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Así es la peligrosa moda de 'kamikazes' en cicla que se toma a Cali

Así es la peligrosa moda de 'kamikazes' en cicla que se toma a Cali

Andrés tiene 13 años, un buzo azul del Real Madrid, un arete brillante en cada una de sus orejas. Está empapado. Acaba de llegar en bicicleta a una tienda de La Portada, en la vía al mar, donde se resguarda de la lluvia.

– Vamos a esperar ‘la pega’ muchachos y si Dios quiere y escampa un poquito nos tiramos – les dice a otros seis amigos suyos, todos menores de 18, con sus respectivas bicicletas.

Es miércoles, día en que decenas de niños y jóvenes de Cali se encuentran para practicar algo que ellos aseguran es ‘gravity bike’: un deporte extremo que consiste en descender en una bicicleta, sin pedalear, impulsados por la gravedad, hasta desarrollar altas velocidades y sentir vértigo mientras eluden los carros que bajan y suben hasta el kilómetro 18, o la Avenida Circunvalar, o la vía a Pance, o a Dapa, o a Cristo Rey.

– ¡Todos pendientes de ‘la pega’! – grita Andrés, apenas más alto que el galápago de su ‘burro’, rapado a los lados, una cresta teñida de amarillo, la mirada de un niño travieso, la pose de un jovencito rebelde.

‘La pega’ en la que tanto insiste quiere decir el vehículo en el que se pueden sujetar atrás, montados en su bicicleta, mientras ascienden hasta el kilómetro 18. Puede ser una chiva, a la que llaman la ‘piragua’, o un ‘enlatado’: un furgón.

– A veces ‘la pega’ nos sube ‘borrados’– cuenta uno de los amigos de Andrés, y eso significa que el carro iba a una alta velocidad.

Bajar ‘borrado’ es igual, bajar muy rápido. Y en la bicicleta sobrepasar a un compañero en el descenso es ‘borrarlo’. ¿Viste cómo te borré en la curva del cerezo? ¡Me borré durísimo y te puse a ‘ver placa’. ¡Venías ‘pegado al pulmón’! (Muy cerca).

– Cuando uno está arriba, a punto de tirarse, el corazón se pone rápido. Y cuando todo estalla, se despega (tomar velocidad) es pura adrenalina. Siempre decimos: “esta vez vamos a bajar suave”, pero mentiras. Si alguien se ‘encoca’, hay que ‘encocarse’ también. Y empieza el 'candeleo' – continúan conversando los amigos de Andrés.

'Gravity bike' en Cali 02

Los practicantes de este deporte extremo se encuentran sobre todo en Terrón Colorado, Siloé, las zonas de ladera, pero cada vez se difunde más en el Distrito de Aguablanca.

Foto: Bernardo Peña / El País

‘Encocarse’ es agacharse sobre la bicicleta, casi rozando el pecho con el marco, para impulsarla con el peso del cuerpo echado hacia adelante. El ‘candeleo’ es la disputa por el primer lugar, los sobrepasos incluso en curvas y a veces invadiendo el carril contrario con tal de ‘puntear’ para ganarse el respeto del grupo. El ‘gravity bike’ es eso para los muchachos, una forma de ganarse el respeto en el barrio.

Cuando hay demasiado tráfico, o si estuvieron cerca de estrellarse con una volqueta o salir disparados por un abismo, dicen:

– ¡Ese ‘candeleo’ estuvo picante! (Peligroso).

Todos los que practican en Cali eso que consideran ‘gravity bike’ han sufrido accidentes, por lo menos una caída. Algunos se han estrellado contra taxis, contra motos, y han muerto. Como ‘Arepita’, como ‘El duende’, como Cardozo.

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Ni los acudientes de Andrés, ni los padres de la mayoría de sus amigos, por cierto, saben que en este miércoles ellos están bajo la lluvia mientras esperan ascender al kilómetro 18 sujetados de un camión para después descender a casi 90 kilómetros por hora en bicicleta a la medianoche, sin protección. Apenas uno de los muchachos porta casco. Andrés dice que esta noche va a estrenar coderas.

Por lo regular los 'gravitosos' se reúnen miércoles y domingos para descender del Km 18, aunque algunos lo hacen a diario.

