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"No podemos asumir la actitud del avestruz": padre Darío Echeverry

"No podemos asumir la actitud del avestruz, no podemos esconder la cabeza debajo de las alas, la muerte de líderes sociales y defensores de Derechos Humanos es muy grave”.

De esta manera, el padre Darío Echeverry, secretario de la Comisión de Conciliación Nacional, expresa una de las preocupaciones que tiene sobre la reconciliación en Colombia. Aquella con la que la Iglesia Católica -según él- está en deuda y para la que -también asegura- no están preparados los militares ni los guerrilleros de las Farc ni la sociedad.

Sobre esas preocupaciones, el padre Echeverry habló con El País, en el marco del taller Memoria, Verdad y Justicia, que esta semana reúne en Colombia a 50 invitados de diferentes lugares del mundo.

¿Cuál es el objetivo del taller internacional que está realizando la Conferencia Episcopal?

Convocados por la Conferencia Episcopal de Colombia y por Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal de Alemania, estamos reunidos en Bogotá delegaciones de Asia, África, Europa, Centroamérica y Suramérica, unos 50 delegados provenientes de países en donde el conflicto ha golpeado tremendamente a la población y ha dejado huellas de dolor muy grandes. Todos soñamos, aprendiendo lecciones de la realidad colombiana, en un mañana de esperanza, paz, tranquilidad y reconciliación.

En orden a mirar nuestro pasado y nuestro presente e ir diseñando herramientas para la construcción de una Colombia reconciliada y en paz, hemos visitado víctimas en Cúcuta, del desplazamiento de Venezuela; En Cali, víctimas que vienen del Pacífico y llegan allí; estuvimos en la cárcel de La Picota, encontrándonos con las guerrillas de las Farc, de los paras y del ELN. También estuvimos con Acore, los militares retirados, los indígenas, los afrodescendientes y la sociedad civil, así que ha sido un mapeo muy grande, y la metodología no es venir con la presunción de que podemos enseñar grandes cosas, sino de que de los actores del conflicto podemos aprender bellas lecciones de paz y reconciliación.

¿Y sin haber terminado, cuál ha sido la conclusión hasta ahora?

Más que una conclusión, es una pregunta: ¿estamos los colombianos preparados para la reconciliación? Y entonces a mí me quedan serias dudas. ¿Los militares están preparados para la reconciliación?, ¿los guerrilleros de las Farc están preparados para la reconciliación?, ¿los diferentes sectores poblacionales estamos preparados para la reconciliación? Al hacer la pregunta, a mí me queda un saborcito amargo y triste como reconocimiento de que se ha avanzado en la negociación, pero ha sido una negociación de élites, no ha habido un involucramiento de la población en la negociación ni con las Farc ni con el ELN, y porque no ha habido un debido involucramiento de la población, de los actores del conflicto, no estamos preparados suficientemente para asumir los costos de la negociación. Es un desafío grande.

En sus palabras de bienvenida al taller, usted dijo que la Iglesia Católica colombiana está en deuda con los procesos de reconciliación, ¿a qué se refiere?

Yo he sentido un fresquito muy grande, una alegría muy bonita cuando, al encontrarme en La Habana con las Farc, ellos han reconocido lo que significa la Iglesia como la instancia humanitaria más cercana al dolor de los pobres y al dolor de las víctimas del conflicto social y armado; yo he sentido orgullo de sentirme parte de Iglesia y creo que la Iglesia ha trabajado bien esa dimensión humanitaria, pero una cosa es la acción humanitaria, la atención a las víctimas, y otra cosa es ese horizonte de reconciliación que yo no veo explícito y claro, por ejemplo en la Ley de Víctimas y Restitución de Tierra, ni en la negociación con las Farc, ni en la manera como los militares ni los colombianos están mirando la Justicia Especial para la Paz. Entonces, creo que allí la Iglesia puede dar un gran aporte y reconozco con humildad que nos ha hecho falta mucho. Hemos trabajado por la paz, pero el horizonte de reconciliación es difuso, no es suficiente.

“Porque no ha habido un debido involucramiento de la población ni de los actores del conflicto, no estamos preparados suficientemente para asumir los costos de la negociación”.
padre Darío Echeverry,
secretario de la Comisión de Conciliación Nacional.

