economía

El aumento en el salario mínimo: la mirada de quienes lo pagan

¿Por qué es tan complicado negociar cada año el alza salarial?

El salario mínimo es más de supervivencia que un reconocimiento al esfuerzo de los trabajadores colombianos. Sin embargo, dadas las condiciones legales bajo las cuales deben operar las empresas en el país, el subir un 1% el salario mínimo implica aumentar cerca de 79% más los costos asociados a la nómina. Es decir que el incremento para las empresas es realmente del 1.79%.

Derivado de lo anterior, el aumento del 5.9% del salario mínimo implica realmente un aumento en los costos asociados a la nómina del orden del 10.57%.

Haciendo un corto análisis, en Colombia cerca del 92% de las empresas son PYMES, por ende, podemos concluir que una proporción muy importante de las empresas del país tienen una gran mayoría de empleados con la mínima remuneración legal permitida por ley o muy cercana a esta base, y el común denominador en las PYMEs es que los gastos asociados a la nómina pesen en su estructura de costos entre un 25% y un 45%, sumando tanto la parte administrativa como operacional.

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En algunas empresas de servicios o intensivas en mano de obra bien sea por su baja tecnificación o su proceso productivo artesanal, puede llegar a ser del orden del 60%.

Entonces, al hacer las respectivas multiplicaciones, en el primer escenario una empresa con un 25% de costos de nómina en su estructura y con el incremento del 5.9% del salario mínimo, tendría un incremento del orden del 2.64% en el total de sus costos, y en el segundo escenario una empresa que tenga un 60% de costos en su estructura, tendría un 6.34% de aumento en su costo total.

Si a lo anterior sumamos que el resto de los costos crecieron en el 2017 a una tasa del IPC de 4,05%, los costos totales en el primer escenario serian del orden de 5,68% y en el segundo escenario crecerían 7,96%.

No es usual, pero algunas empresas hacen un incremento menor al que dictan las matemáticas, buscando reducir costos a lo largo de la cadena productiva, antes de aumentar el precio de su producto o servicio. Sin embargo, la empresa promedio (si esta quisiera mantener su utilidad constante) debería aumentar el precio final de su producto en al menos un 4% u 8% a los clientes según su estructura de costos de nómina.

Las cifras parecen pequeñas, pero ¿imagina usted tener que aumentar su precio en un 8%? Súmele ahora el 19% del IVA, el cliente recibiría un contundente 9,5% de aumento en su orden de compra. ¿Qué tan probable es que su cliente busque continuar con la relación comercial?

Por lo menos empezaría a buscar una segunda cotización antes de cerrar un negocio con su empresa. Ahora ni hablar del efecto siniestro que tendría en la inflación este nivel de incremento de precios.

Pero no solo los salarios suben con el incremento del mínimo, los Soat para las empresas de transporte, la seguridad privada y honorarios por lo general suelen aumentar en esta misma proporción. Entonces el alcance de la medida no solo se queda en la nómina.

Las empresas en Colombia podrían ser menos competitivas en términos relativos con sus pares latinoamericanos, la mano de obra de baja calificación puede ser considerada onerosa en el país y puede ser la diferencia para un inversionista al momento de tomar la decisión de abrir su planta de producción.

En el 2018 Colombia, México, Perú, Bolivia y Brasil competirán muy de cerca en este rubro al momento de tasar los salarios mínimos en dólares. (US$282, US$141, US$ 263, US$ 289 y US$ 295 respectivamente)

Derivado de lo anterior se pueden dejar de crear nuevos empleos, se estancaría la tasa de empleo y se favorecería el abuso de los horarios de tiempo laboral. Es mejor estirar un poco el horario laboral para mejorar la productividad de la compañía, que contratar ese nuevo operario que va a costar aproximadamente $1.313,586.

Es por esto por lo que las empresas buscan incrementos salariales pequeños, su impacto va mas allá de lo que a simple vista llega en los noticieros todos los diciembres cuando se comunica el inicio de las negociaciones del mínimo.

El salario mínimo es una variable critica de la economía empresarial, es el factor decisivo más ponderado al momento de contratar a alguien y es la variable más utilizada para sobrellevar una crisis económica al calcular los costos de operación y definir la reducción de empleados en una Pyme. Es por esto que es tan complicado llegar a un acuerdo sobre el salario mínimo.

