cali
1/13
El bello jardín de 14 hectáreas que nadie visita en Cali

El bello jardín de 14 hectáreas que nadie visita en Cali

Recorrer el Jardín Botánico de Cali debería ser plan obligado de escritores. En cada estación se pueden encontrar plantas de nombres hermosos y a la vez extraños; nombres literarios.

Hay una planta de hojas gruesas con pelos estrellados cuyo nombre común por ejemplo es ‘Hierba del soldado’. La planta es alimento de algunas polillas pero también se aplica en las heridas de la piel a manera de lavados. De ahí su apodo. Además sirve para tratar desórdenes digestivos generalmente imprevistos: la diarrea.

‘El árbol de la cruz’, por su parte, se llama así porque al cortarlo, curiosamente sus tejidos forman una cruz, mientras que ‘Barbas de viejo’ es una especie de musgo efectivamente como la barba de los abuelos que en época navideña es utilizado como adorno de pesebres. Otros lo utilizan para tratar la diabetes o enfermedades del corazón.

‘Bella las once’ es, de otro lado, una mata de flores amarillas utilizada para potenciar antibióticos, el ‘Botón de oro’ es capaz de curar granos y llagas y la ‘Dormidera’ tiene un nombre contradictorio para su uso. Es afrodisiaca. Las hojas molidas del ‘Colchón de pobre’ por cierto curan moretones, mientras que una planta llamada comúnmente ‘tripa de pollo’ combate el dengue.

En el Jardín Botánico también hay Ceibas Brujas, árboles legendarios de gran significado místico para los Mayas, o ‘Guacharacos’, cuyas semillas son consumidas por las aves con el problema de ser una especie en vía de extinción.

El Jardín es en realidad una pequeña selva de 14 hectáreas donde nada está ordenado que se recorre en dos horas, y con él se intenta justamente preservar una muestra del bosque seco tropical del Valle geográfico del río Cauca, un sistema amenazado por la expansión agrícola del departamento.


Camilo José Londoño, el director del Jardín, comenta al respecto un dato inquietante: hoy en Colombia queda si acaso un 1 % del área total que ocupaban los bosques secos tropicales del país, lo que convierte al Jardín Botánico en una suerte de museo de paisajes que están a punto de desaparecer.

Y sin embargo los caleños no van a disfrutarlo. Al año el Jardín Botánico es visitado por unas 300 personas, a razón de $7000 la entrada, y no hay recompra. Quien va por lo regular no vuelve. Es decir que por visitas el Jardín recibe solo $2.100.000 anuales.

Para funcionar debidamente requiere entre $500 y $600 millones, calcula su director, mientras observa a lo lejos las huertas donde se hacen talleres para aprender a sembrar en casa.

Es miércoles, en Cali llueve, y en esta mañana el Jardín apenas es visitado por su director, un reportero y un fotógrafo, que por supuesto no pagaron las entradas.

***
En gran parte por sus problemas financieros es que desde hace varios meses se viene realizando una fusión entre la Fundación Jardín Botánico y la Fundación Zoológico de Cali.

De alguna manera, dice Camilo José Londoño, el director, son instituciones hermanas. Varios de los miembros de la Junta Directiva de la Fundación Zoológico de Cali son también integrantes de la Fundación Jardín Botánico.

– El propósito de esta fusión es que se pueda consolidar una sola fundación (cuyo nombre aún no se define) que tenga un impacto real en la conservación de la cuenca media del río Cali. Y ambas entidades se complementan muy bien para ese propósito. Mientras que la Fundación Zoológico de Cali tiene una solidez administrativa, gerencial y financiera, la Fundación Jardín Botánico tiene tierras que aunque no son propias, las administra bajo la modalidad de comodato. Estoy hablando de las 14 hectáreas del Jardín como tal, y 100 hectáreas más que le entregó la CVC para hacer restauración ecológica– dice Camilo José, un ecólogo caleño con maestría en ciencias biológicas que además de director general en estos días de fusión, se venía desempeñando como director científico del Jardín Botánico.

Para llegar allí hay que pasar el Zoológico de la ciudad, continuar aproximadamente 800 metros hasta un puente peatonal sobre el río Cali, y tras cruzar un portón de madera comienza el pequeño bosque, que desde hace 17 años está ubicado en terrenos que pertenecen a una empresa privada: Celsia, antiguamente EPSA.

