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El narcotráfico le quitó la adolescencia a muchas niñas en Cali: Power Paola

El narcotráfico le quitó la adolescencia a muchas niñas en Cali: Power Paola

Paola, 13 años, vive en lo que de algún modo puede considerarse una familia normal: padre, madre, hermanas, salvo que eso que llama normal ha empezado a resquebrajarse hace varios años a sus espaldas y, poco a poco, empieza a revelar sus profunda grietas.

Su padre es un sacerdote que renegó de su vocación. Su madre parece no muy satisfecha con el matrimonio que lleva y una de sus hermanas entra a un convulso mundo juvenil en el que se mezclan drogas, alcohol, sexo, un embarazo no deseado y maltrato físico por parte de su novio.

Paola vive en Quito, Ecuador, pero en el comienzo de su adolescencia llega a Cali, Colombia. Es 1990 y la guerra entre los carteles de Cali y Medellín es una apoteósis oscura y sangrienta y ella, Paola, se convierte en una testigo de la degradación en la que la ciudad va cayendo poco a poco, de aquellas nuevas formas de vida -y de muerte- que van modelando a los chicos de su generación, y en ella crece el sentimiento cada vez mayor de estar en pelea con el mundo, de no estar satisfecha con su entorno, de no pertenecer.

La historia es una reconstrucción autobiográfica que la artista plástica y dibujante PowerPaola, contó a través de su novela gráfica ‘Virus Tropical’.  El libro, publicado en 2009 por la editorial La Silueta, fue llevado a todo el continente suramericano y a varios países europeos y se convirtió en una película animada y en blanco y negro que lleva el mismo nombre y que se ha presentado en festivales de cine como el de Berlín, de Texas, de Cartagena y de Buenos Aires.

Hablamos con Paola Gaviria, PowerPaola, quien se encargó de dibujar cuadro por cuadro los fotogramas de la película ‘Virus Tropical’, que llega este jueves a las carteleras de cine colombiano.

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¿Cómo fue su adolescencia en la Cali de los 90, en plena guerra del narcotráfico?

Bueno, como cualquier adolescente que hubiera vivido esa época. Digamos que de algún modo vivíamos en el ‘lejano oeste’ pero pensábamos que eso era normal. Es decir, vivía en una ciudad en donde estallaban bombas a cada rato, en donde se presentaban tantos asesinatos en tantas partes y uno no podía caminar tranquilo por ninguna parte, pero en la que de algún modo habíamos normalizado todo eso. Fue con el tiempo, cuando salí de Cali y del país, que pude hacer esa reflexión, que pude entender que eso no era normal. Y bueno, me sigue pasando. Yo amo andar en bicicleta, en Buenos Aires siempre lo hago a cualquier hora, incluso si voy a una fiesta voy en bici y a las 3 o 4 de la mañana regreso sin temor a que me vayan a hacer algo. Y me parece muy extraño saber que hacerlo en Cali es exponerse a muchos riesgos. Me parece extraño que se haya normalizado eso de andar con miedo en casi todas partes...

Tanto en la novela gráfica como en la película ‘Virus Tropical’ se puede ver que tuvo una adolescencia difícil, la de una niña que parecía no encajar del todo en la ciudad, en el colegio, en la familia...

Sí, esa era la sensación que tenía y que se debía a muchas cosas. Una de ellas tenía que ver con el hecho de migrar, de haber crecido en Quito y luego llegar a Cali. Y creo que con el tiempo, cuando me hago artista plástica, esa sensación de no pertenecer del todo a la sociedad, de estar en pelea o no estar del todo satisfecha con la sociedad, con lo que el mundo nos exige, ha estado presente en todos mis dibujos.

Power Paola

La artista plástica PowerPaola, autora de la novela gráfica 'Virus Tropical'.

Giancarlo Manzano / El País

¿Y cuál fue su válvula de escape en esa ciudad tan hostil y violenta que era la Cali de los 90?

Para mí fue una fortuna encontrar ‘Que viva la música’ de Andrés Caicedo, una novela que me mostró una ciudad diferente. A través de esa novela yo empecé a comprender mejor algo que ya había empezado a notar, y era esas diferencias de clases tan tremendas que tiene Cali. Por ejemplo, en mi adolescencia yo no tenía amigos afros, y estando en una ciudad en la que hay tantas personas negras. Pero también empecé a entender que la salsa de algún modo se había convertido en una música que permitía la mezcla dentro de la sociedad, una música que unía a los afro con los blancos. Y eso fue muy importante para mí, tanto que me volví supersalsómana.

