces a sus hijos y “aterrizar” definitivamente en esta ciudad.

Con María Clara Buendía, su amiga del alma, conocieron el Jardín Botánico de Cali y se enamoraron de su Bosque Seco, ofreciéndose como voluntarias para ayudarlo a cuidar. Era la época en que esta ONG vivía su momento más crítico por falta de presupuesto. Eso no fue obstáculo. Se dedicaron a él varios años, sin remuneración. Su antiguo director renuncio, y ellas también.

Al llegar la nueva Junta Directiva, buscaron a Gloria, para que asumiera la Dirección.

Describir a Gloria Arboleda, es visualizar una gacela: delgada, con una elegancia natural, sin artificios, que se mueve entre arbustos, viveros, árboles, pájaros y plantas, al ritmo del río acompañada por su canto, cuando salta entre piedras y cascadas.

Apasionada, acelerada, enamorada, soñadora, incansable, dispuesta a batirse contra cielo y tierra, para conservar este bosque seco, uno de los pocos que quedan en Colombia y salvarlo de su extinción.

El bosque encantado

Iniciamos el recorrido por el parque, en medio de senderos perfectamente trazados, mientras caía una lluvia fina que poco a poco arreció hasta empaparnos. Primero el puente peatonal, que vibra ya frágil y nos adentramos en la magia. Al cruzar el río, está la quebrada Pilas del Cabuyal, con sus aguas achocolatadas, producto de los desechos de las marraneras que funcionan cuesta arriba. Estas aguas contaminadas desembocan en el río cristalino, al que van los bañistas, para posar frente a la enorme piedra prehistórica que marca los linderos del Jardín Botánico.

El río corrientoso sigue su curso entre troncos de ceibas, samanes, chiminangos y entrelaza sus ramas. Ya en la Maloka se produce el éxtasis. Incredulidad, al comprobar que a pocos minutos de los trancones, pitazos, edificios y ruido, pudiera existir este santuario. Una explanada verde, donde un pequeño humedal se adorna de lotos y los refleja en el cristal de sus aguas. Y a lo lejos, entre árboles nativos, las montañas que cuidan el río hasta su nacimiento Felidia arriba.

Fue ingresar al Bosque encantado de los cuentos de hadas que nutrieron nuestra infancia. La magia hecha realidad. Un oasis de verde y aguas, y un vivero donde se rescatan especies ya casi extinguidas, como el flamboyan, el chambimbe, el orejero, el totofando, manteco, olla de mono, casco de buey, palo borracho, guamo, hibisco, yopo, chocho y jagua.

Gloria Arboleda dijo al final del recorrido que solo esperaba que la empresa privada donara las 26 bancas que se necesitan, que las personas adquieran los Bonos Verdes, para ayudar a cuidar los árboles y que todos asistan el próximo miércoles, cuando la CVC entregue al Jardín Botánico las 100 hectáreas para que este bosque se extienda y nuestro río no se muera y Cali siga siendo la sucursal de un cielo atravesada por un río, gracias a la directora del bosque encantado y su equipo de guías, instructores y talleristas.

Habla la directora

¿Cómo funciona el Jardín Botánico?
Es una fundación privada sin ánimo de lucro, una ONG, presidida por una Junta Directiva, cuyo presidente actual es Óscar Peláez. La Junta y la Asamblea la compartimos con el Zoológico, y ambas instituciones trabajamos en armonía y sobre todo, con mucho apoyo. El terreno de 14 hectáreas, ha sido dado en comodato por Celsia (EPSA), el cual debe renovarse cada cinco años.
¿Quién los financia?
Precisamente se cerró el Jardín, por falta de recursos. Cuando me nombraron Directora lo hice sin remuneración hasta este año, que me empezaron a pagar un salario. Lo primero que hice al llegar fue pedirle a EPSA que cercara las 124 hectáreas del bosque, pues la comunidad, ante el abandono total del parque, se reunía allí para jugar fútbol y lo peor, sacaba la madera del bosque. Desaparecieron muchas plantas nativas.
Otra cosa que nos ayudo mucho fue que en el Zoológico nos dijeron que podíamos vender boletas 2x1, es decir que por una boleta entraban al Jardín y entrar gratis al Zoológico. Llegaron manadas de niños de escuelas públicas y adultos. Y lo más productivo, el vivero que hicimos con el apoyo de Epsa, Asocaña, Hojas Verdes, Dagma y la Alcaldía. En el Valle queda menos del 1 % de bosque seco, y se ha perdido el 80 % de la biodiversidad. Nadie se ha preocupado en el Valle por rescatar esos árboles en vías de extinción.

