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La 'aventura' que inició la directora del Zoológico de Cali hace tres décadas

Al pisar el Zoológico de Cali, en 1987, vio que no era más que un lote, por no decir un mangón, con unos pocos animales exhibidos en casetas que parecían la casa finquera de un perro gran danés.

Los espacios entre animales del parque estaban separados por una malla de gallinero oxidada y el personal operativo se reducía a 13 personas: una secretaria, los cuidadores, la taquillera, una arquitecta y la jefa de recursos humanos. “Me temblaban las piernas, ¿en qué me metí?”, se preguntó entonces la recién posesionada directora del Zoológico de Cali, María Clara Domínguez.

Hoy, 30 años más tarde, este parque zoológico es quizá el espacio de conservación, investigación y exhibición de fauna silvestre más importante del país.

Pensó que era un buen cargo pasajero en el inicio de su carrera profesional como zootecnista, “no lo consulté con nadie, yo era una persona que no tenía experiencia en el manejo de fauna silvestre, ni en lidiar con juntas directivas o manejar personal. pero soy de una sola palabra: para adelante como el elefante”, comenta.

Cruzó el puente y llegó al aviario, no tenía techo. Las aves estaban allí por ‘voluntad’ propia. En la exhibición del cóndor andino la estructura estaba derr uida y había una enorme cantidad de monos araña en una jaula gigante. En las casitas de madera tenían que acomodarse desde un papión hasta una serpiente.

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Pero lo que no dejó dormir esa noche a la nueva directora del Zoológico de Cali fue el estado en que se encontraban los jaguares y los pumas. Estaban en jaulas de 2 x 2 metros. “Era horroroso”, recuerda.

La situación administrativa tampoco era buena, no había ni un solo peso y los pocos ingresos era lo que entraba por taquilla. “En esa época me daba pena que la gente entrara al Zoológico”, dice.

Y llegó el primer mes y no había con qué pagar la nómina. “¿Mamá, qué voy a hacer para pagar la nómina?, llamó llorando a su progenitora. Y ella le dijo: “A vos nadie te dijo que te fueras para allá, renunciá”.


Después del regaño, su madre le logró gestionar un préstamo de $20 millones con un banco de la ciudad. Ese sería el primer capital con el que el Zoológico emprendería su paso a la transformación.

Un rodeo por la conservación

Corrían los años 90, municipio de Repelón, departamento del Atlántico, 40 grados centígrados. María Clara Domínguez, junto con su entonces novio, se encuentra persiguiendo ciervos europeos con lazo en mano. Al estilo vaquero. Una verdadera proeza si se tiene en cuenta que estos animales pueden dar saltos de 3 metros de altura y de más de 10 metros de longitud y correr hasta 100 km/h en caso de peligro.

La invitación había surgido una semana antes por parte del director del Zoológico de Pereira: “Contratemos entre los dos un avión y nos traemos los animales desde la Hacienda Veracruz que los tienen decomisados -a un capo del narcotráfico-”, recuerda Domínguez, de eso ya hace 20 años.

A esta misión, el Zoológico de Matecaña de Pereira envió una bióloga y un experto venezolano en fauna silvestre. Ya en Repelón, la pistola de dardos tranquilizantes del experto solo sirvió para capturar un ñu y otra especie que aún no recuerda.

María Clara Domínguez

Hace 30 años María Clara Domínguez no estaba totalmente segura de asumir la dirección del Zoológico de Cali, pero finalmente se convirtió en su proyecto de vida.

Archivo de El País

“¿Usted cree que voy a pagar el flete de un avión para solo llevarme esto? Nosotros nos vamos a llevar lo máximo que podamos… -le dijo a los pereiranos- y entonces mi novio -ahora esposo- los capturó a punta de lazo, como en el rodeo, con la diferencia que no tenía caballo… imagínese perseguir un ciervo europeo, un óryx, un antílope de la India a pie… a 40 grados de temperatura en un pueblo del Atlántico”, evoca Domínguez al ver que los expertos del Zoológico de Pereira se llevarían tan solo un par de especies.

De lunes a viernes se dispusieron a atrapar los animales. Los transportaron en unos guacales que se consiguieron prestados con la Plaza de Toros de Cali y donde movían a los animales de lidia para las faenas de diciembre.

A la directora del Zoológico le angustiaba el futuro de esas especies si continuaban allí, estaban en muy mal estado, maltratados. Algunos solo defecaban parásitos, después descubrieron que otros tenían lazos en sus estómagos. Era una misión de conservación.

Actualmente María Clara Domínguez, tras una propuesta de la CVC, estructura la estrategia para recuperar la reserva natural Laguna de Sonso.

Pero su mayor temor era que alguno de los animales perdiera la vida tras las condiciones extremas.