En la panadería La Sebastiana, ubicada en la salida de Cali hacia el mar, Yhonatan Castillo se mira sus codos y se levanta la camisa para mostrar las heridas que le ha dejado el ‘gravity bike’, “unos huecos grandes. Mi mamá me echaba agua con jabón y limón en las heridas”.

En la carretera se ha estrellado con perros, con gatos, con motos, con barrancos después de no alcanzar a hacer una curva. Alguna vez perdió la memoria después de golpearse la cabeza. Desde entonces se convenció de que para practicar este deporte se requería un equipo de protección.

Yhonatan, una pequeña cola en la corona de su cabeza, se compró un casco primero, después unas botas que le vendió un guarda de seguridad y que tienen platinas en las puntas. Igualmente consiguió unas rodilleras que lucen como las de los policías antimotines.

El deporte, cuenta mientras parte un trozo de un enrollado de queso, lo conoció muy niño, cuando tenía 12 años – tiene 30 – y en esa época no se conocía como ‘gravity bike’ sino como ‘Descuelgue’. Es una práctica que ha existido siempre en Cali, aunque no se veían grupos de hasta 30, como ahora. Lanzarse en bicicleta por las montañas de la ladera y las calles empinadas de San Antonio, Miraflores, San Fernando, la Loma de la Cruz.

La primera vez que lo pudo hacer, Yhonatan estaba en una bicicleta que aunque había comprado, sabía que era robada. La adquirió en El Planchón, en la galería Santa Elena, con su propio dinero. Ha tenido una vida difícil, explica.

Es el mayor entre 4 hermanos y desde niño debió trabajar para sostener a su familia. Vendió flores en los semáforos, fue ayudante de panadería, de carpintería, de un taller de mecánica sin tener idea de motores. Ahora se gana la vida barriendo las calles de la ciudad. Es operario de la empresa de aseo Emas Cali.

– Soy de una familia muy humilde, pagamos arriendo. Hemos vivido en Terrón Colorado, en Montebello, en Siloé, en Dagua, ahora en el Distrito. Por eso soy tan conocido en estos barrios entre los que practican ‘gravity’. Me dicen ‘3D’. El deporte lo empezamos a llamar así hace unos cuatro años, cuando vino un pelado de Medellín que nos contó que allá también se practicaba y que era un deporte que existía en el mundo. Comenzamos a buscar en Internet y sí. Entonces creamos un grupo de Facebook que se llama Gravity Bike Cali (ahora hay decenas de grupos en las redes) y se regó la bola que lo que hacíamos se llamaba de esa manera. Pasaba algo curioso: por cada muchacho que llegaba a la cuadra raspado después de una caída, aparecían cinco con ganas de hacerlo – cuenta Yhonatan y le da un sorbo a su botella de jugo tropical.

Según la historia oficial, el ‘gravity bike’ surgió en los 70 en las colinas de California, Estados Unidos, con un grupo de aficionados a las motos que competían en carreras cuesta abajo. Sin embargo, por la contaminación, el ruido y la erosión que provocaban esos aparatos a toda velocidad, los prohibieron. Entonces comenzaron a hacer lo mismo pero en bicicleta.

En Cali, Yhonatan es uno de los promotores del deporte. Organiza reuniones en las que insiste en que se debe usar protecciones durante el “descuelgue”. En febrero pasado, cuando un jovencito de 15 años fue arrollado por una camioneta en la carrera 27 del barrio San Fernando, lo que le ocasionó muerte, hizo una pregunta en su cuenta de Facebook: ¿cuántos más se tienen que matar para que tomemos conciencia?

Le ha escrito cartas al Alcalde y ha organizado marchas para que en la ciudad se destine una pista donde “tirarse” sin el riesgo de encontrarse un camión de frente, o que por lo menos, como se hace con la ciclovía, se cierre alguna calle a una hora determinada de la semana para practicar.