¿Como cuáles?
Las ceibas, por ejemplo, en el Valle están enfermas. Algunas no producen semillas, eso lleva a su desaparición. Hay una palma maravillosa, que se llama atalea amigdalina, que se da por Riofrío y Tuluá, pero como crece en los potreros y se demora en crecer (67 años) las vacas se la comen, como si fuera pasto, y por eso la planta no prospera. Hay otras, como Rosada Bahuinia Picta, que es casi como Casco de buey, esa especie, crecen la blanca y la morada, pero la rosada, solo germina una.
¿En qué forma han vinculado al personal de guías, técnicos para el sembrado y demás labores?
En el Jardín empezaron a pasar cosas muy interesantes el año pasado. Entramos en contacto con Santiago Éder y su hermano, que es director del Centro de Rehabilitación y Reinserción. Nos dijeron que el Centro tenía gente que necesitaba unas horas para poderse reinsertar a la sociedad. Escogimos un bosque que estaba enmalezado con Micay, que es altísimo. Quedo extraordinario. Fue muy emocionante el día que ellos lo entregaron a las víctimas del conflicto. Fueron unos 15 o 30 que trabajaron en distintas periodos. Otra institución que nos ha ayudado mucho es el Sena, que tenía un programa que se llama “Mil y una oportunidades” y ellos necesitaban graduar a un montón de estudiantes dentro de un programa de gobierno que les ofreció la oportunidad de graduarse, pero no tenían donde hacer sus prácticas. Me llegaron 20 muchachos y transformaron el Jardín Botánico, en clasificación, reorganización, arreglo de senderos y mil cosas más.

Con los dineros de las entradas y del vivero, ¿qué tipo de inversión han hecho?
El año pasado, varios proyectos nos generaron algún dinero y pudimos tener un colchoncito para algunas cosas, entre ellos, la casita que alquilamos, que nos sirve para recibir a los clientes, porque nuestras oficinas quedan al otro lado del río y por allá no llega nadie. Llevamos una semana aquí instaladas y ya la pintamos de blanco con las puertas y los postes rojos. Además, estamos haciendo las fichas de los árboles, donde aparece toda clase de información del mismo: nombre, cualidades, tiempo de crecimiento, etc. la gente tiene que enamorarse no solo de los animales sino de las plantas. Tenemos varias especies, las que crecen en los troncos de los árboles, las orquídeas, los helechos, y pronto tendremos una atunsera, que es un bosque muy seco, donde se dan cactus y otras especies similares. Por la vía a Buenaventura hay varios.

¿Cuál es el plan para proteger la ribera del Río, ahora que la CVC les dará en concesión 100 hectáreas de terreno?
Con el apoyo de Epsa, que ha sido un ángel para nosotros, hemos mantenido dos kilómetros de la cuenca del río Cali, durante dos años. Estamos haciendo un trabajo de naturalización de sus riberas, volviendo a dejarlas con las plantas nativas y eliminar las exóticas. Cuando nosotros llegamos, esas riberas estaban llenas de puro pasto guinea gigante. En cuanto a las 100 hectáreas entregadas en concesión por la CVC, ese terreno está totalmente lavado y hay sectores que son pura roca. Se tiene en mente un Plan Maestro que puede costar unos US$75.000, y contratarlo con una firma internacional, la West 8. El reto social está en las invasiones. Hace algunos meses se presentaron algunas y en lugar de asumir posiciones represivas, trabajamos con la comunidad y les dijimos que aquí se construiría el más hermoso parque ecológico del Valle. Tanto el Zoológico como el Jardín Botánico funcionan desde hace tres años gracias, a la seguridad que les brinda la Policía. La secretaria de Gobierno, la doctora Lugo ha sido vital en este aspecto. La semana pasada hablé con el Secretario del Deporte y lo invitamos a que asistiera con todos sus funcionarios para presentarles el Plan Maestro y aquí vinieron. Les mostramos el parque de 5 kilómetros, donde está la Maloka, para realizar eventos deportivos y hasta pícnic.

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