Tras cinco días de recuperar y rescatar las especies más significativas se consiguieron un camión para llevárselas hasta el aeropuerto de Barranquilla. Allí tomarían un avión hasta Cali donde les darían atención especializada y un espacio apropiado para desarrollarse.

“Y llego al aeropuerto de Barranquilla, con todos estos animales en guacales a esperar en plena pista y el avión ni se asoma, el avión nunca llegó. Después de tanto esfuerzo todo estaba a punto de no realizarse, entonces me puse a llorar allí, en la pista”.

La situación era compleja, varios de los animales estaban dentro de los guacales desde hacía ya tres días y la Directora del Zoológico de Cali no tenía recursos suficientes para contratar otro avión.

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-¿Qué le pasa niña, por qué está llorando?- le preguntó una mujer.
-Tengo todos estos animales que se me van a morir si no los llevo hasta el Zoológico de Cali y el avión nunca llegó- le explicó Domínguez.
-Yo le hago el viaje-, respondió la mujer, que resultó ser una empleada de Aerosucre.

A esas alturas María Clara tenía la solución, pero no los recursos y terminó por firmar una letra comprometiéndose a pagar $3 millones que costaba el flete. “Que para esa época era un platal”, rememora.

El avión en que se transportarían era un viejo Dc3 (igual al que trajo Pardo Llada a Cali y ubicó en un parque del Norte). Era una aeronave sin presurizar, que volaba bajo. Finalmente, sobre las 2:00 de la madrugada del sábado llegaron a Cali.

“Fue un viaje complicadísimo y largo. Cuando llegamos a Cali el avión no tenía escalera para bajarse y tocó lanzarnos desde un lazo, como Tarzán, y el piloto azarando porque tenía que irse. Los animales estaban cansados y no teníamos montacarga y tocó pagarle a uno que pasaba por allí $5000 y me bajó los animales”.

Finalmente, y tras el periplo, la Directora llega donde su mamá, quien le pregunta “¿cómo te fue?”, y ella le narró todo lo sucedido. “Mi mamá, muy enojada, se va conmigo a la empresa con la que habíamos contratado el avión que nunca llegó... estaba alteradísima. Llegó tan molesta que la empresa no dudó en reembolsar el dinero, billete tras billete. El alma me volvió al cuerpo porque logré pagar la letra con la que me había comprometido”.

Hoy, un par de décadas después, varias de las crías de los animales de esa odisea son las que hacen parte de la colección del Zoológico, entre ellas, los flamencos rosados que reciben a los visitantes en el lago frontal.
Más que un parque

“Una de mis frustraciones es el problema que tengo con mis vecinos –un asentamiento de desarrollo informal- porque se perdió el 38 % del predio del parque y quedó truncada la posibilidad de crecer… yo con ese problema ya desistí”, comenta resignada la señora Domínguez.

Sin embargo, ella mira hacia el futuro y revela los ambiciosos proyectos que no solo tiene en mente, sino que los caleños verán materializados en los próximos años.

“Desde el 2007 tenemos el plan de desarrollo físico del Zoológico. Terminamos de hacer Jazikima –la exhibición de primates-, también Australia, recientemente entregamos la fase uno de Andes y estamos trabajando en la fase dos. Nos falta desarrollar para los próximos años Asia Fantástica y África Salvaje”, enumera la zootecnista.

Proyecta por ejemplo, en Asia Fantástica tener un templo hindú con la Ganesha (diosa con cuerpo humano y cabeza de elefante) y los tigres paseando en el fondo y todo el ritual, toda la cultura.

A África Salvaje vendrán otras especies. “Toda la vida los miembros de junta han querido tener jirafas, ya veremos. No es tan fácil, por el manejo y los espacios que requiere”, sostiene.

Pero va más allá: “A la Fundación Zoológico de Cali seguramente le vamos a cambiar el nombre porque no solo queremos enfocarnos en el parque, sino en el tema de la conservación porque tenemos cosas buenas para el futuro, por ejemplo, nos han propuesto manejar el Jardín Botánico de Cali y la Laguna de Sonso”.

Según adelantó, la Corporación Regional Autónoma del Valle del Cauca, CVC, le propuso a la Fundación administrar la reserva natural para los años venideros y en la mente de esta mujer comienza a visualizarse el sueño.

“Yo me imagino que la gente vaya a la laguna y navegue en kayak, que pueda hacer avistamiento de aves, con buenas instalaciones, baños, que los vallecaucanos puedan vivir una aventura en la reserva con zonas de camping… estamos hablando con la CVC y cuando yo me tomo un proyecto lo saco adelante”, concluye la profesional que transformó al Zoológico de Cali en el parque más querido de los caleños.

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