– Yo he tenido varias ideas para que todos tengamos protección. Se me ha ocurrido hacer una válida para recoger plata y comprar cascos. Hemos organizado colectas, porque queremos hacer esto bien, pero son pocos los que usan lo mínimo, que es un casco. Son muchachos sin recursos y lo que consiguen lo invierten en mejorar su bicicleta, meterle más peso, las llantas, los mejores frenos. Necesitamos apoyo. Acá hay una oportunidad para darle un destino a muchos jóvenes, fomentar un deporte nuevo en Cali con todas las normas, que la gente nos vea de otra manera. Aunque hay algunos de los que practican ‘gravity’ que consumen drogas, que son pandilleros, no todos lo son. Lo que estamos haciendo tirándonos desde el kilómetro 18 es reclamar una oportunidad de vida– dice Yhonatan y se termina su enrollado de queso.

En el año 2016 se presentaron 869 siniestros donde estuvieron relacionados al menos una bicicleta.

En la Secretaría del Deporte reconocen que la práctica del ‘gravity bike’ en Cali es difícilmente controlable. No solo porque calculan que son miles los practicantes – el dato lo obtuvieron después de revisar el número de integrantes de todos los grupos de Facebook – sino también porque basta tener una bicicleta y lanzarse por una pendiente para hacerlo; cualquiera con ganas de adrenalina podría creer que es un ‘biker’, como también les llaman a los pilotos.

Sin embargo, explican Camilo Méndez y Alberto Huérfano, en Cali se están haciendo algunos esfuerzos para que esto no se convierta en lo que parece que ya es: un problema social que ha dejado varios muertos en las calles.

Camilo es coordinador técnico del programa Vértigo de la Secretaría, con el que se fomenta la práctica del deporte extremo. Alberto es el coordinador de eventos. Con el programa dan clases gratuitas en las comunas, aunque no propiamente de ‘gravity bike’.

Con los ‘gravitosos’, como llaman a los practicantes del deporte, han pactado encuentros para explicar qué es en realidad esta disciplina.

– El ‘gravity’ como tal, el deporte original, se practica con bicicletas especiales que, por ejemplo, no tienen pedales. Constan de unos soportes para apoyar los pies atrás y casi acostarse en la bicicleta para romper el viento. La idea es que la gravedad haga el trabajo. En Cali los muchachos cogen cualquier bicicleta y la modifican, les ponen más peso, direcciones de motos, pero lo más preocupante es la falta de elementos de protección, el horario en el que practican, los sitios donde lo hacen. Algunos se están tirando emparrillados. Es decir, dos en una sola bicicleta. Montan a la novia. Para mí eso no es ‘gravity bike’. En Cali lo que están haciendo es una mala imitación de un deporte, un acto suicida– dice Alberto.

Hace unos meses la Secretaría del Deporte y la Secretaría de Seguridad, entre otras entidades, organizaron en una pista del corregimiento de la Leonera una carrera, con la intención de mostrar cómo se debía realizar el deporte, con las normas de seguridad exigidas. Asistieron decenas de muchachos que llenaron el cupo de una chiva. Les suministraron los trajes de protección y hubo acompañamiento de la Defensa Civil y la Policía. No hubo accidentes que lamentar, más allá de unos cuantos raspones.

'Gravity bike' en Cali 03

Descendiendo del Kilómetro 18, los practicantes del ‘gravity bike’ pueden registrar velocidades de hasta 86 kilómetros por hora.

Foto: Bernardo Peña / El País

En octubre próximo, dice Camilo Méndez, de la Secretaría del Deporte, quizá se realice una nueva carrera. Pero falta demasiado tiempo para ello. De momento no hay otras alternativas para los ‘gravitosos’. Andrés Hidalgo, integrante de un club de motos llamado Racing Motor Cali, informó que está intentando organizar una válida con apoyo de un patrocinador, aunque aún está en proceso de gestionar los permisos con la Alcaldía.

Yhonatan Castillo, en la panadería La Sebastiana, piensa que mientras la ciudad no le dé importancia a esta disciplina y los muchachos no tengan las condiciones necesarias para practicar el deporte, lo seguirán haciendo como puedan, así arriesguen el pellejo. En su caso, no ve la hora de que llegue el miércoles o el domingo, los días en los que se reúnen a practicar ‘gravity’ en Cali, para poner a punto su bicicleta.

– Si revisas los muros de Facebook de nosotros, hay memes en los que nos preguntan dónde está el amor de nuestra vida y decimos: parqueado en el garaje. La bicicleta es algo muy cercano. Yo tengo dos. A una le digo ‘La negra’. Hay una frase de los ‘gravitosos’ que dice: “Si me mata la velocidad, no me lloren porque iba sonriendo”. Esto es algo que pocos entienden, pero que amamos.

