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"Me sorprende que me vean como el candidato oficial": Humberto de la Callle

El exnegociador de paz y ahora precandidato Humberto De la Calle Lombana recorre el país, pero ya no para explicar el acuerdo con las Farc, si no buscando que los colombianos lo respalden en la consulta liberal del próximo domingo para lograr la nominación presidencial de su partido.

De la Calle, quien estuvo el jueves en Cali, dice que antes de la primera vuelta presidencial hay que hacer una gran coalición para evitar que el país cambie su camino hacia condiciones de fanatismo y de autoritarismo y centralismo, que no convienen. También expresó sus preocupaciones por la implementación del acuerdo y dejó en claro que él no es el candidato del presidente Juan Manuel Santos.

¿Cómo va su campaña para la consulta liberal del 19 de noviembre?

Siento un creciente apoyo y mucho cariño de la gente. También hay personas que se oponen y respeto eso, pero veo es una cierta efervescencia.

¿No es absurdo gastarse $40.000 millones en una consulta cuando hay otros mecanismos o puede hacerse en marzo?

Esa es una consideración que me preocupa, pero si se abren las posibilidades de participación y la discusión se traslada al costo, nos vamos a encontrar frente a una paradoja, porque por ese camino vamos a llegar a la conclusión de que lo más barato es la dictadura. Hay un costo inherente a un ejercicio democrático. Sé que irrita a ciertas personas, pero no caigamos en otra perspectiva. Veo gente que de buena fe plantea el tema, pero también veo un cierto deseo de desligitimar un resultado en una situación que para mí es fastidiosa y difícil, pero fue el congreso liberal el que adoptó ese camino.

¿Y cómo interpretaría que en esa consulta solo se llegue al millón de votos, qué legitimidad tendría?

Todas las consultas son de una participación inferior a la de un evento electoral normal. Hay quienes dijeron que decidiera el congreso liberal, que son 1500 integrantes, si vota un millón de personas, como dice, la pregunta es: ¿qué es más democrático?

¿Qué responde a quienes dicen que la consulta es una reedición de la vieja disputa entre el gavirismo y el samperismo, donde usted representa al primero, y Cristo, al segundo?

No lo veo así. De hecho hemos tenido una confrontación amigable con el doctor Cristo. He dicho que él prestó un gran servicio en el tema de la paz, hizo un buen ministerio, lo que veo es coincidencias, es un mecanismo que garantiza la unidad del liberalismo.

Pero Cristo ha dicho que el expresidente César Gaviria, jefe del partido, quiere dividir al liberalismo y favorecerlo a usted. ¿No cree que la colectividad puede salir más fraccionada de esta consulta?

Eso no es lo que yo estoy viendo y me parece que esas críticas las debe responder el doctor Gaviria.

El exministro Juan F. Cristo cuenta con las maquinarias para la consulta, ¿cómo enfrenta usted eso?

Estoy apelando a dos argumentos: a la opinión pública, señalando que en esa consulta pueden votar todos los ciudadanos. Pero parto de la base de una decisión del Partido Liberal, me refiero no solo a liberales que están dentro sino a un conjunto más amplio: liberales que han emigrado a otros partidos y pueden volver, a infinidad de colombianos que practican una filosofía liberal, a independientes, de otros partidos o sin partidos. Ese es mi mensaje y espero que salga adelante. La discusión de cuánta mediación produce la llamada maquinaria es impredecible.
La candidatura liberal para mí no es el fin sino el comienzo de una tarea que está implicando a más gente, otros partidos, independientes, sindicatos. Hay que formar una coalición muy grande antes de la primera vuelta para evitar que este país cambie su camino hacia condiciones de fanatismo y de autoritarismo y centralismo, que no son convenientes.

“Entiendo la indignación que causan las Farc, cometieron grandes barbaridades, nadie fue a La Habana a aplaudirlos, pero me parece que lo que no podemos es seguir como una especie de corcho en remolino atados a la venganza, el odio y el pasado”
Humberto de la Calle
Precandidato presidencial

¿O sea que la aspiración de armar la coalición del Sí que hubo en el plebiscito está viva?

