Celebridades

Carlos 'el gordo' Benjumea confiesa los secretos de sus 50 años en la TV

Marzo 05, 2017 - 07:40 a.m. Por:
Por Isabel Peláez y Anderson Zapata |  El País
Carlos 'el gordo' Benjumea

Carlos 'el gordo' Benjumea

El País.com.co

Aunque quería ser músico, terminó siendo mafioso, rey campesino, sacerdote, monja e incluso Jesucristo en una de sus primeras apariciones en teatro. Hoy en día, Carlos Julio Benjumea Guevara, a sus 76 años, es considerado “una leyenda viviente de la televisión, el cine y el teatro en Colombia”.

Precisamente este sábado, en la edición 33 de los Premios India Catalina, durante el Festival Internacional de Cine de Cartagena, Carlos ‘El Gordo’ Benjumea recibió el Premio ‘Víctor Nieto a toda una vida’, como reconocimiento a sus 50 años de vida artística.

Nacido en Bogotá el 27 de enero de 1941, tiene fuertes lazos que lo unen al Valle del Cauca, donde vive gran parte de su familia y donde se sometió a una cirugía bariátrica en 2010, cuando pasó de tener 245 kilos a 90. Años después rechazaría un trasplante de riñón y se sometería a diálisis, solo por no quitarle la posibilidad a un niño de recibir esa donación.

Actualmente interpreta a Hernando Cabal, un personaje de la telenovela de RCN, ‘La Ley del Corazón’. Para desplazarse por los pasillos del canal y llegar al estudio, el actor usa una silla de ruedas con motor, debido a que tiene algunos problemas de movilidad y respiratorios. Él lo define como un “personaje extraño”, que le exigió aprender el léxico de los abogados.

¿Qué significa este reconocimiento de los Premios India Catalina?

Me siento muy agradecido con todo el mundo, con los medios, con los compañeros y con mi familia que me ha soportado todos estos años. Y muy contento, entenderás, un reconocimiento de estos es muy bonito.

¿Qué le implica personificar a Hernando Cabal en ‘La Ley del Corazón’?

Pues mira que es un personaje muy extraño, jamás me imaginé estudiar todo el léxico de los abogados, pero me ha tocado para entenderlo y hacerlo. Él es el jefe, habla poco y se sabe rodear muy bien.

En ‘Escobar, el patrón del mal’, hizo de Fabio Ochoa. ¿Qué piensa de las críticas que le hacen a estas series?


Me parece que al principio era anecdótico, pero ya casi que es una apología del delito. Se han hecho tantas series sobre narcotráfico, que ya casi todos somos narcotraficantes.

¿En qué se inspiró para su personaje en ‘Allá te espero’?

Ese personaje es el prototipo de los viejos finqueros del Quindío, que a raíz de la crisis cafetera, llegaron a una quiebra y ahí se les desbarataron las familias. Era un personaje bien difícil, porque en el Quindío existía la costumbre que los hombres se casaban con mujeres jóvenes y después las perdían.


A su personaje le ponían los cachos, ¿en la vida real puso o se los pusieron?

No sé si me los han puesto, pero si me los han puesto, fue muy bien.
Confiese...

¿Fanny Mikey fue su único amor platónico?

Fanny no solo fue mi amor platónico sino mi compañera de trabajo y mi amiga y a quien admiré muchísimo por lo que ella hizo por el teatro.
Dice que su primer matrimonio se acabó por inmadurez y que se casó de nuevo por inmaduro, ¿verdad?

Así es. La primera me gustó y dije, ‘voy a repetir a ver cómo me va’.

¿Y fueron sus únicas novias?

Es que no tuve tiempo de más y era muy tímido.

¿Y sí venció la timidez a través de la actuación, como quería?

Cuando estoy frente a las cámaras o estoy en un escenario es cuando yo logro vencerla, pero en la vida real sigo igual de tímido.

¿Qué dijeron sus padres cuando lo vieron actuando, después de inscribirse en la escuela a escondidas?

Bueno, ellos siempre pensaron que he debido meterme a una profesión que diera plata. Al final cambiaron de opinión.

¿Qué tiene de vallecaucano?
De vallecaucano tengo la sangre, mija. Mi mamá, mis tíos son todos de Dagua y la mayoría de mi familia vive en Cali.

¿De dónde heredó el buen genio?
Mira que los vallunos casi nunca son de malgenio, ¿Te has dado cuenta? Yo creo que de ahí.