Competitividad y finanzas públicas, las otras caras del incremento del mínimo

Por Julio César Alonso, director Centro de Investigaciones en Economía y Finanzas Universidad Icesi.

El salario mínimo es uno de esos precios que afectan muchos aspectos de una economía como el ingreso de los hogares, la competitividad de las empresas y las finanzas públicas.

Sobre el efecto del aumento del 5,9% en el salario mínimo en los presupuestos de los hogares ya se ha discutido en estos días.

Claramente, desde la perspectiva de los hogares, el aumento de $43.525 pesos es bajo y no parece generar un cambio sustantivo en el poder de compra de los hogares. Esto llevaría a pensar que el aumento debería ser más grande.

Pero antes de saltar a una conclusión como esta se debe tener en cuenta las serias implicaciones que tiene sobre las finanzas públicas y las empresas un aumento más grande.

En el sector público, buena parte de los salarios se expresan en salarios mínimos o la negociación de su aumento se encuentra influenciada por el aumento del salario mínimo. Así, es fácil prever que, aún si no existiese un nuevo puesto de trabajo en el sector público en 2018, la nómina del sector público estaría aumentando en un 5,9%.

Adicionalmente, las mesadas de las pensiones aumentan con el salario mínimo y buena parte de estas se financian por el presupuesto nacional. Los colombianos dedicaremos aproximadamente el $41,1 billones del Presupuesto General de la Nación (GNP) para pagar las pensiones; es decir, aproximadamente el 17,4 % del GNP para 2018. Esta cuenta aumenta si el salario mínimo aumenta.

Esto no es despreciable dada la apretada coyuntura de las finanzas públicas. Así, cuando se aumenta el salario mínimo también existe una presión sobre el presupuesto nacional y en últimas se tendrá que escoger de donde sacar el dinero que cubrirá el aumento: de gastar menos en inversión pública, educación, salud o gasto social, de disminuir los empleados públicos, de aumentar los impuestos o de endeudarse más.

Las tres últimas opciones parecen cerradas para 2018. Así que pensar en un aumento mayor en el salario mínimo implicaría un gran impacto sobre la inversión y el gasto social.

Para un empresario, el aumento del salario mínimo implica un incremento de los costos de la nómina. En especial, para las pequeñas y medianas empresas la nómina puede implicar un porcentaje sustancial de sus costos de producción. Así, un ajuste en el salario mínimo implicará un desbarajuste de las ya asfixiadas finanzas de las pequeñas y medianas empresas.

Para contrarrestar los salarios más altos de los empleados, las empresas se verán ante una disyuntiva: aumentar los precios de los bienes que venden o recortar la nómina para mantener los costos a raya. Elevar los precios no es tan sencillo, pues en la mayoría de los casos se puede estar enfrentando en los mercados tanto locales como internacionales a bienes producidos en otros países por empresas que no están enfrentando ese aumento en los costos. Es decir, podrían estar en una situación en la que los productos colombianos suban y los extranjeros no, conllevando a una reducción en las ventas, la disminución de los ingresos y una rentabilidad más baja.

En las economías abiertas al comercio exterior como la colombiana, trasladar los mayores costos internos a precios tiene sentido si existe una fuerte devaluación. Es decir, cuando el dólar está subiendo de precio rápidamente, de tal manera que los precios de los productos importados en el mercado local también están subiendo por el efecto de la tasa de cambio. Pero ese no es el escenario en Colombia en la actualidad. Es decir, que los empresarios podrán subir sus precios, pero no desbordadamente, porque perderán competitividad. Esto implica que el aumento en sus costos probablemente no se podrá trasladar totalmente a los precios.

En este escenario, un reajuste del salario mínimo mayor puede implicar empresarios con menos recursos. De tal manera que se enfrentaría a decisiones de disminuir o eliminar las mejoras en maquinaría y equipo, las nuevas contrataciones, las bonificaciones, el servicio de la deuda y la producción.

Así, la decisión de subir el salario mínimo no es fácil e implica un fino balance entre los efectos de corto plazo sobre el poder de compra de los hogares, la estabilidad de las finanzas públicas y la competitividad de las empresas.

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