Sí. Yo creo que lo que hay es que agrupar a todas las personas que apoyan la paz, así persistan diferencias sobre temas concretos. Me parece que bajo la sombrilla de un proceso de transformación, de cambio, que aproveche las oportunidades del fin del conflicto, podemos establecer un mecanismo para gobernar en función de identidades básicas y diferencias tópicas o concretas.

Pero eso puede revivir la polarización del plebiscito...

La situación está polarizada ya. Pero en todas estas alteraciones y discusiones, a veces alucinantes, se van cumpliendo hechos que muestran al colombiano de buena fe que sí, que vamos a vencer una circunstancia de marasmo. Que las armas se destruyeron, que hace más de dos años, desde el cese el fuego bilateral con las Farc, no hay un solo muerto en la confrontación. Los hechos tienen que terminar siendo más elocuentes que las palabras.

Su candidatura puede terminar siendo la que la gente asocie con el presidente Santos y como de continuidad. ¿Le preocupa eso?

Tengo una enorme deuda de agradecimiento con el doctor Santos y yo no voy a cambiar eso por unos votos. Eso es demasiado mezquino, pero yo no hice parte de la estructura de Gobierno, del gabinete ni de la toma de decisiones de la actividad pública.
Siento que fui representante de la sociedad colombiana en La Habana frente a unas conversaciones de paz, técnicamente ni siquiera fui funcionario y me siento libre de proponer cambios, de presentar mi plataforma política independiente. No he estado en el Gobierno, no fui ministro ni vicepresidente. Me sorprende que se piense que soy el candidato oficial. No estoy contra Santos, no voy a decepcionar la confianza que él depositó en mí, pero tengo libertad política.

Cuando se le escucha hablar sobre la relación con el Gobierno es muy parecido a lo que dice Germán Vargas: que no estuvo en el Gobierno, que se dedicó a manejar temas de infraestructura. ¿Coinciden en la intención de querer desmarcarse de un gobierno desprestigiado?

Pero yo no fui vicepresidente de Santos hasta donde mi memoria recuerde.

El resultado del plebiscito representó el 30 % del censo electoral y el 70 % se abstuvo. Bajo esa perspectiva, ¿el debate electoral será sobre sí o no al Acuerdo de Paz?

En parte. Ese punto de partida es una demostración de un cierto fracaso de la aspiración de una democracia directa en el país, participativa por el llamado al ciudadano a través de referendos, plebiscitos. Hay una tradición de poca intervención política participativa, ese es mal endémico.
Pienso que en el 2018 un elemento va a ser la discusión de camino del fin del conflicto, que es un hecho distinto a la aclimatación de la paz, que es posterior. La consecución de una paz firme es un tema de todos, no del Gobierno y de las Farc. Yo ansío ver una Colombia donde las Farc no tengan que estar todo el día en la agenda, en la discusión ciudadana.

Está próximo a cumplirse un año de la firma del Acuerdo de paz, ¿cómo analiza la implementación?

Estoy muy preocupado. Hay deficiencias por parte del Estado, que es paquidérmico. Ha habido demoras injustificadas dentro del Gobierno, problemas de competencias.
Y en el tema político, sabíamos que iba a ser una discusión dura en el Congreso, pero ahora está llena de sorpresas: Cambio Radical, que acompañaba, de pronto modifica su posición. El jefe natural de ese partido estuvo siempre en el Gobierno, los colombianos merecemos una explicación porque es un cambio drástico e inexplicable. Y vimos esta semana al Partido Conservador, donde los senadores que más han defendido el proceso destruyeron el quórum.
No es razonable ni bien visto eso en la discusión de un tema trascendental para el país, como la JEP. Son viejos trucos que no deberían aparecer, entiendo las oposiciones y las respeto, pero este es un tema serio para quedar al garete del pequeño filibusterismo que creíamos ya superado.

