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Martin Scorsese, un cineasta marcado por la fe

Marzo 12, 2017 - 06:23 p.m. Por:
Redacción de El País
Martin Scorsese

Aún profeso la espiritualidad del catolicismo romano, donde he estado inmerso desde niño y esa espiritualidad tiene que ver con la fe”: Martin Scorsese

Elpais.com.co

Esta semana se estrena ‘Silencio', la más reciente película de Martin Scorsese, en la cual lleva trabajando casi tres décadas.

En Cartagena, más de mil personas ya la disfrutaron en la función de Cine Bajo Las Estrellas en el marco del Festival de Cine de Cartagena.
La película está basada en la novela homónima de ‘Shusaku End’, escrita en 1966. Es una reflexión profunda sobre la existencia de Dios y del silencio que a veces parece guardar frente al sufrimiento de la humanidad.


Retrata a dos jóvenes misioneros, Sebastião Rodrigues, interpretado Andrew Garfield —quien cambió el traje de Spiderman por el hábito de monje— y el padre Francisco Garupe (Adam Driver) en la búsqueda de su maestro y mentor perdido, Cristóvão Ferreira (Liam Nesson). Según se rumora, Ferreira ha renunciado a su fe de forma pública, tras haber sido perseguido y torturado.

En aquel tiempo este país estaba gobernado por señores feudales y samuráis determinados a erradicar el cristianismo de sus dominios, por lo que los que profesaban la fe católica fueron perseguidos y torturados, forzados a renunciar a sus creencias y obligados a sufrir una prolongada agonía antes de morir.

Scorsese  comenzó a adaptar el guion a finales de la década de los 80 junto a su colaborador Jay Cocks, pero la falta de fondos para realizar el proyecto lo obligó a postergar hasta 2016, cuando finalmente salió a la luz pública.

La intención de Martin de hacer este filme se remonta a su juventud, inspirado por el Padre John Principe quien lo introdujo a nuevas películas y música relacionadas con la espiritualidad, por lo cual decidió comenzar una carrera cural.

El director nacido en ‘La pequeña Italia’ de Nueva York asistió a una escuela de seminario en su adolescencia pero fue expulsado debido a su impuntualidad. 

Respecto a su experiencia en la iglesia comenta que pensó “que si me convertía en un cura, podría ser como él (Padre John), o tan influyente como él lo fue para nosotros en ese entonces. No me di cuenta de que una vocación es un verdadero llamado. Es mucho más que querer ser como alguien más”.

Su relación con la iglesia sigue siendo estrecha y se puede evidenciar en varias de sus películas. Es por eso que uno de los primeros  espectadores de la película fue el Papa Francisco.

En una función privada, que tuvo lugar el Palazzo San Carlo en el Vaticano en noviembre del año pasado,  Scorsese le entregó al Sumo Pontífice una copia del cuadro de la Virgen de las Nieves que era venerada por los católicos a escondidas de los japoneses que los perseguían.

 “Estábamos nerviosos, pero él sólo estaba desarmando y nos tranquilizó. Sólo dijo: ‘Oren por mí’. Fue muy emocionante, bendijo a mi esposa y me dijo que esperaba que la película diera mucho fruto, y yo dije, con su inspiración, sí”, así describió  Scorsese  el encuentro.

¿Por qué abordar directamente el tema de la religión?

Bueno, es una película que había venido gestándose desde hacía mucho tiempo y tiene mucho que ver con temas de interés propio que me devuelven a mi niñez, así que he tratado, de diferentes maneras, de lidiar con estos temas en mis películas lo mejor que pude.

¿Es verdad que tenía este proyecto en mente desde hace años?

Cuando leí el libro, fue en 1989, y sabía que quería hacer la película, pero realmente no entendí cómo visualizarla e interpretarla, y lo intenté en seguida, tuve las agallas de hacerlo, pero en 1989, mi coguionista Jay Cocks y yo la abandonamos, y luego finalmente, en un periodo de 10 años después, entre 1992 y 2006, escribimos el guion nuevamente.
Tal vez tardamos tanto porque la vida cambió para nosotros, crecimos, pero constantemente regresaba al libro y al material, y logramos hacerla.

¿Qué tipo de preparación tuvieron para esta película los actores?


Andrew Garfield, Adam Driver y Liam Neeson son magníficos. Andrew tuvo cerca de un año de preparación, pasó por un proceso de ejercicios espirituales con los jesuitas, fue una experiencia muy seria y poderosa, y regresó muy envuelto en la temática de la película, y para el momento en que empezamos a grabar en Taipei, su siguiente paso era ser ordenado como sacerdote, porque estaba muy preparado (risas).

