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Una fiebre llamada melomanía: crónica de un viaje generacional por la salsa 

Una fiebre llamada melomanía: crónica de un viaje generacional por la salsa 

“El chicharrón del disco, ese chasquido, ese shhhhh, que suena cuando la aguja pisa la pasta, eso es lo que nos dice la historia del acetato. Hay chicharrones de 40 años y la gente viene aquí por ese sonido”, dice don Hernán Tapiero, propietario del bar y fuente de soda Melodía, en el barrio San Bosco de Cali.

Tras de él, 18.000 discos arrumados. Al frente, un par de mesas donde hay un profesor jubilado, una señora recién llegada de la Habana, un grupito de gringos en bermudas y gafas Ray Ban -tan californianos- .
En la barra un pelado con pose intelectual, barba incipiente y lentes de botella mira un viejo disco y le pregunta a don Hernán si lo tiene repetido. El dueño de Melodía no le responde. Al fondo, potente, nítida, suena una guaracha... shhhhh, el chicharrón.

“Pásale la mano al acetato, ¿sentís la vibración?, eso no lo tienen las memorias ni los discos compactos,... es un objeto casi vivo...”, cuenta don Hernán, mientras acaricia una de las caras de un viejo ‘long play’ (LP).

Este melómano tiene una característica diferente. Trabajó gran parte de su vida en la Panadería La Novena, que le vendía el pan al hotel Aristi, hace 40 años, lugar de pasadía de los grandes artistas musicales que visitaban Cali. “Yo me ofrecía para llevar el pan, pero en realidad era para conocer a los maestros. Allí hablé con Alfredo Sael, Alfredo de la Fe, Joe Cuba, Héctor Lavoe”, comenta este hombre de 76 años, apuntando con el dedo índice hacia una foto, y evoca:

“Esa foto, se la tomé yo a Héctor. Nunca me olvidaré que él participó en un concierto benéfico para los niños desamparados de Pance, lo dio en el salón rojo del Aristi. Él no podía cantar allí, porque era un artista exclusivo de Fania. Esa noche interpretó cinco canciones con un conjuntico del barrio San Antonio y allí le tomé la imagen. Al otro día fui a buscarlo para que me autografiara la foto y no aparecía. A los tres días me dijeron los botones del Aristi que el manager de Héctor había venido y lo había golpeado por cantar”.

Melodía es de esos negocios que son un secreto a voces en Cali, donde se vive la experiencia de antaño del melómano de la vieja guardia; de ese que evita las memorias USB y el Mp3. Donde los turistas de hostal se toman ‘selfies’ en medio de discos de grafito y cachivaches de hace 50 años.

Don Hernán, ¿cómo empezó con esta colección?

“Antes de tener equipo de sonido andaba con un baúl de pino. Allí metía los discos que compraba, mi novia -ahora su mujer- me decía que para qué discos sin equipo. Pasaron muchos años hasta que por fin tuve donde escucharlos. No soy de los melómanos que buscan lucirse, no me gustan las cosas rebuscadas. Un tango, un bolero, una guaracha, ese es mi estilo y ese es el estilo de mi negocio”, comenta el hombre mientras mira al pelado de pose intelectual de la barra y le dice que le regala el ‘long play’. “Por esta época estoy viendo como la gente joven vuelve al acetato. Le regalé el disco, porque veo en él ese amor que yo tenía por las pastas de 2 pulgadas cuando era joven”.

Entre Stuttgart y la Palomera
Luis Felipe Valero

Luis Felipe Valero es un programador de salsa contemporánea que a través de su pagína web SolarLatinClub comparte su música. Este uno de los tres portales del género más visitados.

Oswaldo Páez / El País

Stuttgart, Alemania, años noventas. Luis Felipe Valero, un pelado del barrio Olímpico de Cali, pone salsa en la discoteca latina ‘El Zapata’.
Llegó hasta allí, como él mismo dice, para ver si se salvaba, por necesidad, “porque estaba perdiendo el tiempo y no sabia qué hacer con mi vida. Mis papás me dieron un empuje y en Alemania conocí profundamente la salsa”.

Hoy, es conocido como DJ Chino, quizá el programador de salsa contemporánea más importante de Cali, no dicho por él, que es más bien un pan, como decimos los caleños, sino por los mismos organizadores del encuentro de melómanos de la pasada Feria. Es un impulsor de la salsa nueva del mundo a través de su página web SolarLatinClub, una de las tres más importantes del género. No lo dice él, lo dicen las cifras.

“En Alemania comencé a coleccionar salsa, y a estar en contacto con los djs latinos. Ellos me compartían sus colecciones. Era salsa de Europa, África, Asia. Entonces me pregunté: ¿Por qué en Cali escuchamos lo mismo cuando hay tanta música nueva?”.

Y así fue como comenzó a programar salsa en su espacio web. El material le llegaba de sus colegas en Europa, pero también se iba para las audiciones de la Palomera, en el oriente de Cali. “Se escucha mucha salsa allá y eso marca la tendencia para el resto de Cali... allí me di cuenta que existía la ‘payola’ -la práctica de pagar dinero para poner a sonar canciones en las emisoras- y me di cuenta que hay mucho talento, pero que no tienen plata para la ‘payola’, entonces mi trabajo es promover al salsero independiente”.

Esa rebeldía lo llevó a programar salsa en festivales de Londres, Suecia, Noruega y Alemania. En Bangkok, Tailandia, puso a sonar a orquestas caleñas como: Clandeskina, Calibre, Son 21, Andresito Carabalí, Bata Klan y otros.

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“Lo más bonito de las orquestas caleñas de ahora es que sus sonidos no se parecen entre sí... Si escuchas a Clandeskina y Calibre son muy diferentes. Andresito Carabalí, es más callejero; ‘Son 21’ es más cubano. Yo no me atrevo a decir que ahora hay un sonido caleño, como sí lo hubo con Guayacán y El Grupo Niche. Los artistas locales de ahora tienen sonidos globalizados. Ellos quieren hacer música diferente”, comenta Dj Chino, mientras salen de su MacBook y su mezclador Pioneer los sonidos que intenta describir.

Esa desobediencia, lo llevó a irrumpir en el sistema, a posesionar en la radio caleña canciones como ‘Así no’ de Sonolux, o ‘Abre que voy’, de Miguel Enriquez -esta última no es de Van - Van como aparece en la tripletas de CDs que venden en el centro de Cali-. “Para mí es un reconocimiento que una canción que yo propuse pegue en la radio”.

¿Y si tuviera oportunidad de irse a algún lugar a escuchar salsa, cuál sería? “A las antillas francesas, a Guadalupe, allí hay un sonido clásico con un tumbao africano que intenta interpretar la salsa vieja a su manera... La Perfecta Orquesta de Martinica, tiene mucho sabor; Le Tipical Combo -otra agrupación- que tienen una versión de ‘Guaguanco Jazz’ -de Richie Ray Orquesta- es un estilo como sucio, muy bueno”.

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