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El éxito de Belisario Marín, el hombre detrás de la agencia que lleva 40 años viajando por el mundo

El éxito de Belisario Marín, el hombre detrás de la agencia que lleva 40 años viajando por el mundo

1. La vuelta al mundo 

Asegura que ha recorrido el mundo siete veces, pero que no es un millonario. Se describe como un hombre humilde que, como él mismo dice, vende “pasajitos en la Plaza de Cayzedo” y que con lo que gana ¡se paga la cuota del carro y su almuerzo!

A pesar de que los viajes definitivamente son lo suyo, pues no tiene ningún destino pendiente, se considera incapaz de empacar bien una maleta. “Esa es mi mayor torpeza, para mí es posible irme vestido con cualquier prenda, la que me salva de eso es mi esposa”, confiesa Belisario Marín, un personaje, generalmente ataviado con su gorra de marinero, al que casi todo Colombia, en especial Cali, conoce.

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Es ese hombre que, espontáneo y fiel a su estilo, ha logrado tener por 40 años su empresa ‘Promotora Belisario Marín’, una de las agencias de viajes más importantes de Cali y de mayor reconocimiento nacional, y autor de los libros ‘Así triunfé, con sentido común’, ‘Afortunadamente, turistas no mueren todos los días’ y ‘Un sueño por la paz’.

Al llegar a Cali, hace más de tres décadas, sin dinero, sin estudios o amigos, buscó la manera de que la Corporación Nacional de Turismo le concediera el permiso provisional para organizar una agencia de viajes.

¿Cómo crea empresa alguien que llega a Cali sin dinero, amigos y estudios?

Cuando llegué sin nada, tuve varias ideas, una era irme por el hueco a Estados Unidos, con la ilusión del sueño americano, pero desistí gracias a alguien que me dijo que tendría que vivir lavando baños. Y una vez leyendo una revista de turismo, leí en la última página: “Coviajes presta dinero sin cuota inicial” y pensé: ‘Por Dios, se me apareció la Virgen. No falta sino una persona como yo que quiera a la gente, que les diga a todos ‘hermano’ y los convenza de viajar” y así se me ocurrió la otra idea, crear la promotora de turismo.

¿Cómo logra consolidarla?

Con mentiras piadosas. Mentí sobre todos los datos para consolidar legalmente la empresa. Y en Cali a un sacerdote franciscano que vendía pasajes a San Andrés no solo lo convencí de que me confesara por fuera de la iglesia sino también de que me regalara un tiquete. Insistí en que me confesara allí, por las mentiras que dije para tener los papeles. No solo creyó en mí sino que me dio los tiquetes para ir a la isla, dormí en hamacas y empecé a buscar hoteles. Planeé un recorrido de cinco días y lo reservé todo para dentro de dos meses. Volví donde el sacerdote, le mostré el precio, él hizo la carta para guardar 50 cupos y me dio 5000 volantes para vender los planes.

¿Qué recuerda de la primera excursión?

Que a los clientes los buscaba en los buses urbanos de Cali, me subía desde las 5:00 a.m. a decir: “Soy Belisario Marín, oriundo de Caicedonia, Valle, hijo de Erasmo y Gabriela. Los invito a San Andrés. Yo canto, cuento cuentos y tengan por seguro que los atenderé como reyes”. La mayoría rasgaba los volantes, pero dos o tres personas preguntaban: “¿Cuánto vale?”. Me sentaba y les hablaba hasta convencerlos. Así conseguí las primeras 50 personas, del primer viaje. El éxito fue tan grande que al año y medio ya era dueño de un hotel en la isla.

¿Cuál ha sido su clave del éxito?

La confianza en mí y mi creatividad. Tengo mil ideas, soy entusiasta, busco complacer a la gente, tanto que hoy, luego de 40 años, muchos son fieles. No sé inglés, no sé de internet, pero muevo cientos de personas.

¿Qué viaje lo sacó del anonimato?