¿Y preparación física?

Los personajes tuvieron que perder peso, tuvimos un nutricionista con nosotros. Adam perdió 23 kilos y Andrew 21. Fue una prueba bastante exigente para 73 días de grabación. Fue muy notable todo por lo que pasaron, físicamente y debo decir emocionalmente.

¿Cómo fue trabajar con los talentos japoneses que participan en el filme?

Tuvimos un elenco japonés maravilloso, Tadanobu Asano, un cineasta increíble Shin’ya Tsukamoto, Yosuke Kubuzuka, que interpreta a Kichijiro, estos son extraordinarios actores en Japón, pero tuvieron que hacer audición y la hicieron en 2009, y realmente pensé que íbamos a hacer el filme en el 2010, pero se cayó nuevamente y continuamos viajando por el mundo buscando lugares que pudieran hacerse pasar por Japón y así encontrar la mejor locación posible.

Algunas escenas son bastante fuertes ¿Cómo cree que serán recibidas?

Creo que tuvimos que tocar el tema de lo que significa ser un ser humano y la búsqueda de lo espiritual, y no sentirnos disgustados por reconocer que las religiones organizadas se comportan mal. No disgustarse con eso, sino volver al núcleo de eso y tratar de entenderlo, y más que eso vivirlo y aceptarlo, porque es parte de ser humano.

Adicciones peligrosas
Martin Scorsese

Martin Scorsese encontró en Hellen lo que buscó en tantas otras. Es común ver a la editora literaria acompañándole en la alfombra roja.

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Aunque el Premio Óscar le fue esquivo durante años, la verdad es que Martin Scorsese ha contado siempre con el favor de la crítica cinematográfica y de las mujeres.

Martin, de 74 años, ha estado casado o por lo menos ha mantenido relaciones fuertes frente a la opinión pública, en varias ocasiones
Sin embargo, la vida de este amante de la belleza femenina y de la cámara no fue empezó como la de un galán de Hollywood.

Antes de llegar a su 1.63 metros de estatura, vivió su infancia como un niño afectado por enfermedades respiratorias, por lo cual no podía practicar ningún deporte. Sus gafas se convirtieron además en sus fieles compañeras y en su sello característico.

Descendiente de inmigrantes sicilianos, nació en Queens, Nueva York, pero creció en el barrio conocido como ‘la pequeña Italia’, de la misma ciudad. Sus padres eran Luciano Charles Scorsese y Catherine Cappa, ambos trabajadores de la industria textil.

Ellos siempre le apoyaron en sus sueños en el cine y prueba de ello es que realizaron varias apariciones en sus películas  como actores secundarios e incluso su madre trabajó como  proveedora oficial de comida  en todas sus primeras producciones, mientras su padre, trabajó en el departamento de vestuario.

Desde muy joven expresó su deseo de unirse a la comunidad religiosa, por lo que ingresó en el seminario de la Cathedral College. Pero a finales de los años 50 y bajo la influencia de la admiración que profesaba por Orson Welles, Luchino Visconti y Federico Fellini, abandonó la idea de dedicarse al sacerdocio.

En 1965 se casó con su novia Laraine Brennan y un año después se graduó la Universidad de Nueva York donde estudió cinematografía.
Su primer largometraje fue ‘¿Quién Golpea Mi Puerta?’ (1967), drama urbano de corte autobiográfico protagonizado por Zina Bethune y Harvey Keitel.

La película estaba montada por Thelma Schoonmaker, su habitual colaboradora y pieza clave en el triunfo artístico de sus futuros y mejores proyectos. En 1977 hizo ‘New York, New York’, una de las tantas colaboraciones que hizo con Robert de Niro, en el que aparecía Liza Minnelli, actriz con la que el director mantuvo un breve romance.
A finales del año 1975, tras el divorcio con Laraine y una relación con la productora Sandy Weintraub, ‘Marty’, como le dicen sus amigos se casó con la guionista Julia Cameron, con quien tuvo a su hija Domenica.

Anteriormente, con Laraine Brennan, había sido padre de otra niña llamada Cathy, quien más tarde apareció como actriz en varias películas dirigidas por su progenitor.


El matrimonio con Laraine se rompió pocos años después de su boda y en 1979 Martin contrajo matrimonio con la actriz Isabella Rossellini.
Durante ese tiempo vivió muchos de sus años dorados detrás de las cámaras al rodar ‘Toro Salvaje’ (1980), biopic dramatizado sobre las vivencias del boxeador Jake LaMotta que le valió un Oscar a Robert de Niro y otro a Thelma Schoonmaker.