¿Por qué dice que ‘El taxista millonario’, la primera película en batir récord en taquilla es mala, pese a que le dio reconocimiento?

Sigo pensándolo igual, fue mal dirigida, mal escrita y mal actuada.
¿Y qué película en la que ha actuado lo dejó satisfecho?
Aún no la he hecho, mi amor.

¿Cuál ha sido su personaje más complicado y el que más satisfacciones le ha dado?

En teatro yo hice ‘No me descubras Cristóbal’, que fue muy agradecida, de un director de orquesta que hacía en café concert. Y en televisión ‘Los limones de Sicilia’, de Luigui Pirandello. Pero la última novela que hago siempre es la más agradecida.

¿Y sobre la primera telenovela colombiana, ‘El 0597 está ocupado’, en la que participó, qué dice? ¿Qué era lo mejor de la televisión en esa época?

Lo más bonito es que era una técnica nueva hace 60 años y lo más difícil era poderla realizar. Si la comparamos con hoy en día no hay nada que hacer. Pero si no se hubiera dado ese principio, no estaríamos haciendo hoy las maravillas que se hacen.

¿Y de ‘Yo y tú’, seriado que duró varias décadas al aire, qué recuerda?

Esta comedia semanal duró 25 años. Yo trabajé 10 años ahí. Y aprendí la mejor lección de televisión que me la dio Alicia del Carpio, cuando me dijo: ‘La televisión es fingir algo real’.

¿Cuándo le pusieron ‘El Gordo’?

Cuando empecé a trabajar me decían ‘Gordito’, luego ‘Gordo’, después gordo pendejo, gordo marica, gordo hp...

¿Qué lo llevó a bajar de peso?
A mí me hicieron como 25 cirugías, pero ninguna estética, el bypass fue por salud, pero muchos no lo entendieron.

¿Al perder peso, perdió papeles?
Nooo... a uno lo llaman. Uno va haciendo cosas, lo que salga.

También se le ha conocido en la faceta de empresario: Fundó Coestrellas, montó el café concert La Casa del Gordo, ¿Le va bien en los negocios?

Me va bien, pero me rodeo mal. Cuando fundé Coestrellas hice toda la televisión que quise, en el café concert igualmente, lo mismo en el teatro, en el cine igual. ¡Ahí voy!.

¿Y qué ha pasado con el sueño de ver hecha realidad su película ‘Solo para mayores’?
En este momento ya ni sé porque no he querido hacerla, en la medida en que la hice, el reparto se me fue muriendo. Lo presenté al Ministerio a la licitación de cine, pero no gustó, yo creo. De pronto me vuelvo a presentar, no sé. Lo único que me falta para hacerla es plata.

¿Después de ‘La ley del corazón’ en qué proyecto está trabajando?

Tengo escrito teatro, novela, cine, lo que salga.

Usa el whatsapp y el computador. ¿Le gusta mucho la tecnología?

Me encanta y sobre todo la tecnología que tiene que ver con mi trabajo, me gustan las cámaras y las luces nuevas, el sonido nuevo, todo eso me encanta.

Sus hijos dicen que usted no los castigaba, que les daba lecciones. Cuéntenos alguna anécdota...

Por ejemplo, una vez perdieron el año Marcela y Luis Eduardo, yo los invité ese día a almorzar, a comer helado, a cine, les compré ropa. Y al final del día les dije: ‘Bueno, estoy feliz de que hayan pasado el año’. Y los dos casi en coro me dijeron: ‘No, lo perdimos’. Me tocó decirles: ‘Ay, lástima. Yo pensé que lo habían ganado’.

¿Cómo es como abuelo?
Como abuelo sí soy el alcahueta total, adoro a todos mis nietos (tiene 8).

Hijo rebelde
Carlos Benjumea

Benjumea protagonizó la novela ‘Don Camilo’, allí le daba vida a un cura.

Especial para El País

‘El Gordo’ desde pequeño fue inquieto, tanto así que con solo 14 años ya tenía varias historias que contar, pues había sido expulsado de varios colegios. Para su madre Amelia Guevara fue una total sorpresa que Carlos le manifestara que quería ser actor, tanto así que decidió falsificar su edad en la partida de bautismo y le puso 18 años con el fin de que prestara servicio militar. “Mis padres querían que yo estudiara o hiciera algo que diera plata”, recuerda este precursor de las telenovelas colombianas.