Lea también: ¿Ecosistemas 'escondidos'? Esto revela este libro sobre biodiversidad en Colombia

Cada 5 años se renueva ese comodato para que el Jardín Botánico continúe disponible para los ciudadanos y de momento en Celsia parecen interesados en que ello siga así. Son múltiples los beneficios.
El Jardín es un aire acondicionado natural de Cali. Así la ciudad arda a más de 30 grados, dentro del Jardín la temperatura promedio es de unos 25 grados estables.

Además es tapón, frontera del crecimiento de Cali, dice el director mientras cruza un puente donde se ha caído una gran rama, una escena que le llama la atención al fotógrafo.

Los límites del Jardín Botánico determinan hasta dónde se puede construir, por lo menos en el oeste de la ciudad, aunque Cali está creciendo, o más bien esparciéndose, a sus alrededores.

Las invasiones de las montañas que rodean el pequeño bosque – las casas están a la vista - es otra de sus problemáticas, al punto que, por seguridad propia y de los pocos visitantes, los funcionarios del Jardín Botánico decidieron trabajar solamente hasta el sábado al mediodía.
Los robos en la zona son constantes, advierte el director. Apenas el día anterior al recorrido de este diario hurtaron el cable que lleva la energía a la maloca del Jardín. Los domingos son tantos los visitantes al río Cali, que además del problema de la seguridad está el del ruido y las basuras.
Nadie quisiera recorrer un bosque con carros alrededor tronando reggaetón y el pasto tapizado de desechables de almuerzo.

La infraestructura del Jardín ha sido también saqueada de a poco: se robaron el mobiliario de algunas estaciones del recorrido, parte de lo que antes era una cafetería, entre otras cosas. La zona contaba con patrullajes, pero en diciembre pasado, debido a la Feria de Cali, los suspendieron. Los policías no han vuelto desde entonces y por eso, dice Camilo, en el Jardín Botánico no se puede instalar nada metálico porque enseguida desaparece. Quizá lo toman los invasores para construir sus propias casas en los alrededores.

Lo que queda de la infraestructura permaneció abandonado por problemas financieros de la Fundación, además. No había recursos para hacerle mantenimiento. Por lo menos no hasta la fusión con la Fundación Zoológico de Cali, que tiene entre sus planes invertir $1000 millones para recuperar el bosque.

Entre los proyectos está modernizar la infraestructura– construir nuevos senderos, un restaurante, parqueaderos, bancas de concreto que nadie pueda echarse al hombro fácilmente – pero sobre todo repensar el uso público que se le debe dar al área para, en 2019, relanzar el renovado Jardín Botánico de Cali. Hace unos meses vinieron expertos en el tema para diseñar el nuevo ‘libreto’.

Lo que se quiere es que el bosque sea suficientemente atractivo como para que los caleños y turistas lo consideren dentro de sus opciones de esparcimiento.

También el Jardín pretende hacerse notar en toda la ciudad repoblando las calles de Cali con 10.000 orquídeas. Es una de las nuevas iniciativas. Y, utilizando las 100 hectáreas que le entregó la CVC, se busca continuar lo que ya se está haciendo: convenios con empresas como Cotelco para que los caleños puedan comprar bonos de siembra.

Con el programa Hojas verdes de Cotelco es posible sembrar un árbol como homenaje póstumo a un ser querido fallecido. Se apaga una vida, pero nace otra.

El programa ‘Siembra alegría’ consiste en cambio en sembrar un árbol para festejar un cumpleaños, un matrimonio, un nacimiento.

Pero todo ello se irá ajustando a largo plazo, por lo menos hasta 2019. De momento el Jardín Botánico sigue siendo una buena fuente de inspiración para escritores, colección de nombres hermosos.

La planta abrecaminos tiene la fama de garantizar la buena suerte, y con el aguacatillo se construyen barcos; el azafrán de raíz cura la hepatitis, mientras que con el Candelero se elaboran palos de paletas, un arbusto que tiene la capacidad de brotar incluso donde hubo fuego.

VER COMENTARIOS

Queremos que siga disfrutando de los mejores contenidos. Es muy fácil:

Regístrese aquí

¿Ya está registrado?

  Continúa Leyendo




Powered by