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Sus pies, la esperanza de los venezolanos en medio de la crisis que atraviesa el país

Sus pies, la esperanza de los venezolanos en medio de la crisis que atraviesa el país

Están sentados en algún lugar de la vía. Van hacia el sur. Van. Caminan. En la foto se puede ver que son catorce, entre ellos dos niños de no más de tres años.

Es domingo, día de la madre, y tras la mujer que carga a su hija dormida y que mira a su esposo en muletas, una valla publicitaria habla de días felices en hogares felices.

Son venezolanos. El hombre que hizo la foto - se llama Aymer Álvarez, ha sido fotógrafo profesional por más de 40 años, trabajó para este periódico - se enteró de que llevaban 25 días caminando: salieron del estado de Carabobo, en Venezuela, y caminando cruzaron la frontera y caminando llegaron hasta Bogotá y caminando, o quizá en las partes traseras de camionetas o camiones o volquetas, llegaron a Cali y aquel día caminaban en la margen de la vía que conduce a Jamundí con la esperanza de llegar alguna vez a Ecuador o a Perú.

A él, a Áymer, le dijeron que estaban fatigados, exhaustos. Que no les ha faltado la comida, que los colombianos son muy solidarios, que muchas gracias, y que prefieren seguir caminando hacia el sur, porque en otros países las cosas están mejor, porque en Colombia ya hay muchos venezolanos, porque sus familiares están allá, en Perú, en Ecuador, y los esperan.

Muchas gracias, le dijeron, pero tenemos que seguir.

Entonces Aymer, que iba a Jamundí a celebrar a su madre, me cuenta, se quebró, no pudo. Se quebró como lo hizo tantas otras veces, cuando fotografió niños y niñas y madres y padres huyendo del conflicto en este país, cuando fotografió a quienes dejaban casas y hogares y cadáveres en busca de algo, no sabían qué, solo en busca de algo a ciudades como Cali o Bogotá o Medellín o cualquier otra.

Se quebró porque recordó ese día de su infancia cuando su madre, con sus seis hijos, entre ellos él, con tres años, salió de Caicedonia para sobrevivir a la violencia.

¿En qué consiste la esperanza? O mejor, ¿en qué consiste la desesperación?

¿Cómo es decidir un día hacer maletas y tomar las cobijas y echarse a su hijo en brazos y salir a caminar, hacia algún lado, convencido de que los pies, tan frágiles, nos llevarán? ¿Cómo es decidir salir a caminar más de 2.300 kilómetros en muletas, sin una pierna, como el hombre de la foto?

Y Áymer me sigue hablando, imparable, y me cuenta que muchos de los que iban en carro se detuvieron, les regalaron billetes, monedas, que otros se quebraron con él, lloraron también, hubo quienes intentaron juicios políticos, pero luego todos se despidieron y se subieron a sus carros y Aymer hizo lo mismo, porque qué más podía hacerse, y entonces ellos, los venezolanos, se despidieron y volvieron a decir gracias y volvieron a caminar.

¿Qué más puede hacerse? ¿Alguien quiere hacer algo? ¿Por qué tanto silencio?

Los venezolanos hablan entre ellos, se miran, cuando menos no están tan solos, se tienen el uno al otro, la mujer tiene a su hija, el esposo tiene a su señora, los padres y los hijos se tienen mutuamente.

Hablan entre ellos. Se tienen ellos. Quizá saben que no hay nadie más en quién confiar, que nadie más quiere hacer mucho por ellos.

Migrantes venezolanos

Los venezolanos fueron fotografiados el domingo 13 de mayo de camino hacia Ecuador.

Áymer Álvarez / Especial para El País

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