En el mundo militar vivió varias experiencias, unas buenas y otras no tanto. “Yo era muy hiperactivo. Un día me pillaron robando varios panes para venderlos en la cafetería y me descubrió un teniente que de ‘rata’ no me bajo. A él se le ocurrió castigarnos y a la media noche le toqué la puerta del cuarto, él abrió y arrojé una caja llena de ratones en su cuarto. El tipo no sabía que hacer”, rememora.

Paola Benjumea, hija del actor, cuenta que una hermana de su mamá que trabajó en el batallón donde estuvo su padre, les confesó que aún conservaban tres cajas de expedientes negativos de su padre. “La verdad es que él era muy insoportable”, dice Paola.


Su rebeldía era tal que a los 15 años se matriculó, a escondidas de sus padres, en la Escuela Nacional de Arte Dramático, de Bogotá, capaba clases en el colegio para asistir a las del profesor Víctor Mallarino (padre), fue compañero de Gustavo Angarita y Consuelo Luzardo. “El día que salimos graduados como actores profesionales nos fuimos a la Plaza de Bolívar a preguntarnos qué íbamos a hacer de ahí en adelante. Eramos actores sin puesto”, cuenta quien también fue director del Sena.
Lo que ellos no se imaginaban es que, casi 60 años después, serían catalogados como los actores más importantes de Colombia, siendo debutantes en la televisión, el teatro y el cine colombianos.

Una de las primeras participaciones de ‘El Gordo’ fue en la obra ‘El fantasma de Canterville’, en 1971, y más tarde, en varios papeles humorísticos en películas de las décadas de 1970 y 1980 como ‘El taxista millonario’ o ‘El inmigrante latino’.

En medio de los estudios de grabación de producciones como ‘Yo y tú, una comedia costumbrista colombiana que duró más de 20 años al aire, ‘Estudio 15’ y de participar en una comedia caleña en los años 70, se conoce con Fernando González Pacheco.

Uno de los primeros proyectos entre ‘El Gordo’ y Pacheco fue ‘Coestrellas’, que los convirtió prácticamente en familia. Incluso hubo quienes creían que eran “pareja sentimental”. “Es de las amistades más lindas que he conocido porque no necesitaban verse todos los días ni llamarse. Jugaban mucho, parecían niños”, recuerda su hija Paola.

Benjumea lleva 39 años de casado con Liz. Tiene cinco hijos –Marcela, Ernesto, Paola, Álvaro y Luis Eduardo– y siete nietos. Los dos primeros son actores consagrados en la televisión y el resto se mantienen cercanos al mundo de los medios de comunicación y del espectáculo.

“Yo duré cinco años vagando con algunas decisiones que no me salieron bien, pero un día mi papá me planteó la opción de trabajar como actor. Cuando le confirmé que me había decidido por la actuación él me apoyó incondicionalmente”, recuerda su hijo Ernesto Benjumea. A él le gusta mucho de su padre el personaje de Don Camilo, en una novela con dicho nombre de 1987, porque para él reflejó muchas de sus cualidades, “como el humor, la ternura y la sencillez con la que trabaja”.

Claro que también es terco y obsesivo, según su hija Marcela Benjumea, “algo que se transforma en cualidad a la hora de actuar”, dice. Ella cuenta que Carlos no suele criticarlos, les da lecciones de vida: “Una vez me fui a una fiesta al escondido y mi papá se apareció allá disfrazado de gomelo. Se puso a bailar y fue el centro de atracción de la celebración. Para mí fue un oso. Para qué más castigo”.

Desde hace cuatro años, debido a una insuficiencia renal, Carlos Benjumea, quien reside en Girardot, debe someterse a diálisis tres días a la semana.

El ganador de un TVyNovelas A Toda una Vida y como Actor de Reparto Favorito por Allá te Espero, dice que “la vida es corta, pero lo suficientemente larga para no dejar de soñar”.

Padre amoroso
Carlos ‘El Gordo’ Benjumea

Carlos ‘El Gordo’ Benjumea vive rodeado del cariño de su familia. Sus hijos le agradecen el ser un padre que daba lecciones en vez de regaños.

Especial para El País

Solo tuvo dos novias y con ambas se casó, a los 22 con Julia Plazas con quien tuvo a sus hijos Marcela y a Ernesto y luego con Liz Yamayusa, su esposa actual y madre de sus hijos Paola, Luis Eduardo y Álvaro.
El también actor Ernesto Benjumea dice que de niño ser el hijo del ‘Gordo’ Benjumea “era como un lastre. Mi papá era una gran estrella en este país, eso hacía que no pudiéramos ir a la playa, salir a comernos un helado o caminar en la calle. Incluso, para entrar a un colegio, me tocó negar que era hijo de él”.