¿A propósito, cómo analiza la implementación de los acuerdos de paz con las Farc?

La veo lenta, un tanto mezquina; la veo todavía empezando, veo mucha mezquindad en las labores del Congreso de la República. Veo que no hay la adecuada preparación. Me preocupa enormemente el ritmo de la implementación de los acuerdos. Yo creo que, por ejemplo, de aquello que pasó en octubre, seguimos todavía muy distantes; aún más, veo que en el ambiente, en el imaginario de los colombianos, hay un desentendimiento de lo que implican esos acuerdos.

¿Usted, que ha trabajado desde hace tantos años en pro de la paz, qué sintió al ver a través de los medios de comunicación y redes sociales el traslado de los guerrilleros a las zonas veredales?

Yo hubiera querido ver más, hubiera querido que la población saliera a decirles: ¡ánimo, bienvenidos! Pero no había esa preparación, por eso reclamo de ustedes, los medios de comunicación, un mayor compromiso frente a esto, porque todavía hay un desentendimiento de los medios respecto de esto; no hay una preocupación debida, no hay un conocimiento claro, sino que en la población colombiana todavía hay mucho desconocimiento de la negociación.

¿Y también falta mucha preocupación de la sociedad ante las muertes de líderes sociales?

Ese un tema bien delicado, y creo que sí: no podemos asumir la actitud del avestruz, no podemos esconder la cabeza debajo de las alas, ese fenómeno es muy grave. La muerte de los líderes sociales y defensores de los derechos humanos se está tratando como de invisibilizarse y no se puede invisibilizar porque en el imaginario de los colombianos yace aquello que pasó con la Unión Patriótica. Esto es muy grave.

¿Qué opina de los diálogos con el ELN, porque si frente al acuerdo con las Farc hay escepticismo, ni qué decir con respecto al ELN?

Es cierto, la Iglesia está muy comprometida, el señor Arzobispo de Cali, los cinco obispos designados por la Conferencia Episcopal y mi persona hemos estado en Quito y hemos estado reunidos con el equipo del Gobierno, con la mesa de negociación y con el equipo del ELN y los hemos estado instando a avanzar en ese proceso sobre el que, sí, pesan grandes desconfianzas, pero una negociación con las Farc sin una negociación con el ELN está trunca, está coja, es incompleta.

Entonces los llamamos a eso y les decíamos, por ejemplo, al ELN, mire, va a venir el Papa en septiembre, qué bueno sería que se avanzara un poco en la negociación para que tuviéramos elementos, por ejemplo de orden humanitario, que le pudiéramos mostrar. La Iglesia le reclamaba al ELN y le reclamaba a la mesa de negociación y los animaba a avanzar en el diseño de algunos compromisos, especialmente de orden humanitario, pero también en el sentido de la participación de la sociedad.

Hablaba usted ahora de un mea culpa de la Iglesia, pero en cuanto a la sociedad en general, ¿qué hacer para desarmar los espíritus, para que, por ejemplo, cuando algún jefe de las Farc se pronuncia en las redes sociales los insultos no se hagan esperar? Es una muestra de la falta de reconciliación de la que habla?

Yo creo que eso es parte del infantilismo de la realidad colombiana, en donde, como niños, siempre estamos pensando en el otro: ¿cuál es la parte de responsabilidad que pesa sobre el otro? y no hacemos el mea culpa: ¿cuál es mi parte, qué puedo aportar yo? Entonces yo llamaría a que todos, el Gobierno, los gremios, la academia, los militares, los guerrilleros en proceso de reincorporación a la sociedad, la Iglesia misma, todos, digamos: ¿yo qué puedo hacer para que estos procesos avancen, para que logremos una Colombia en verdadera situación de posconflicto? Eso es lo necesario.

Uno de los sectores con los que se han reunido estos días han sido las víctimas. Algunas han expresado que no se sientan el centro de la negociación, como se les prometió...

Las víctimas tienen toda la razón, a ellas se les prometió considerarlas como el centro de la negociación y no ha sido así, no han sido tenidas en cuenta. En temas como Justicia Especial para la Paz no ha habido un justo y adecuado reconocimiento de ellas ni una participación de ellas en esos procesos. El Congreso ha sido mezquino, las ido dejando de lado e invisibilizando en la implementación de los acuerdos.

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