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¿Se ha 'bloqueado' a la hora del sexo? Aquí puede estar la razón

Ya sean traumas, problemas de autoestima o formación errada en la educación sexual, muchos elementos pueden influir en las personas a la hora de tener relaciones sexuales. A estos condicionamientos se les suele llamar bloqueos mentales y se presentan en cualquier momento de la vida, por lo que es importante identificarlos antes de que afecten la relación en pareja y reduzcan al máximo el erotismo.

“Hay bloqueos sexuales y orgánicos en hombre y mujer. Algunos tienen que ver con los problemas de ansiedad. Por ejemplo, una mujer que tiene un alto nivel de exigencia sexual puede llegar a pensar que la gente la puede juzgar mal por el hecho de tener una frecuencia sexual elevada. En los hombres, el hecho de ser siempre los que deban proponer puede también llevarlos a un bloqueo y un desempeño regular en cama”, dice la psicóloga y sexóloga Claudia Isabel Villegas.

Tenga en cuenta que estos bloqueos pueden arruirnar una relación de pareja y en algunos casos se debe recurrir a profesionales para hallar la raíz del problema.

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Por eso, a continuación le presentamos algunos bloqueos mentales. Porque identificarlos es el primer paso para superarlos.

La mojigatería

Si usted es de las personas que debe aparentar delante de su pareja que es santa, casta y virtuosa hasta en la cama, encienda las alertas. Esta “actuación” para atraer la admiración moral del otro no solo es machista sino que incide directamente sobre la calidad de las relaciones sexuales a largo plazo. La razón es que quien vende una idea virginal de sí mismo luego tendrá que sostener la mentira en la cama, sin probar posiciones, sin decir lo que quiere, sin moverse, sin gritar, sin tomar la iniciativa, en fin. Que no sea usted el esclavo sexual de una idea que al fin y al cabo nadie necesita creer.

Los bloqueos pueden tener varias terapias, una de ellas es la desensibilización sistémica, hipnosis, charlas sobre la autoestima (proceso en el que se hace una terapia cognitivo- conductual).

Miedo al desempeño

En los hombres es común la ansiedad por su desempeño en la cama. “Generalmente se cree que el hombre siempre debe mostrar un aspecto viril en la cama, nunca fallar; sin embargo, esto le puede jugar una mala pasada. La ansiedad se dirige al sistema límbico, lo que puede generarle una disfunción erectil”, dice la sexóloga. Además, esta ansiedad sobre el rendimiento sexual también puede provocar otros problemas sexuales. Puede conducir a problemas como la eyaculación precoz o dificultades para excitarse.

No todo es fálico

Una falsa creencia en el sexo es creer que solo el pene es aquel que puede producir un orgasmo en la mujer. Considerar otras variantes en el acto puede ayudarle a tener una experiencia sexual más completa. No piense que si usted no puede llevar a su pareja al orgasmo es un fraude en la cama. Al contrario, abrirse a nuevas estrategias le pueden brindar más herramientas para que usted y su par se encuentren en un escenario fructífero.

Baja autoestima

Una buena autoestima sexual es muy importante, porque determina la manera de relacionarnos con nosotros mismos y con otras personas, sobre todo con aquellas que nos atraen físicamente. Sin embargo, uno de los casos más frecuentes en los hombres es la obsesión por el tamaño del pene. Esta situación puede convertirse en miedo de ser juzgado por su pareja, por lo que una disfunción eréctil puede anidarse. En las mujeres puede presentarse este tipo de problema debido a su inconformidad con su cuerpo: tamaño o forma de los senos, la tonicidad de los glúteos, la celulitis o su cuerpo en general. Recuerden que nada es tan sexy como la imaginación.

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Cada caso es diferente, por lo que es recomendable buscar ayuda profesional. Estos problemas se pueden convertir en una cuestión orgánica y en algunos casos de debe recurrir a medicamentos”.

El sexo no es aséptico

Una buena higiene es fundamental a la hora del sexo. Pero hacer en amor con un desodorizante o antiséptico en la mano aniquila cualquier pasión.
Saltar de la cama e ir corriendo a cepillarse los dientes, a bañarse y a lavar las sábanas en el segundo siguiente a terminar el acto, tanto en el hombre como en la mujer, en lugar de disfrutar el momento de conexión emocional posterior al sexo, es una obsesión que destruye la magia.

“A veces por pudor, por asco o por vergüenza de cómo sabe o huele nuestro cuerpo nos perdemos algo tan vital como la caricia oral, suave, húmeda y apasionante”, dice Narváez.

Sanar los traumas del pasado

Tal vez uno piensa en una violación o un abuso sexual, pero no es necesario llegar a ese extremo para tener un trauma. Cualquier experiencia negativa puede crear una actitud de coraza o defensa. Esa armadura se debe eliminar porque la verdadera naturaleza de
la persona está debajo de ella, enterrada con los restos de ese problema.

“De los tres a los seis años es cuando se forma el cimiento de la sexualidad de los seres humanos. Si alguien ha sido vulnerado va a tener problemas de sexualidad en la adultez. Para ello debemos hacer un proceso para evitar que esos recuerdos aparezcan en el momento del acto porque les va a cohibir el funcionamiento de su mente y por ende la del cuerpo”, dijo la experta Claudia Isabel Villegas.

Sexo autoevaluativo

En algunas ocasiones las mujeres están pensando en otras mujeres rivales y los hombres están pensando en otros hombres con los que compiten mentalmente, cuando en realidad deberían estar pensando en su pareja. Creer que el sexo es un examen en el que hay que sacar la nota más alta siempre, o una competencia atlética contra otros amantes a los que hay que superar, despierta tensión, angustia y actitud robótica.
Conviene pensar que en una relación sexual de dos son solo dos, y si la inseguridad sabotea todo habría que replantearse las causas e ir al fondo de la situación. Los hombres que han sido criados para competir, deben relajarse al entender que para la mujer el placer no solo es genital sino emocional. Y que los tiernos también ganan.

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Sistema de creencias

Muchas veces la cultura se ha encargado de convertir el sexo en tabú. Ideas muy marcadas que asocian el placer con el pecado, y la falta de goce con la virtud, distorsionan la vida sexual de las personas y les impiden, incluso, algo tan sencillo como hablar de sexo con la pareja.

Abuelos y padres que tuvieron una formación muy restrictiva en lo sexual, y admitida solo dentro de los límites de la visión reproductiva, seguramente transmitirán a sus hijos muchas de sus taras, y es posible que muchos de nosotros seamos portadores de programaciones negativas hacia el sexo, sin siquiera ser conscientes. Por eso los expertos invitan a revisar las creencias que empobrecen la experiencia del sexo y pensar que este existe para felicidad del ser humano.

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