cultura

"Los medios como los hemos conocido van a cambiar": Alejandro Santos

La Revista Semana hizo su aparición en 1982, en la antesala de las elecciones presidenciales de ese año. Nadie previó que 35 años más tarde Colombia transitaría hacia la reconciliación después de medio siglo de conflicto armado.

Pero en tres décadas y media no solo cambió la historia del conflicto armado, también se modernizó un país rezagado y encerrado en sus fronteras y se hicieron más visibles las brechas entre la Colombia rural y la urbana, al tiempo que las redes sociales interconectaron a un mundo antes disperso y democratizaron el acceso a la información.

Fundada por Felipe López Caballero, en estos 35 años Semana ha denunciado la parapolítica, el paramilitarismo, abusos de poder en las Fuerzas Militares, así como la extralimitación de funciones, los seguimientos e intereceptaciones irregulares del DAS, en el escándalo conocido como las ‘chuzadas’ contra magistrados, políticos opositores, periodistas, sindicalistas y defensores de Derechos Humanos.

Esta investigación periodística, que al comienzo representó para la revista un costo y un desgaste muy alto y que le valió fuertes ataques desde sectores que la acusaron de ser “enemiga de la democracia”,
finalmente probó su valor y condujo a la liquidación del Das, organismo de inteligencia que terminó convertido en una suerte de máquina criminal.

Con la coyuntura de los 35 años de Semana hablamos con su director, Alejandro Santos Rubino, sobrino nieto, nieto e hijo de periodistas y quien lleva 17 años al frente de una empresa informativa que ahora se reinventa como “empresa intelectual”.

Los colombianos se acostumbraron a no pagar por la información noticiosa que se sube a la web. En estos 35 años de grandes cambios en el modelo de negocio de los medios, ¿qué puede esperarse en materia de cobro por contenidos?

Los medios estamos viviendo una revolución tan importante como la de Gutemberg y la imprenta. Hay muchos sectores amenazados y los medios son uno de esos sectores. Se vive una gran paradoja, porque los medios tienen cada vez más influencia por las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, pero al tiempo el modelo de negocio se ve afectado por la crisis de la publicidad. El periodismo nunca va a desaparecer porque la buena calidad es esencial para que una sociedad tome decisiones, pero los medios como los hemos conocido sí van a cambiar. El mundo gira hacia la valoración de la calidad, y la calidad ya no puede ser gratis, así como no es gratis el sistema de suscripción en televisión por Netflix, Apple TV, entre otros. El sistema de suscripción digital en las noticias es inminente.

¿Qué cambios ha tenido, por ejemplo, el modelo informativo y de negocio de Semana?

Semana nació como revista en 1982, en los años noventa se convirtió en un grupo editorial con varios títulos; en el año 200 pasó a ser una empresa multimedia y hoy en día nos convertimos en una empresa intelectual que gira en torno a las ideas.

¿Qué implica eso de convertirse en una “empresa intelectual”?

El periodismo es y seguirá siendo el alma de la empresa y se va a expresar en revistas, en tabletas, en el mundo digital con todas sus posibilidades. Pero, adicionalmente, hemos creado unidades de negocio en torno a grandes temas. Foros, conversatorios, espacios de discusión, educación, rural. Es decir,  Semana ya no solo es una revista sino una marca independiente y comprometida con el país, y eso lo expresa en todos sus proyectos a través de temas de debate intelectual esenciales para Colombia y sus regiones.

En tiempos de la posverdad, cuando pululan las noticias falsas a través de las redes sociales y más personas buscan leer y creer lo que refuerce sus sesgos, sus prejuicios y sus ideas preconcebidas, ¿hay también una oportunidad oculta para los medios?

Absolutamente. La democratización de la información que trajo consigo las redes sociales fue un oxígeno, pero lamentablemente
migra hacia la manipulación y la exacerbación de los odios y la divulgación sistemática de noticias falsas. Y ha llegado a un punto crítico que amenaza la democracia porque, al contaminar la información, induce la toma de decisiones muy cuestionables. Creo que el péndulo de la historia va a volver a la valoración del contenido de calidad, con fuentes profesionales y confiables.

"La democratización de la información que trajo consigo las redes sociales fue un oxígeno, pero lamentablemente
migra hacia la manipulación y la exacerbación de los odios"

¿Cómo define ese “buen periodismo” por el que vale la pena pagar?

Buen periodismo es tener un espíritu crítico, capacidad de contextualización, es tener carácter, pasión por buscar la verdad, sensibilidad para conectar con la realidad. Tener la creatividad para hacer que lo que importa interese. Y sabiduría, para que los temas complejos de la sociedad puedan ser entendidos.

¿Por qué Semana ha perdurado 35 años mientras otras revistas han desaparecido?

Armar una revista es un arte, por eso buscamos un equilibrio. El componente de investigación, los temas políticos, económicos, los columnistas, las caricaturas, los confidenciales y hasta la página social hacen parte de ese retrato, de ese espejo de Colombia. El valor más importante de Semana es que, más allá de su poder e influencia, es una revista para la familia nacional. Más de la mitad de los suscriptores de la revista está fuera de Bogotá.

¿Cómo armó esa “receta” de columnistas de la edición impresa de Semana, uno de los grandes valores de la revista?

Tenemos cinco columnistas y cada uno con su sello distintivo. En un medio cada columnista debe tener un “carácter”. Daniel Samper acude a la sátira política como una forma de cuestionar el mundo, Daniel Coronel ha logrado que su influencia se deba a una columna de investigación donde la denuncia es su sello distintivo, María Jimena Duzán es la clásica columnista crítica, coyuntural y articulada. Y Antonio Caballero es el columnista intelectual. Ahora experimentamos con una columna rotativa, para darle voz al espectro crítico de sectores de la derecha.

¿Qué grandes rediseños han hecho en este tiempo y por qué?

Hay dos maneras de hacer rediseños: algunos cambian la forma de concebir gráficamente la información, y otros ajustes se hacen con el tiempo, de manera más imperceptible. Buena parte del secreto de Semana ha sido haber ejercido el papel de contrapoder frente al abuso y su gran capacidad de investigación. Denunciamos la parapolítica, cuando el paramilitarismo se estaba tomando el poder político; semana destapó las chuzadas del DAS, ha denunciado abusos en las Fuerzas Armadas.

¿Qué balance hace del país que se cubría hace 35 años y la Colombia de hoy?

Soy hijo de una generación que ha vivido bajo el yugo de la violencia narcoterrorista y la barbarie paramilitar y tantas historias complejas, tan trágicas que uno a veces ya piensa que eso es lo normal en un país, y adquiere cuero y no ve posibles salidas civilizadas ni esperanza, ni cree que uno puede hablar sobre las diferencias para tratar de superarlas. Como un periodista que ha informado sobre un país violento y paria internacionalmente, con Escobar, Tirofijo y Castaño, esta etapa de transición hacia el posconflicto permite ver un futuro donde, como generación, dejemos atrás los flagelos de décadas. Es normal que haya miedos pero este es el momento para dar un salto a la modernidad, al entendimiento, a la razón, para apostar por la democracia a pesar de las diferencias.

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