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“Puse la fe en Dios y no me desamparó”: Elías Pereyra, jugador que superó una leucemia

“Puse la fe en Dios y no me desamparó”: Elías Pereyra, jugador que superó una leucemia

Elías Pereyra es un chico argentino de 18 años que hoy vive su momento más feliz, después de haberle ganado un duro partido a una leucemia que le detectaron cuando tenía 13 años.

Su historia de vida es vista en Argentina como el triunfo de la perseverancia, del deseo de salir adelante, de la inclaudicable lucha por no desfallecer y de las ganas de cumplir su sueño de ser futbolista profesional.

Elías no la tenía fácil. Nacido en el seno de una familia humilde que sobrevivía con lo que ganaba Hugo, el papá, un vigilante del alejado barrio González Catán, en Buenos Aires, y Noemí, que se defendía como costurera, el chico y su familia recibieron la dura noticia de una leucemia que hacía peligrar su vida.

Tuvo que dejar el fútbol cuando apenas iniciaba su proceso de formación en las inferiores de San Lorenzo, y debió abandonar también el estudio para comenzar una dura batalla por la supervivencia.

Fueron demasiados tratamientos médicos en el Hospital Garraham de la capital argentina, con sesiones de quimioterapia, además de suero y otra serie de medicamentos, lo que apretaba económicamente a su padre por los altos costos del proceso.

Un año estuve en esas, aunque después de la primera semana ya estaba en mi casa, como a una hora de la capital, pero debía ir y volver en tren con mis viejos casi todos los días para la ‘quimio’”, le contó Pereyra a El País.

Yo llegaba a mi casa muerto, es que la ‘quimio’ puede durar cinco o seis horas. Lo que siempre le preguntaba al médico era que si podía volver a jugar a la pelota”, recuerda.

Después de un agresivo tratamiento, Elías recibió el alta médica, retomó sus actividades en el fútbol y fue escalando en las inferiores de San Lorenzo, hasta llegar este año a las Reservas y recibir hace una semana la gran noticia de que sería ascendido como profesional.

Pereyra, lateral izquierdo, habló con El País sobre este proceso que le cambió la vida para bien.

¿Cómo fue el instante en que firma su primer contrato como profesional?
De mucha felicidad, es un logro que uno sueña de niño; por más que uno de chico diga que quiere ser futbolista profesional, cuando llega ese momento de firmar el primer contrato es algo único, sobre todo para mí y para mi familia.

¿Cuándo le dijeron que iba a ser parte del equipo profesional?
La semana pasada me dijeron que iba a firmar contrato; no lo podía creer, no pude dormir con esa noticia, pensé en un montón de cosas y en lo que me ha tocado vivir. Ahora toca pasar esta alegría para llegar bien a la pretemporada y seguir luchándola porque la idea es debutar en la A.

A la firma del contrato fue con sus padres y por lo que se vio en fotos, fue un momento conmovedor. ¿Qué le dijeron?
Ellos estaban muy emocionados, mis padres me ayudaron desde muy chiquito y por eso estábamos llorando por esta buena noticia y porque pasamos por un momento que no se lo deseo a nadie.

¿Ha sido muy duro llegar hasta este momento?
Sí porque han pasado cosas en mi familia. Yo soy el menor de la casa, tengo dos hermanas más grandes, una de ellas perdió al esposo y ha tenido que sobrevivir con dos niños. Mi papá es vigilante, mi mamá es costurera. Todos luchamos, somos una familia humilde, vivimos en un barrio que tiene demasiadas necesidades, el González Catán, que está como a hora y media de Buenos Aires.

Sin duda, lo más grave fue cuando le dijeron que tenía leucemia. ¿Cómo fue ese instante?
Yo tenía 13 años cuando me enteré de esa enfermedad, justo en la semana en que cumplía años. Me tocó luchar sabiendo que si lo hacía podía salir adelante. Me impactó mucho porque era un chico sano, que estudiaba y jugaba. Tuve que suspender el fútbol para iniciar un duro tratamiento que incluía fases de quimioterapia.

¿El proceso de recuperación cómo fue?
En esto indudablemente mi mayor ayuda fue Dios, puse mi vida en él y nunca me abandonó. Hoy estoy bien de salud, pero pasamos momentos muy duros porque no es fácil un tratamiento de esos por lo costoso y por la quimioterapia que tocaba hacer casi que a diario. Mi viejo se mataba todos los días trabajando para que no me faltara ningún medicamento.

¿Cuál fue el momento más difícil?
Yo siempre puse una buena actitud y mucha fuerza para salir adelante; sin embargo, durante la quimioterapia una vez me cogió una alergia muy fuerte que me puso mal. Es un momento en que uno piensa que se puede morir, pero por fortuna se controló y seguimos adelante.

¿Lloró mucho, pensó que no volvería a jugar?
Sí, claro; lloraba en la casa y en el hospital. Por la cabeza me pasaban muchas cosas, me preguntaba si podía volver a jugar, me decía también que por qué me pasaba esto a mí si era un chico sano. Pero la ayuda de mi familia fue clave y los deseos míos de salir adelante también.

¿De qué manera interpreta lo sucedido porque hoy, cinco años después, está bien y firmando su primer contrato como futbolista?
Muchas veces nosotros no entendemos el porqué de las cosas, sobre todo cuando estamos pasando por un momento malo o padeciendo una dura enfermedad. Hay que poner la fe en Dios y saber que la tormenta no dura para siempre porque tarde o temprano sale el sol. Hay que afrontar las cosas con alegría y con mucha confianza. Yo puse la fe en Dios y una gran actitud, y la verdad es que no me desamparó. Estoy saliendo adelante.

Usted ha hecho el proceso en San Lorenzo. ¿Conoció a Mario Yepes?
Sí, lo vi varias veces entrenando y también jugando. Un gran defensa, indudablemente.

¿Qué sabe del fútbol colombiano?
Conozco a Fabra, que está acá en Boca y juega en el puesto mío, que es lateral izquierdo, me gusta como juega. Y conozco a James, que está en el Bayern.

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