Cuando invité al equipo América de Cali por haber obtenido por primera vez el título de campeón del fútbol colombiano. Un amigo me contó que la ciudad estaba de fiesta porque, por fin, se terminaba la maldición de la Mecha. Conseguí que la línea aérea SAM me regalara, por el sistema de canje publicitario, 20 pasajes aéreos en esa ruta. Para costear la alimentación convencí a los miembros de la Junta Directiva, el señor Pepino Sangiovanni y el médico Gabriel Ochoa, para que me dejaran hacer un partido amistoso en la isla, entre América y la selección de San Andrés y cobrar la entrada al partido.

¿En estos cuarenta años ha tenido que atravesar momentos difíciles?

Sí y muchos. Se me ha muerto gente. He tenido muchos problemas, pero siempre aconsejo que vean las situaciones como un hecho real que hay que resolver con alegría. Me dicen mucho: “¿Y usted por qué se ríe?”. Y yo digo: “Ante algo malo, qué más hacer”.

¿Qué sigue para Belisario Marín?

Estoy dedicado a traer gente a Colombia con una idea sencilla que consiste en decirles a los colombianos, que viven en el exterior, que se conviertan en los mejores promotores turísticos del país, invitando a sus mamás, esposas, amantes, amigos, compañeros y demás, a que compartan la habitación en un viaje a Colombia, que el turista extranjero pague un precio muy bajo por diez días en Bogotá, Cartagena, Eje Cafetero y Cali, mientras que el colombiano no paga.

¿Cuál es el mejor sitio al que ha ido?

Para mí, Madrid, por la comida, el idioma, el fútbol y la música.

¿Soñó de niño con ser tan exitoso?

No. Soñaba con hacer algo que me hiciera feliz. Ahora, no me veo en otra cosa. Cuando voy a dictar conferencias me preguntan si soy rico y les digo que no. Ese nunca ha sido, ni será mi objetivo. He luchado por la felicidad y ese sentimiento me ha dado tres apartamentos y un carro último modelo, como quien dice, ‘una pobreza llevadera’.

La gorra se convirtió en un icono que lo representa. ¿De dónde surge?

De la primera excursión a Europa, cuando llegué a Ámsterdam, a un pueblito llamado Volendam, por todas partes vendían gorras. Entre las pasajeras había una muy bonita, a la que yo mantenía, feliz de la vida, mirando. Mientras conocíamos el pueblo, un señor me insistió que le comprara un gorro y al ponérmelo, ese espectáculo de mujer me dice: “te queda divina esa gorra’. La compré y sigo convencido de que me veo divino. Esta, se fue consolidando en el símbolo mío y de la empresa, tanto que al caminar por las calles parezco reina de pueblo, todos quieren tomarse una foto conmigo.

¿A cuál sitio no volvería?

A Ciudad del Este, en Paraguay. Siempre digo que no la conozco, ni vuelvo.

¿Cuál es ese edén hecho país?

Singapur, que ahora es muy costoso, pero si alguien va queda aterrado. La gente no tiene carro porque el metro es hermoso y lujoso. Es un ensueño.

¿Qué es lo más gracioso que le ha ocurrido en sus viajes?

Una señora de más de 80 años que iba en excursión conmigo, tenía problemas de visión y la auxiliar de vuelo le estaba ayudando a llenar el documento de entrada a Jerusalén. Esta le iba preguntando datos como: nombre, apellido y leyó, por error, la casilla de sexo (lo cual era evidente), a lo que la viejita respondió con seguridad: “¡Sí!”.

¿Cuál ha sido su mayor susto?

Al llegar a Hong Kong, como el aeropuerto es tan pequeño y los edificios son muy altos, los aviones tienen que hacer maniobras para aterrizar. En una ocasión había muy mal tiempo y el avión parecía que se iba a caer. Todos los pasajeros nos cogimos de la mano y comenzamos a rezar en voz alta. Me imaginé que era mi último viaje, es la única vez que sentí la muerte tan cerca.

Con el proceso de reconciliación que vive el país se están diseñando rutas de paz, sitios a los que no se podía viajar. ¿Cree que el Acuerdo de Paz ha contribuido en el turismo?

Claro. Para muchos ha sido un gobierno sin resultados, pero yo creo que gracias a este gobierno y los anteriores la gente ya está dejando de temerle a salir. Ha permitido que venga mucho extranjero a Colombia. En el 2017 llevé 1284 turistas a la Macarena, a Caño Cristales y eso es posible gracias a la paz.

