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"Las mujeres escritoras han sido silenciadas"



La profesora Carmiña Navia Velasco se presenta de ese modo: Carmiña Navia Velasco. Todo en ella es un intento por vindicar a la mujer, su obra, sus papel en la sociedad, en la historia. De modo que al pronunciar su nombre, con sus dos apellidos, no realiza un acto de formalidad. Es más bien una reivindicación: el apellido de la madre es tan importante como el del padre.

La profesora Carmiña Navia Velasco hace parte del Centro de Estudios de Género de la Universidad del Valle, enseña literatura, es escritora y crítica.

Su último libro, publicado por el programa editorial de Univalle, se llama ‘Rondando la pluma y la palabra’, y es una compilación de tres de sus ensayos, en los cuales se propone revisar el gran aporte intelectual de las mujeres en la literatura latinoamericana.

El libro se revela como un ejercicio necesario para la historia de las letras de nuestro país, y de todo el continente: nos muestra toda la fuerza intelectual que las mujeres han desplegado por años y, también, cómo el machismo de nuestras sociedades las ha silenciado.

A grandes rasgos, ¿de qué nos hablan estos tres ensayos?
El primer ensayo analiza el aporte intelectual de las mujeres en la literatura, y en él se estudian obras de personalidades como Sor Juana Inés de la Cruz, Victoria Ocampo, Eduarda Mancilla, Rosario Castellanos, etc. El segundo ensayo es una lectura de distintas novelas en las cuales las autoras tratan el tema de la locura, que aparece en muchas obras escirtas por mujeres; y el tercero es un análisis de las escrituras del Yo en las mujeres.

¿Y cuáles son los hallazgos de estos ensayos?
En esta revisión del canon femenino de la literatura latinoamericana, descubro que hay muchas escritoras que han sido silenciadas. Se ignora por ejemplo el aporte de Elena Garro en el ‘boom’, una escritora mexicana, o el de Alba Lucía Ángel en Colombia. Por ejemplo, se dice que Gabriel García Márquez fue el inventor del Realismo Mágico, pero en ‘Los recuerdos del porvenir, una novela de Elena Garro, ya hay presentes elementos de esa corriente literaria.

¿Cómo explica usted ese silenciamiento?
Eso es un efecto de las sociedades patriarcales, como la colombiana, en las que existe una matriz cultural que tiende a desvalorizar a las mujeres en todos los campos. Es una forma de comportarse de los hombres en sociedades como la nuestra que tiene raíces muy profundas.

¿Encuentra usted temáticas o rasgos distintivos de esta literatura femenina?
No podría decir que hay ejes temáticos, lo que veo es más bien una mirada diferente a la mirada masculina. Esa mirada le da mayor importancia a la subjetividad y propone mayor hondura y perspectiva en los detalles. Hay una discusión sobre el hecho de que exista o no una escritura femenina y otra masculina. Hay quienes dicen que Flaubert tiene una escritura femenina y Simon de Beauvoir una escritura masculina. Pero esas son discusiones bizantinas sobre las que no vale la pena insistir. Lo que hay en esta literatura femenina es una forma diferente de ver las cosas, caracterizada por una mayor subjetividad.

¿Qué influencias femeninas encuentra usted en esa literatura que analizó?
El canon de la literatura femenina apenas se está haciendo. Solo a partir del Siglo XXI reciben influencia de escritoras. Sin embargo, María Luisa Bombal, chilena, es una escritora que ha influenciado tanto a hombres como mujeres en Latinoamérica. García Márquez, por ejemplo, siempre declaró que ella era la abuela de todos los escritores del ‘boom’.

¿Cómo ve la escena de la literatura femenina en el país?
Hay escritoras muy importantes y ha habido en los últimos años una producción considerable, muy fuerte. Piedad Bonnet, Laura Restrepo, Alba Lucía Ángel, Rosario Castellanos, Luisa Valenzuela, son algunas de las escritoras de literatura de alta importancia en el país. Y en el periodismo hay nombres como el de Patricia Lara y Olga Behar, que han hecho un gran trabajo por narrar el país desde su ámbito. Esto es importante, porque el país ha sido narrado mayoritariamente por hombres, y las narraciones femeninas de muchas mujeres han sido silenciadas, y son desconocidas. Soledad Acosta, por ejemplo, fue una prolífica escritora que narró la Colombia de fines del siglo XIX, pero sus obras no son muy conocidas.

¿Qué encontró sobre las escrituras del yo femenino?
En Latinoamérica, las escrituras del Yo en la mujer se han multiplicado y nos han entregado libros maravillosos. Isabel Allende ha escrito dos libros de una belleza contundente, tenemos a Angeles Mastretta, con ‘La emoción de las cosas’ y ‘El viento de las horas’; a Piedad Bonnet que escribió un libro tan profundo como ‘Lo que no tiene nombre’, y siguen apareciendo escritoras como Paola Guevara, que con su novela ‘Mi padre y otros accidentes’, nos entrega una historia realmente bella que se abre en muchas direcciones. En ella hay reflexiones médicas, sicológicas, existenciales, muy bien entrelazadas con una historia que nos atrapa en su progresivo desarrollo.

¿Qué opina del premio Nobel a Svetlana Alexsievich?
De algún modo se ha remediado la injusticia con premios como el Nobel de Literatura. Pero aún queda mucho por hacer. Quedan muchas obras, muchas historias, muchas formas de narrar el mundo que no han sido contadas.

¿Cómo ve usted la lucha actual de las mujeres?
La lucha por reivindicar los valores femeninos es necesaria, pero va mucho más allá del derecho a salir desnuda en redes sociales. La nuestra ha sido una lucha muy dura, nos encontramos nadando a contracorriente y aunque se han logrado muchas cosas, aún queda mucho por hacer.

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