Sin embargo, lo que en un principio fue una carga, luego se convirtió en motivo de orgullo y hasta en un impulso para su carrera y la de su hermana Marcela, quien es recordada por su impecable interpretación de la mamá de Marbelle en la telenovela ‘Amor sincero’.
“Cuando empezamos nuestras carreras los medios voltearon a mirar qué hacían los hijos ‘del Gordo’. Eso a mí en este mundo siempre me ha favorecido. Es una figura que representa una manera de entender nuestro trabajo y de asumir las responsabilidades que se tiene”, dice Ernesto, quien llegó a ser compañero de todos los actores con los que su papá trabajaba.


“Cuando estoy en el rodaje de una producción, pienso en lo que mi papá me enseñó, que es una profesión que hay que hacerla con mucho amor, aunque sirva poco”, dice Benjumea.


Por su parte, Marcela, quien describe a su padre como “dulce y solidario”, cuenta que él los apoya a ella y a sus hermanos en todas sus decisiones. “Es consejero, cómplice, amigo”.

Para Ernesto cada lección que les ha dado su padre ha sido sabia: “Mi papá estaba en la gran empresa del cine y el teatro en Colombia y era muy relajado con nuestro estudio. Cuando vio que íbamos mal nos llevó de paseo, fue una manera de hacernos ver a nosotros el error en que estábamos. Cuando la gente fracasa, lo único que necesita no son regaños. Y recibir de mi padre apoyo ante una situación de fracaso fue interesante”.

Aunque para Carlos Benjumea la actuación es un oficio “desagradecido”, para sus hijos Colombia sí ha sido agradecida con su padre. “Con mi padre sí, él es una excepción, porque el apoyo que hay para la cultura es intermitente, se necesita de una legalización que no está actualizada y muchos actores que viven de su trabajo no han podido cumplir muchos sueños”, asegura Ernesto, a quien le enternecen las manifestaciones de cariño que el público colombiano tiene con su padre.

Según sus hijos, ‘El Gordo’ sabe llevar muy bien la enfermedad, ese problema en los riñones que desde hace algunos años padece, que es parte de las secuelas de sus kilos de más.

Dicen que tiene una vida estable a pesar de ser un adulto mayor, asiste juicioso a las diálisis varias veces a la semana, eso hace parte de su rutina. “Esa dolencia es dura pero ya la ha asimilado en su vida y la ha llevado muy bien”, afirma Ernesto.

Y no es que ‘El Gordo’ Benjumea esté como su personaje ‘El taxista millonario’ nadando en plata, pero “está bien económicamente sin la ayuda nuestra”, admite Ernesto.

“Él ha tenido trabajo por mucho tiempo y vive bien. Eso sí, si quisiera reclamar derechos de autor o regalías por lo que ha hecho, no viviría bien, sino maravillosamente bien y podría crear y desarrollar más proyectos. Hay una gran deuda con los actores del país”, agrega.
No sabe si el bajar de peso influyó o no en los castings de su padre. “Detrás de los escritorios de los productores se toman decisiones por unas razones que los actores ignoramos”.

Pese a ser un precursor en la televisión colombiana, vive en el presente y se goza cada avance tecnológico, al punto que es fanático de las revistas de tecnología.


Está pendiente de cuanto invento nuevo sale en esa materia y no ha tenido problema alguno con la llegada de los nuevos smartphones.
En diálogo con Colprensa, Benjumea adelantó que está trabajando en su autobiografía: “Llevo un año en el cual avanzo, pero luego me devuelvo; borro y vuelvo a comenzar. Me ha costado mucho trabajo, sobre todo porque se me olvidan muchas cosas. Pero ahí voy, escribiéndola con ese ejercicio de la memoria, que a veces juega contigo”.


Admitió que “mirar al pasado me resulta un poco dramático, hay cosas que reconoces que no las volverías hacer y eso genera dolor. También hay momentos en que hiciste lo que hiciste y, pese a como salieron las cosas, reconoces que así debiste hacerlas”.

En noviembre pasado terminó una telenovela, está culminando la obra de teatro ‘Seven’, sobre los siete pecados capitales, y ya está lista ‘Abajo el telón’. Dice que “aprender a vivir la vejez es lo más difícil. A uno le siguen gustando las jóvenes, uno las saluda y le responden: ‘Hola abuelito’. Y allí se acaba todo”.

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