Economía

Opinión: mitos de la devaluación y las exportaciones de Colombia

Junio 14, 2017 - 10:21 a.m. Por:
Mauricio De Miranda* - Columnista invitado

Entre los años 2010 y 2014 la economía colombiana se vio beneficiada en sus ingresos en divisas por el “boom” de precios del petróleo y de otras materias primas, especialmente minerales, impulsados por la demanda creciente de las economías emergentes en proceso de industrialización.

Con unos precios entre 98 y 110 dólares por barril, como promedio anual, las exportaciones colombianas crecieron de 39,7 mil millones de dólares en 2010 a un tope de 60,1 mil millones en 2012. En 2013 y 2014, comienza un descenso moderado de los precios del crudo y, en consecuencia, también se reducen las exportaciones, y posteriormente, los precios del crudo mostraron una profunda caída, que condujo a niveles de exportaciones de 35,9 mil millones en 2015 y 31,3 mil millones en 2016.

Mauricio de Miranda

Mauricio de Miranda, director del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico. Pontificia Universidad Javeriana Cali.

Especial para El País

Mientras duró la bonanza petrolera aumentó el interés inversionista extranjero en el país. Estos factores, junto a un mayor dinamismo del consumo y de la inversión doméstica, contribuyeron a resultados positivos de crecimiento económico, lográndose un 4,1% promedio anual entre 2010 y 2016.

En las condiciones del sistema monetario actual, el incremento de las exportaciones y de la inversión extranjera directa (IED) favorecen a una apreciación de la moneda, siempre que no actúen factores en contravía. Así, el peso colombiano mostró una tendencia a la apreciación entre 2010 y 2012, pasando de 1.899 pesos promedio anual por dólar a 1.798 en 2012.

En 2013 y 2014, comenzó una moderada depreciación y en 2015 y 2016, se produjo una abrupta pérdida de su capacidad adquisitiva, alcanzando valores promedio de 2.741 pesos por dólar en 2015 y de 3.055 en 2016.

Se hace evidente la relación. El incremento de los precios del petróleo condujo a un incremento de las exportaciones, el país se volvió atractivo a la inversión extranjera directa, se incrementaron las reservas monetarias internacionales y todo esto fortaleció el peso.

Ante tal circunstancia, se desataron las alarmas; comenzaron las preocupaciones del sector exportador debido a que las exportaciones se encarecían en dólares y perdían competitividad internacional. Lo que no se tenía en cuenta, por entonces, era que a otros países similares a Colombia les estaba ocurriendo lo mismo.

Al producirse la violenta caída de los precios del crudo a partir de 2015, cayeron abruptamente las exportaciones colombianas, se contrajo la IED, especialmente la que se dirigía a este sector y, en consecuencia, la moneda colombiana perdió el 41% de su valor promedio anual entre 2012 y 2016.

Si nos atenemos a la teoría según la cual, una depreciación de la moneda nacional potencia la competitividad de los bienes exportables, por hacerlos más baratos en dólares, entonces las exportaciones, especialmente las no tradicionales, deberían incrementarse. Sin embargo, ha ocurrido precisamente lo contrario. No solo se han contraído las exportaciones petroleras, debido a la caída de la demanda internacional, sino que también se han reducido las exportaciones no tradicionales, que en 2012 estaban en 17,9 mil millones de dólares y en 2016 solo registraron 13,5 mil millones.

En efecto, la devaluación del peso no ha conducido a un incremento de las exportaciones ni a un mejoramiento de la competitividad en precios de la oferta exportable del país debido a que lo que ocurre, en realidad, es que los exportadores obtienen más pesos por cada dólar vendido cuando esto ocurre y en ello reside su ganancia extraordinaria.

Por otra parte, la depreciación de la moneda nacional desestimula la inversión extranjera porque las utilidades obtenidas en pesos se convertirán en menos dólares. De igual forma, las importaciones sí que se encarecen con una tasa de cambio más alta. Si la industria nacional no produce bienes que sustituyan estas importaciones entonces éstas serán más caras y los mayores costos de los bienes importados impulsan la inflación. En la misma dirección se incrementa el valor en pesos de la deuda externa, del servicio de la misma, así como de los pagos por servicios comerciales, financieros y profesionales recibidos. En resumen, se deteriora la posición financiera externa del país y ello se traduce en una pérdida en la confianza en su futuro económico.

La más importante lección de este proceso es que la verdadera competitividad de los bienes exportables no se obtiene por vía cambiaria sino mejorando la calidad y la productividad de los procesos productivos. Los ejemplos de Alemania y Japón en las décadas de los años 60’s y 70’s del siglo XX lo demuestran. Ambos países incrementaron notablemente sus exportaciones con monedas que se apreciaban debido al eficaz desempeño de sus respectivos sectores industriales y al fortalecimiento de su posición externa.

*Director del Centro de Estudios sobre la Cuenca del Pacífico. Pontificia Universidad Javeriana Cali.

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