¿Le preocupa el crecimiento de las disidencias de las Farc? ¿Pueden ser una amenaza para la paz?

Me preocupa. En La Habana siempre dije que nadie podía asegurar que no hubiera algún fraccionamiento, lo que no quiere decir que sea justificado ni plausible. Por fortuna no tiene aún la envergadura que arriesgue la circunstancia del grueso de las Farc, que ha mantenido mando y control, que dejaron las armas y están intentando ingresar a la política.
Quienes entren en disidencia tienen que recibir la fuerza del Estado y la represión dura de un fenómeno inaceptable. Los disidentes están por fuera del acuerdo y no pueden ser protegidos por él. Pero mi preocupación es de doble vía porque con estas dificultades, con lo que pasa en el Congreso, con la idea de que en el 2018 se vuelva trizas el acuerdo, se crea un incentivo para las disidencias. Ahí hay una responsabilidad histórica desde nuestro lado, no solo del lado de las Farc. Esta sociedad no ha sido generosa, había que abrir las puertas para evitar que eso se presente, con un mensaje más solido y positivo frente a la paz.

¿Por qué se embarcó en la aventura de una candidatura presidencial y exponerse, si para la historia tiene el prestigio de haber negociado con las Farc un acuerdo para poner fin a un conflicto de más de 50 años?

Todavía tenía un deber en la vida pública y es hacer presencia en un espacio que está allí y en el que, creo, puedo jugar un papel. Por eso convoco el apoyo de los colombianos y también ofrezco experiencia, porque la tengo en arreglar grandes problemas, de talla nacional. Esto va a salir adelante y se va a reconocer con el tiempo.

Pudo presentarse por firmas, pero lo hizo por su partido, el liberal. ¿No queda muy empeñado con políticos por la consulta y por ser candidato presidencial?

Sí, tuve ese dilema. Acaricié el tema de las firmas, pero eso se volvió una opereta. Hay 53 candidatos recogiendo firmas y creo que van a ser las mismas. Cuando Cambio Radical sale a recoger firmas para un movimiento a favor del jefe de ese partido, eso desnaturaliza las firmas. Ahí me pareció que era un camino con el que no me sentiría cómodo.

En la última encuesta de Gallup la favorabilidad de las Farc estuvo por encima de la de los partidos, ¿eso quiere decir que estos cayeron muy bajo o que las Farc han recuperado imagen ante los colombianos?

Si nos atenemos a los números, ambas cosas, porque el apoyo a las Farc era del 2 % o 4 % y ha subido, pero lo bueno es que han dejado las armas. Por otro lado, la situación de los partidos es ruinosa y ese es un serio problema. Hoy la democracia no es solo de partidos, que se expresaba en unos cuerpos de representación, hay una crisis de esa noción de democracia en el mundo. Hoy el escenario es más grande, hay otros protagonistas de la política. Los partidos lo que buscaban era brindar al elector una unidad totalizante ideológica y ya no existe. Hoy hay los que defienden derechos de mujeres, los animales, los abortistas y antiabortistas y esos son segmentos de interés que también hacen parte de la política. Hay que empezar a acostumbrarse a tener un escenario más amplio.

En un eventual caso de que usted sea el candidato liberal y llegue a la segunda vuelta presidencial, si las Farc decidieran apoyarlo, ¿aceptaría ese respaldo?

Yo voy por mi camino, mi carril, que es el de una filosofía liberal que agrupa a muchos colombianos, no solo a los miembros del liberalismo y ellos mantendrán sus ideas radicales. Suelo describir esto acudiendo al lenguaje popular: cada loro en su estaca. No estoy buscando adhesiones ni apoyos de las Farc, tampoco soy capaz de responder qué van a hacer en el futuro, me imagino que votarán por su candidato.

Pero en el escenario de las coaliciones del Sí y el No, las Farc van a estar con el Sí...

No tengo porque responder sobre una hipótesis que no ha ocurrido. Ellos van por su camino y yo por el mío.

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