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La experiencia gastronómica que ofrece Michael Lynch en el Teatro Mágico del Sabor

La experiencia gastronómica que ofrece Michael Lynch en el Teatro Mágico del Sabor

El artista plástico Michael Lynch, de padre neoyorquino y mamá colombiana, ha permanecido la mitad de su vida en Colombia, y junto a su esposa Sonia Ortiz y a su hijo Patrick Joseph Linch Ortiz, es el artífice de una experiencia gastronómica que involucra todos los sentidos, en su Teatro Mágico del Sabor, ubicado en la Calle 4 # 10-30, del barrio San Antonio.

Alguna vez la columnista Clara Zawadsky dijo sobre Michael Lynch: “Entiendo que hay imitadores de su idea en una ciudad en donde crecen y mueren restaurantes todos los días, pero dudo que el pequeño teatro-cocina de Michael pueda copiarse con todos sus ingredientes. Productos fresquísimos de primera, rapidez para cocinar y una charla que ilustra el origen y la preparación de esos alimentos. Además, Lynch inyecta su gracia particular y su talante cordial y sonriente a todo lo que hace”.

Y es que Lynch es un artista plástico que además cocina lo que siembra en su propio huerto. Es un mago que, en lugar de conejos, saca de su sombrero —o mejor de su sartén— grandes llamaradas, mientras va agregando ingredientes que se convierten en una comida suave, deliciosa y delicada tanto para el paladar como para el estómago.

Como buen mago, cuenta con sus polvos mágicos, como el llamado ‘Polvo del duende arrecho’, que creó hace 14 años y se convirtió en un ingrediente predilecto de los comensales de su restaurante que ahora funciona, además de las noches —a partir de las 7:45 p.m.—, en un nuevo horario, de 12:00 del mediodía a 3:00 p.m.

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Se trata de un efervescente caramelo pulverizado, que añadido a postres como el arroz de leche, asegura el mago, causa efectos insospechados —afrodisíacos, dice él— entre quienes lo prueban.

En total se pueden degustar más de 1000 sabores en este sitio que llegó a Lynch través de una visión onírica y que luego derivó su nombre del famoso Teatro Mágico de George Méliè, uno de los padres del cine, que montó a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX el primer estudio cinematográfico en Europa.

En los años que lleva casado con Sonia Ortiz, como buenos artistas, han dado alma al lugar. Todo lo que hay allí lo han creado con sus manos: tarima, vigas, muebles, huerta. Su filosofía de vida es que para lograr la armonía, se deben ejercer todas las cosas que se saben hacer.

Y desde hace cuatro años su hijo Patrick Joseph Linch Ortiz, también artista y de 25 años, se convirtió en alumno de su padre y en su coequipero.

Algo que añade magia al lugar es que todos los vegetales son cultivados por esta familia en su propia huerta. “Sabemos de dónde provienen los ingredientes que cocinamos, estamos seguros de que no tienen químicos y son saludables”, explica Lynch, quien sigue la premisa de que “quien tiene conciencia de los que entra y sale de su boca controla su destino”.

Su necesidad de preparar platos bajos en calorías, pero altos en sabores, partió de una experiencia propia. “Yo ha cuatro años perdí 50 kilos comiendo rico y haciendo unos menús sanos. Debes saber que entre más colores tiene tu plato, probablemente más sano va a ser para ti”, asegura.

Las especialidades

Sus bebidas también son especiales, contienen muy poco azúcar y refrescan más. “Te puedes tomar cinco vasos y es como si te hubieras tomado una cucharada de azúcar; en cambio, si tomas cinco cucharadas de jugo y gaseosa es como si fueran 12 cucharadas de azúcar”, explica.
En su menú también ofrece entradas vegetarianas exquisitas y postres livianos sin harina, mantequilla ni huevo.

Pero además, Lynch sorprende a su público con una especie de ‘stand up comedy’, en especial en las noches, en las que tiene un poco más tiempo para interactuar con sus comensales.

“Homo Erectus cocinaba y a través de la cocina logró desarrollar el lenguaje. Así que la cocina es algo pertinente a la evolución humana. La cocina y el lenguaje van de la mano, por eso es tan importante la conversación en la cena”, afirma Lynch, quien cree que el humor es otro ingrediente infaltable en las comidas.

Pero aclara que quien se roba el show es el menú y no sus chistes. “Nosotros vivenciamos lo que cocinamos y dejamos que los demás lo vivencien”, continúa Lynch, quien es ayudado por su esposa y otras ‘elfas’ en una cocina que está abierta al público y en la que todo es preparado en vivo y en directo.

Explica que con su hijo prepararon durante año y medio un menú variado, conformado por exquisitos platos, entre los que destaca delicias como una pancheta barbecue en un sándwich con salsa de eneldo, curry y crema agria; costillas de res orientales —las costillas son otra de sus especialidades— y pollo con mousse de pollo, hígado y brandy.
Pregunte también por la terrina de vegetales. Y cada tres semanas hay un menú diferente, así que quien vuelva seguro se sorprenderá de nuevo.

Claro que no todo el mundo está preparado para vivir una experiencia como esta, advierte el propio Michael, “debe estar dispuesto a romper códigos estéticos, filosóficos y sociales”.

Lynch

Nació en Cali y su familia se trasladó a Nueva York; regresó a su ciudad siendo adolescente. Es egresado del Colegio Bolívar. Estudió artes plásticas en el San Francisco Art Institute y en el Art Students League de Nueva York. Montó Tucán Pizza, Tucán Café Internet y el restaurante La Plazuela. Trabajó en restaurantes del sur de la Florida, EE.UU.

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