Santiago Caicedo, director de la película ‘Virus Tropical’, me dijo con cierto sarcasmo que de algún modo la película era una gran receta para el fracaso. Una película animada, para adultos y en blanco y negro. Sin embargo, ha sido muy bien recibida en todo el mundo...

Yo creo que lo que sucede, y eso es algo que me llama mucho la atención, es que la gente llena la película con su propia vida. La gente siempre habla de su propia vida cuando sale de la sala de cine y se identifica porque en el fondo creo que todos en algún momento de nuestra vida tenemos una pelea con la familia, con la sociedad, con el mundo. Hay muchas formas de relacionarse con la película, cada quien tiene una forma de relacionarse con ella. En ‘Virus Tropical’ no suceden grandes dramas, son dramas pequeños con los que la gente se identifica, tanto adolescentes como adultos.

La película, sin embargo, nunca se propuso ser un hit comercial, sino más bien un proyecto muy artístico, de autor...
Desde que hice la novela gráfica en la que se basa la película, yo hice un dibujo que no es muy académico, un dibujo que no es realista sino más bien primitivista, grotesco, y que en el mundo del cómic no está muy bien visto. A pesar de eso, a la novela gráfica le fue muy bien y se publicó en casi todos los países de Latinoamérica, en Francia, Brasil, Italia. Luego, cuando Santiago concibe la idea de hacer una película, nos metimos en el proyecto a hacerla del modo que quisiéramos, a trabajar muy libremente, como nos diera la gana, y con mucho amor. Creo que eso también explica por qué es tan bien recibida.

Al ver su trabajo uno encuentra en él muchas militancias, el feminismo, también el ambientalismo, incluso el pacifismo...

Sí, mis trabajos son militantes. A mí no me gusta encasillarme dentro de una corriente política determinada, pero mis dibujos sí son militantes y asumen posturas. Para mí, en mi adolescencia, era obvio que las mujeres tenían los mismos derechos que los hombres, pero con el pasar del tiempo me fui dando cuenta de que no era así, de que había tratos de la sociedad a la mujer que no me gustaban para nada y todo ese malestar que me generaban fue apareciendo en mis dibujos. Y hablo de temas que creo importantes para todos, como el cambio climático o las responsabilidades ecológicas de todos. Yo creo que de algún modo nosotros somos privilegiados, tenemos acceso a muchas cosas y en mi caso, podemos vivir de nuestro trabajo artístico y creo que por eso mismo no nos podemos quedar en silencio. Tenemos que hablar de las cosas que no andan bien en el mundo, no podemos hacernos los tontos con lo que pasa en el mundo. Mi padre fue una de las personas que me enseñó que hay que rebelarse contra las instituciones, que hay que ser rebelde, y esa es una de las premisas de mi trabajo.

La libertad individual también aparece de un modo muy fuerte en sus dibujos...
Yo creo que al mundo entero le falta imaginación y desde siempre he luchado contra lo que el mundo quiere hacer de nosotros. Cuando estaba en el colegio en Cali, a mí me gustaba ir en bicicleta, y por eso me ganaba que me molestaran mis compañeros. A veces me iba en la ruta del bus y algunas veces prefería irme en bicicleta, porque me gustaba montarla y porque para mí la bicicleta es un lugar para ser feliz. Pero eso implicaba que mis compañeros se burlaran porque llegaba sudada o por el solo hecho de ser la diferente. Pero yo me enfrenté a eso y me enfrenté también a lo que esa Cali de los 90 estaba empezando a hacer con muchas niñas, que era esa presión por tener un buen cuerpo, por tener tetas grandes y cintura pequeña y demás, toda esa estética de los narcos que empezó a filtrarse tan fuertemente en la sociedad. Entonces a través de mis dibujos yo me enfrento a eso, yo defiendo la libertad individual y el derecho de todos a ser como queramos ser. Hay muchas formas de ser en el mundo, no solo esa que se nos imponen desde que vamos al colegio, y en mis dibujos aparece ese deseo de libertad, ese defensa de la individualidad de todas las personas. Si yo no quiero trabajar para comprarme un apartamento y un carro eso está bien, esa también es una manera válida de estar en el mundo.

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