"Todo el mundo me decía que si me iba
a meter al turismo internacional debía saber inglés. He demostrado que no". 

2. Amores viajeros
El éxito de Belisario Marín

Pese a las maravillas vistas, Belisario ama su finca, una tarde en Cartagena y sueña en irse a vivir junto al mar.

Especial para El País

Rosy Echeverri es quien le empaca las maletas a Belisario Marín y es quien ahora dirige la mayoría de sus excursiones, es su polo a tierra, pero además es la mujer que llena su corazón, con la que quiso casarse desde el primer momento en que se vieron, y que lo salvó de la soltería siendo él un enamorado empedernido.

“Ella se ha convertido en mi mano derecha, es el amor de mi vida, ahora, incluso, dirige las excursiones y lo hace mejor que yo. Para mí es la mejor vendedora de la agencia”, dice Belisario, quien confiesa que duró tres años enamorándola y ya van para 25 años de casados.

“No sé cómo logra empacar las maletas tan perfecto ni por qué me echa tantas cosas. Soy muy desorganizado para eso. Cuando estaba soltero lo primero que veía era lo que yo empacaba. No me fijo ni cuántas prendas llevo, a mí todo me parece tan tierno y tan bonito que todo me parece normal, hasta repetir ropa”, dice Belisario.

Él mismo admite que era un solterón, antes de conocerla. “Una vez alguien imprudente me preguntó porqué me había casado con una niña tan joven y le dije: ‘Un amigo de Caicedonia siempre me aconsejaba que si me iba a casar algún día lo hiciera con una mujer muy joven, porque cuando empezara a ponerse fea uno ya no veía”.

Su primer encuentro fue, como todo en la vida de Belisario, gracioso. “Lo primero que me dijo fue que si me casaba con él, que al fin había encontrado a la mujer de sus sueños, de su vida. Era el hombre más enamorado del mundo, le encantaban las mujeres bonitas, le gustaban las reinas, las rubias. Pero estaba dedicado en cuerpo y alma a su mamá, por eso se casó tan mayor”, cuenta la que hoy es su esposa.

El lugar donde se conocieron —el año entrante cumplirán 30 años de haberse encontrado— fue un hotel pequeño que Belisario fundó en Silvia, Cauca, y lo que los unió fue precisamente la pasión futbolera.

“Estaban en las eliminatorias de Italia 90. Como he sido amante del fútbol toda la vida y él también, estábamos viendo un partido en su sala —pues él había invitado a varios vecinos del barrio—. Se hizo al lado mío en el sofá y se la pasó el partido entero viéndome. El sofá donde nos conocimos aún existe”, recuerda Rosy.

Esa casa es uno de sus bienes más preciados. “Es una belleza, tiene artesanías de todo el mundo y es por eso nuestro sitio favorito”, dice ella.
Pese a su diferencia de edad, se consideran una pareja muy pareja.

“Apenas lo conocí, le monté la perseguidora, y después él me la montó a mí. Belisario me lleva unos cuantos añitos, cuando nos conocimos yo tenía 21 añitos y hoy cumplimos 25 de un hermoso matrimonio en que el amor y el respeto sobresalen”.

Ella se deshace en elogios para con él, “no es porque sea mi esposo, pero es un ser humano tan bello, pero es auténtico, súper buen esposo y papá”. Eso sí son muy diferentes: “Él no es tan cursi, la amorosa y cariñosa soy yo. Yo soy psicorrígida y él es desordenado a morir. Toda la vida me ha hecho reír. Permanentemente tiene una sonrisa, es un imán, atrae a la gente. Como papá ha sido sobre protector, nuestro hijo ya va a cumplir 25 años y todavía lo llamamos si está llegando tarde a casa. ‘El Gordo’ es muy transparente, en él no cabe el mal”.

Y para él, ella es la culpable de que el dinero no alcance. “Mi esposa es una mujer amante de los animales, recoge perros y por eso no nos rinde la plata, se la gasta toda cuidándolos y llevándolos a veterinarios con el fin de curarlos”, apunta Belisario.

