cultura

Talento 'especial', el hermoso poder de esta agrupación de teatro de Cali

Cuando en la sala suenan las primeras notas de un tango de Raúl Garcés, Cristian - invisible al público - empieza a girar con sus manos la pequeña plataforma que sostiene a Mayra.
Ella, vestida de tutú, espera que una luz violeta descubra su presencia en la escena.

… Pero estoy lejos de ti
sin saber cómo estarás
si estarás pensando en mí
o no me recordarás...


Unos pasos más al frente, Eduardo José sostiene una rosa y una carta cruzadas en su pecho. Mantiene los ojos cerrados para dar a entender que aquella bailarina a su espalda es sólo el reflejo de un amor de ensueño.

Cristian, Mayra y Eduardo José comparten en ese instante el gusto por hacer teatro. Los tres, además, tienen Síndrome de Down; aquella condición que la ciencia atribuye a un exceso de cromosomas y que la vida explica como una ‘ñapa’ de dulzura en el corazón.

Junto a seis compañeros hacen parte de la Fundación del Colectivo Teatral Infinito (CTI), que lleva alrededor de catorce años logrando integrar a la población con trastornos mentales en el espacio cultural y social de la ciudad.

El caleño Harold Molina, egresado del IPC, es el fundador de este grupo. Ha dedicado toda su vida a las tablas y hace ya varios años que se encontró - de tope, sin buscarlo - con la ardua y satisfactoria tarea de formar actores de talento ‘especial’.

"A nivel neurológico tienen una discapacidad, pero tienen el aspecto lúdico mucho más desarrollado: les ayuda a cantar, actuar, bailar, y a todo lo relacionado con el arte”,
Paula A. Macías, 
fonoaudióloga.

El más reciente estreno de la Fundación es ‘Mío amor’, escrita por Harold y cuenta con la participación de Cristian, Mayra y Eduardo José, interpretando escenas como aquella ambientada por el tango de Garcés.

En esta obra - la primera en incorporar diálogos - el protagonista es ‘Memo’, un joven con Síndrome de Down que intenta convencer a su frustrado padre de que el amor sí existe, y de que lo ha encontrado en su cándido romance con ‘Anita’, una bailarina clásica que habita en su inspiración.

‘Memo’ es personificado por Eduardo José, quien es, tal vez, el más alegre del grupo. No se ahorra sonrisas ni saludos amistosos a quienes se acercan a la casa teatral. “Me gusta todo de aquí, todos son amigos míos y cada día aprendo más”, cuenta con disciplinado esfuerzo por pronunciar muy bien cada palabra.

Lleva tres años en la Fundación CTI, y además de ‘Memo’, en ‘Mío amor’, también ha encarnado al ‘Fuego’ en ‘Elementos’, una obra alegórica y sensorial en la que a pesar de no desarrollar diálogos, los actores tienen la oportunidad de bailar y sacar el mayor provecho a su lenguaje corporal.

Para Harold, artífice del proyecto, la más reciente obra, ‘Mío amor’, ha sido la “gran hazaña” del grupo teatral. “Me quedo aterrado del logro con este montaje. Cada uno tiene su rol. Yo dirijo y doy algunas indicaciones pero delego la responsabilidad de cada personaje a ellos. Cada uno se hace cargo y lo hacen muy bien. Eso es gratificante porque cree uno que ha logrado la inclusión de una población que usualmente es maltratada por la sociedad”, dice.

A los gestos de satisfacción que delata Harold al hablar de su colectivo teatral no les hacen falta más argumentos. Ha logrado junto a su esposa, Paula Andrea - pues si aún faltara emotividad, hay que decir que este es un proyecto familiar - establecer la primera y única escuela teatral de Cali para actores con Síndrome de Down, y una de las pocas en Colombia.

"Ellos son unos berracos, que en medio de todas estas falencias de la sociedad, y de incluso los obstáculos culturales de las mismas familias, han logrado decir ‘me gusta el teatro’ y alcanzar logros como ‘Mío Amor’”,
Harold Molina, 
director.

La gesta no ha sido fácil. Si se sabe que sostener una casa teatral en Cali es una misión heroica, hay que ver por lo que tiene que pasar un colectivo como el de la Fundación CTI, que ha evitado la “comercialización” del talento ‘especial’, como dice Harold, y ha buscado que sus méritos respondan a la “factura profesional” que puedan lograr sus actores.

La sala en la que se ha levantado este proyecto fue planeada, diseñada y construida por su director. ¿Cuántos más pueden decir esto? Para materializar su sueño, Lozano aprendió a edificar con ‘el acero colombiano’, la guadua, y montó lo que hoy es escenario de las más dignas destrezas, con capacidad para cerca de 70 personas y con un juego de luces y sonido que poco tiene que envidiar a los más tradicionales teatros de Cali.

Con un espacio que, si se quiere, en sí mismo es obra del arte, y con un cúmulo de expectativas por su propio proyecto teatral, Harold y Paula se han encargado desde la primera función en bregar, como toda iniciativa cultural, por mantener a flote dando tumbos entre la tímida taquilla y el apoyo gubernamental.

Fundación CTI Teatro Síndrome de Down

Harold Molina (d) es el director y fundador del colectivo.

Raúl Palacios / El Pais

Todo vale la pena para la obstinada pareja, al ver en la alegría, el cariño y el aprendizaje de sus actores el fruto de sus esfuerzos. “Para nosotros es algo de muchísimo orgullo”, cuenta Paula Andrea Macías, fonoaudióloga de profesión. “Yo, sin tener ninguna patología, no soy capaz de pararme en un escenario, me da miedo. Entonces ver a los muchachos parados ahí, con esa destreza y ver la factura con la que logran el espectáculo es gratificante”, añade.

Para los actores, además de una oportunidad de formación vocacional, la Fundación se ha convertido en un espacio de integración y esparcimiento, “una familia", en palabras de Mayra Alejandra, quien interpreta a ‘Anita’ en ‘Mío amor’.

“Soy muy feliz estando aquí”, confiesa. “Me gusta estar con todos mis compañeros porque los quiero mucho. Harold nos da clases y nos ayuda a mejorar el lenguaje, a saber pintar y a hacer otras tareas”, completa Mayra, de 22 años de edad.

A su lado, Eduardo José - con una infatigable sonrisa - asiente y agrega: “gracias a Harold y a Paula he podido aprender muchas cosas, por eso los llevo en el corazón”.

Así, siendo mentores-aprendices, ‘familiares' y amigos, el colectivo de la Fundación CTI busca seguir trabajando por el crecimiento de esta arriesgada apuesta en la oferta cultural de la ciudad. Por estos días preparan una nueva temporada de ‘Elementos’, y esperan que con cada función aquella sala tejida con guadua y corazón se vaya llenando de más enarbolados aplausos; está preparada para ello, y sus actores también.

...Solo sé que yo te quiero
con una inmensa pasión
y que mi más grande anhelo
es que no olvides mi corazón.

Fundación CTI Teatro Síndrome de Down

Eduardo José interpreta a Memo, un personaje que defiende ante su padre su historia de amor con Anita (Mayra Alejandra), la bailarina clásica de sus sueños.

Raúl Palacios / El Pais

Cuando regresa la luz, Eduardo José aparece junto a Mayra bajo el halo violeta y pegado a su tutú. Ahora la besa - es la escena final -. Oculto al público, Cristian empieza a girar a sus compañeros sobre la plataforma. Lo hace hasta que la sala está de nuevo a oscuras y un derrame de aplausos indica el punto final.

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