Posteriormente rodó las comedias ‘El Rey De La Comedia’, ‘Jó, Qué Noche’, ‘El Buscavidas’ y ‘El Color Del Dinero’. En 1983 se divorció de Isabella Rossellini y dos años después se casó con la productora Barbara De Fina, con quien estuvo hasta 1991.

Su último trabajo en los años 80 fue el rodaje de un episodio de ‘Historias De Nueva York’, película que contaba con la participación de sus colegas Woody Allen y Francis Ford Coppola.

Al margen de sus trabajos cinematográficos, Scorsese realizó en los años 80 un episodio de la serie de televisión ‘Cuentos Asombrosos’ y el videoclip musical de Michael Jackson ‘Bad’.

Tras separarse de Barbara mantuvo una corta relación con Ileana Douglas antes de volver a casarse en 1999, ahora con la editora literaria Helen Morris, con quien tuvo a su tercera hija, llamada Francesca y con quien permanece casado hasta hoy.

Reacio a los escándalos,  en una entrevista para  The Hollywood Reporter contó  que  estuvo al borde de la muerte en 1978. “Después de terminar el rodaje de  ‘New York, New York’, tomé algunos riesgos. Estaba fuera de tiempo y fuera de lugar, además de un caos en mi propia vida y abrazando otro mundo, por así decirlo, abrazando un lado peligroso de la existencia. Después, el fin de semana del Día del Trabajo, me encontré a mí mismo en un hospital, sorprendido de haber estado cerca de la muerte”, dijo.

Scorsese tenía 35 años y estaba luchando por su vida para terminar con su adicción a las drogas. “Ocurrieron una serie de cosas. Hice un uso indebido de varios medicamentos, y mi cuerpo reaccionó de forma extraña. Pesaba menos de 49 kilos. No solo fue por culpa de las drogas, el asma tuvo mucho que ver. Pasé 10 días con sus 10 noches en el hospital. Los doctores me cuidaron, y me di cuenta de que no quería morir”, explicó.

Entonces, retomó su fe, que en sus primeros años le habían hecho considerar dedicar su vida a la iglesia. “Recé, pero si lo hice fue para salir adelante. Sentía que, si me había salvado, era por alguna razón. E incluso si no era por una razón, tenía que hacer un buen uso de ello”, afirma.   

El director ha explicado, a propósito de su película ‘Silencio’, la que llama como la más personal de todas, que “en el  Nuevo Testamento  todos se quejaban de Jesús, que andaba con los publicanos, los recaudadores de impuestos y las prostitutas. Y ellos decían: ‘Todo lo que sé es que antes estaba ciego y ahora puedo ver’”, recuerda el cineasta.

 Conocido por su afición a la música, especialmente al rock, se ha encargado de realizar varias cintas relacionadas con la temática, tales como  ‘No direction home’ sobre Bob Dylan y ’Shine a light’ acerca de los Rolling Stones.

El brillante fracasado

Martin Scorsese y  Di Caprio

Leo Dicaprio y Martin Scorsese, autor y director que forjaron una amistad gracias a la cual el cine dio algunas de las grandes películas de los últimos 30 años.

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Quien conozca un poco de la filmografía de Scorsese se negaría a creer que el maestro, alguna vez, luego de fracasar con varias de sus películas, había pensado en abandonar definitivamente el cine.

Sí, fue a finales de los años 70, luego de que dirigiera algunas de las películas que harían de su obra una leyenda -Taxi Driver, Means Streets, New York New York- que aunque fueron alabadas por la crítica y con el tiempo se habrían de convertir en verdaderos clásicos de la historia del cine, habían sido rotundos fracasos en taquilla.

Terminaban los 70, Scorsese tenía 36 años, era adicto a la cocaína y estaba convencido de que la última película que iba a dirigir se llamaría ‘Ragin Bull’ (Toro salvaje). Bueno, esa película, grabada en blanco y negro y con un presupuesto muy bajo, también tuvo problemas de taquilla, pero de algún modo reposicionó a Scorsese entre la crítica, que ya lo veía como uno de los integrantes de la generación ‘movie brats’ junto a Francis Ford Coppola, Brian De Palma, George Lucas y Steven Spielberg.

Las siguientes películas, otras joyas de la cinematografía, tuvieron un destino semejante: alabanzas de los eruditos pero bajísimos recaudos en taquilla: ‘La última tentación de Cristo’, ‘El Rey de la comedia’ y ‘After Hours’, que le mereció el premio a mejor director en Canes.