A lo que ella refuta: “Aunque él diga que es por mí que no alcanza el dinero, le enseñé a tenerle amor a los animales y ahora lo quieren más a él que a cualquiera, hasta se echan a su lado cuando se hace en la hamaca. Él era anti-mascotas, pero yo soy protectora de estas. Tenemos 10 perros, todos de la calle, menos uno. En la finca están la mayoría, en la casa hay tres”.

Belisario tiene con Rosy un hijo, Sebastián, de 24 años. Y antes de casarse tuvo a Lina Alejandra, de 28 años. Ambos trabajan en su empresa. “Tengo dos hijos hermosos que hacen parte activa de lo que he construido. Son muy inteligentes, la mayor habla mandarín e inglés, y el menor, inglés y portugués”, cuenta él.

“Ambos son administradores de empresas de la Universidad Javeriana. Ella se fue a Beijing a hacer un posgrado y él estudió en Australia un año”, complementa la esposa.

En cuanto a las cualidades de su pareja, aquellas que la enamoraron por completo y que la siguen seduciendo, resalta “su forma de ser humilde y su gran don de gentes. Él nunca ha presumido de nada, ha sido un luchador, un visionario total, un creativo impresionante”.

El éxito de Belisario Marín

No pelea con nadie. Es un papá sobreprotector, ama a sus dos hijos y con ellos trabaja en la promotora de turismo. Algún día su sueño es que ellos manejen el negocio familiar.

Fotos del archivo personal de Belisario Marín

El humor es, para Rosy, la principal fuente de amor. “Aún me hace reír a toda hora, nunca en la vida nos hemos faltado al respeto o dicho una mala palabra. En la empresa lo aman y lo respetan, porque no tienen nada malo que decir de él. Es el más lindo, el más noble, lleno de detalles en las fechas especiales. Nunca en la vida se enoja, todo le parece bueno, come frío o caliente, no molesta ni por la comida ni por la ropa. Si le toca dormir en una suite o en una hamaca o en el piso no protesta. Como él, muy pocos”.

Pero como su principal característica es ser sencillo, su matrimonio también lo fue. “Nos casamos por lo civil, como tres veces, una en Tierra Santa. Y fue por la mañana, no hubo fiesta, solo un desayuno con la familia y la luna de miel fue en San Andrés. Todo el mundo se imaginaba que nos íbamos a Grecia o a Turquía pero el ‘Gordi’ es así y a mí me encanta”.

El éxito de Belisario Marín

No pelea con nadie. Es un papá sobreprotector, ama a sus dos hijos y con ellos trabaja en la promotora de turismo. Algún día su sueño es que ellos manejen el negocio familiar.

Fotos del archivo personal de Belisario Marín

3. Hombre de mundo
El éxito de Belisario Marín

Su viaje más difícil fue el primero que hizo de 350 personas al Mundial de Fútbol de Italia 90, ya que nunca había llevado una excursión tan numerosa. De los fanáticos del fútbol recuerda a su más fiel cliente, Demetrio Arabia, un hombre que ha ido a todos los mundiales con la agencia de viajes de Belisario.

Fotos del archivo personal de Belisario Marín

Belisario Marín ha sido condecorado por los gobiernos departamental y municipal con la medalla al mérito cívico, y por Avianca como el mejor vendedor de Excursiones a Europa y, fue en septiembre de 2003 que se llevó el título a ‘El Colombiano Ejemplar’, en la categoría turismo, otorgado por el periódico El Colombiano de Medellín. Quienes lo conocen lo definen como un anecdotario vivo, un hombre lleno de muchas experiencias, la mayoría de ellas con mucha gracia. “Siempre he tenido presente que esas cosas solo me pasan a mí”, dice el mismo.

Mil historia le han dado para crear ideas de negocio, como la de las ‘patas’. “Una vez alguien me contó que las ‘patas’ daban plata. Al preguntarle qué eran me explicó que el avión viaja lleno a San Andrés, pero se tiene que devolver a Cali vacío, a eso se le dice ‘pata’. Así que pensé ¿Por qué no devolverlo lleno? Y en uno de los viajes en que llevé a un grupo de un colegio a San Andrés, en plena isla, me paré con un micrófono y comencé a promocionar como destino Cali. Gritaba: ‘Vayan a Cali, la ciudad más hermosa de Colombia, a menos de mitad de precio’ y me devolví con isleños para el Valle, recuperando mucha parte del dinero”, narra.