Habitantes de San Fernando, el Oeste, Pance, reclaman mayores controles para evitar esta práctica que pone en peligro la vida de ciclistas y conductores.

'Gravity bike' en Cali 04

Yhonatan Castillo, ‘3D’ es uno de los promotores del ‘Gravity bike’ en Cali.

Foto: Bernardo Peña / El País

Mientras esperan a que escampe, Andrés y sus amigos siguen conversando bajo el techo de una tienda en La Portada, frotándose las manos. Hace frío, el cielo relampaguea. Uno de los muchachos comenta que entre los más “tesos” del ‘gravity’ apuestan la bicicleta, o $20 mil pesos. Eso hace más emocionante el ‘candeleo’.

Los practicantes del ‘gravity’ buscan precisamente emociones. Puede ser tan adictivo como una droga, anota Yhonatan. Y es una manera de escapar de la realidad, de lo que les pasa en sus vidas. Entre los ‘gravitosos’ repiten una frase que dice algo así como que entre más honda sea la tristeza, más agreste el ‘descuelgue’. En muchas ocasiones han estado cerca de la muerte y cuando la eluden, pasan por en medio de dos carros, derrapan para evitar caer a un precipicio, “es como volver a nacer”.

– Lo que se siente es indescriptible. La adrenalina, la libertad, el viento. Usted lo hace por primera vez y quiere repetirlo. Uno a veces dice: vendo el ‘burro’ y no vuelvo, pero se arrepiente.

Lo que desconocen los ‘gravitosos’ es que al compartir una carretera con los carros y los peatones, dejan de ser ‘deportistas’ para convertirse en un actor más de la vía, con unas reglas por cumplir, la responsabilidad de cuidar su vida y la de los demás.

Los practicantes del ‘gravity bike’ han puesto en aprietos a los conductores que, para no embestirlos, han debido hacer maniobras peligrosas. A Ángel Mozo, un ciudadano español que reside en el barrio San Fernando, un practicante de ‘gravity’ le golpeó su carro. El muchacho se paró de inmediato, tomó su bicicleta, y salió corriendo. Es lo que hacen regularmente porque, reconocen, no tienen cómo pagar el daño causado. Ángel Mozo respiró aliviado cuando se aseguró de que el muchacho no había sufrido heridas de consideración, aunque debió pagar $300.000 para reponer el espejo de su carro.

Algunos jovencitos, mientras suben en ‘la pega’, roban la mercancía de los camiones o los stop. Por eso han tenido líos con camioneros, que los persiguen machete en mano.

La policía intenta hacer su trabajo. Si los ven en una ‘pega’, o descendiendo de manera peligrosa, les quitan las bicicletas. Sin embargo para recuperarlas basta la factura y firmar un acta de compromiso que nadie cumple.

30 ciclistas murieron en 2017 en la ciudad.

72 accidentes donde estuvo relacionada una bicicleta, ocurrieron en Cali durante el mes de octubre del año pasado. Fue el mes de mayor accidentalidad.

654 accidentes de ciclistas se registraron en Cali en 2017, según datos de la Secretaría de Movilidad. Los causados propiamente por la mala practica del 'Gravity bike' no figuran en los reportes.

Los agentes de tránsito por su parte no pueden hacer mucho, dice el Secretario de Movilidad Juan Carlos Orobio. Como la mayoría de los practicantes del ‘gravity’ son menores de edad, los guardas requieren hacer operativos en compañía de la Policía de Infancia y Adolescencia y funcionarios de Bienestar Familiar. Pero no siempre hay disponibilidad para hacer los controles con los funcionarios necesarios. O tal vez no hay demasiado interés por parte de las autoridades correspondientes, empezando por los padres. Es como si a los ‘gravitosos’ nada los detuviera.

Son generalmente hijos de papás ausentes por trabajo, o porque viven en otro país, o porque han muerto, algunos; hijos anárquicos. Como si tuvieran la ciudad a disposición para hacer lo que les plazca.
Andrés dice ahora que a veces se sueña descendiendo a toda velocidad desde el kilómetro 18 y de repente se ve cayendo por un precipicio. Justo en ese momento se despierta.

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