Pero llegaron los 90, y con ellos, la que muchos consideran la mejor película sobre la mafia, incluso por encima de filmes tan portentosos como El Padrino, Scarface, Los Intocables, La Ley del Silencio.

Se trataba de ‘GoodFellas’, los buenos muchachos, una obra maestra de la historia del cine que cuenta en un tono de elegía la vida del mafioso Henry Hill, interpretado por Ray Liotta, y que está cargada de innumerables recursos cinematográficos que, si se usa una comparación con la literatura, podrían hacer de la película un poema de poco más de dos horas.

Un poema oscuro, al estilo de Rimbaud, por ejemplo, o Baudelaire.
‘To me, being a gangster was better than being presidente of the United States’, dice Henry Hill (Ray Liotta) al inicio de la película, en la que el uso de la voz en aparece como uno de los procedimientos narrativos característicos de Scorsese.

Desde ahí, la película adquiere un ritmo vertiginoso, ante todo, gracias a la magistralidad con la que fueron rodados algunos de los planos secuencias memorables del cine norteamericano que se ven y se repiten y se enseñan en las escuelas de cine en todo el mundo.

‘GoodFellas’ fue el primer gran hit de Scorsese que logró superar el costo de producción y que, además, recibió 6 nominaciones al Óscar, aunque el único ganador fuera Joe Pesci, como protagonista secundario.

La película era, ante todo, un acto de justicia para con Scorsese: recibió cinco premios por parte de la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión y fue nombrada mejor película del año por el Círculo de Críticos de Cine de Nueva York, por la Asociación de Críticos de Cine de Los Ángeles y por la Asociación Nacional de Críticos de Cine.

Además fue declarada de ‘importancia cultural’ y seleccionada para su preservación en el Registro Nacional de Cine por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Luego vendrían filmes como ‘Cape Fear’, en la que se repite su colaboración con Robert de Niro, y que fue su mayor éxito de taquilla hasta The Departed; La edad de la inocencia, Casino y Kundun.

Cada una de esas películas, como es natural, de algún modo retrataban la naturaleza de Scorsese: un cineasta que ante todo respondía a los impulsos propios de la creación, antes que al mercado.

‘La edad de la inocencia’, por ejemplo, es un homenaje al cineasta italiano Luchino de Visconti, a quien admira tanto como a Roberto Rosellini. A este también le rinde un homenaje con su documental ‘Il mio viaggio a Italia’, recordando la película del maestro italiano ‘Viaggio a Italia’.

Kundun, la última película que hace en los 90, es un drama religioso sobre la vida y exilio del decimocuarto Dalái Lama.

Y en la primera década del siglo XX se establece como leyenda: dirige Gangs of New York, que inicia su serie de colaboraciones con Leo Dicaprio, una película monumental, de corte históriuco que narra cómo las migraciones de irlandeses fueron el sedimento que le dio forma a New York.

Recibió diez nominaciones al Óscar, incluyendo Mejor película, Mejor director, y Mejor actor (para Daniel Day-Lewis). Luego siguieron obras que bien pueden considerarse de culto como ‘The Aviator’, que cuenta la vida del excéntrico aviador y cineasta Howard Hugues; probablemente uno de los biotopics más interesantes realizados en Hollywood y en el que la magistralidad de los planos secuencias aparece de nuevo como marca de Scorsese.

Luego entrega ‘The Departed’, en la que Di Caprio interpreta a un policía que debe encubrirse en una organización criminal para capturar a Frank Costello (Jack Nicholson) y que le valió su primer, y único, Óscar como mejor director y mejor película.

Es muy probable que para estos días Scorsese ya hubiera superado su deseo de aparecer en la alfombra roja y sin duda, sabía que el premio era una paradoja, pues aquella no era una de sus mejores películas ni una en la que sus marcas personales esuvieran de modo más notorio.
Con la estatuilla, sin embargo, el director por fin rompía con la racha de 8 nominaciones que no había podido concretar. A la película le siguieron los documentales ‘Shine a Light’ y ‘No direction home’, sobre The Rolling Stones y Bob Dylan, respectivamente, dos de sus ídolos musicales; y los largometrajes ‘Hugo’, un homenaje a Meliés y ‘El lobo de Wall Street’, ninguna de las cuales tuvo mucho éxito en taquilla.
No importa. Scorsese es un cineasta al estilo de los años dorados, al estilo de los autores que idolatra: Meliés, Rosellini, Fellini. Un hombre que prefirió siempre seguir sus impulsos aún en contra de las taquillas.

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