El éxito de Belisario Marín

Ha hecho de cupido en las excursiones a manera de juego. Muchos se han casado.

Especial para El País

Entre sus anécdotas hay varias, tan duras y frías como la muerte, que inmortalizó en su libro titulado ‘Afortunadamente, turistas no mueren todos los días’. En este relata cómo en una de sus excursiones un hombre mayor fallece. “Una vez en la India, a las dos de la mañana un señor salió gritando y pidiendo auxilio. Pregunté qué sucedía y al llegar a mis manos se me murió el compañero de este. Tuve que hacer demasiadas cosas para lograr traer el cadáver de vuelta.

En otros de los viajes sintió que moría pero de la desesperación y la pena. “Una hora antes de iniciar la excursión, me di cuenta de que la aerolínea que nos llevaría se quebró y estaba siendo embargada. Me quedé sin saber qué hacer con cien personas en el aeropuerto, todos gritando”. Sin embargo, dice él mismo, ha ido entendiendo que todo se soluciona.

Entre sus anécdotas e historias está su edad, la que no revela y considera es su secreto mejor guardado, tanto que quizás ya hasta se le olvidó. Esto, según él mismo, es por que “el día en que la diga, me la creo y me enfermo”.

Entre sus ideas y locuras ha logrado vender cientos de tiquetes vendidos. Una de esas es la estrategia que usó para aumentar el número de personas que llevaba a tierra santa, “pagué un aviso en el periódico que decía: ‘La promotora Belisario Marín anuncia que no hay más cupos para la excursión a Tierra Santa’. Todos me preguntaban ‘para qué vamos a pagar esa nota’ y no entendían la importancia del mensaje en la parte baja del anuncio que decía: ‘En vista de tanta insistencia hemos abierto un cupo para el 28’. Esa frase, aunque no era muy cierta, logró que se duplicara la cifra”, asegura.

De sus libros también hay anécdotas, como la de la compra de una ambulancia. “Cuando escribí mi libro me di cuenta que nadie lo compró. Había mandado a hacer 10.000 copias que se estaban llenando de polilla y polvo en mi casa, nadie los había comprado. Estaba buscando dónde botarlos o a quién regalárselos, y en esa búsqueda me enteré de que la Cruz Roja estaba solicitando una buena ambulancia para Cali”. Así que, con todo su ingenio y poder de convencimiento, llamó al que era director de esta entidad y le dijo: ‘¿Cuánto cuesta la ambulancia?, a lo que asombrado respondió que entre $40 y $50 millones. “aseguré tener la fórmula para darles la ambulancia, pero en ese entusiasmo no me entendieron que no me refería al cheque”, recuerda. Al otro día les llevó el camión con los 10.000 libros y les aclaró: “Ustedes venden el libro a $ 5000 mil, eso suma $ 50 millones y unos $10 millones de mercadeo para promocionar que la venta de el mismo será para esta ambulancia y con el resto se compra el vehículo”.

El éxito de Belisario Marín

Un gnomo es el favorito de la colección de Belisario. Él dice que cumple deseos.

Especial para El País

Curiosamente, en la mayoría de sus historias y decisiones han tenido que ver las mujeres. La casa de Silvia, Cauca, que ahora promociona como el primer hotel de artesanías en el planeta, surge por una mujer. “Cuando estaba más pelado tenía una conocida que me traía enamorado. Y me contó una vez que su papá vendía una casa en Silvia. Con tal de viajar con ella y enamorarla, le dije: ‘Vamos y si me gusta, se la compro’. En el viaje me gasté todo mi repertorio de piropos y ella solo me pidió consejos sobre otro hombre. Al final, no pasó nada, pero compré una casa en $800.000”, cuenta.

Y agrega: “Tenía tres cuarticos. Después, tras cada viaje, empecé a conseguir un artículo curioso para decorarla hasta convertirla en un museo de reliquias. Hace 20 años hice que me vendieran un camello gigante de Jerusalén que no estaba a la venta, pagué mil dólares. Pesaba más de 100 kilos y no sabía cómo traérmelo. Lo partí en cuatro pedazos y lo envié en cajas”.

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