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El 'calvario' de la inseguridad en el cerro de las Tres Cruces

A las diez y media de la mañana de este jueves, ya habían robado dos veces en el Cerro de las Tres Cruces. El día despertó anunciando aguacero, así que la posibilidad de que el suelo arenoso se convirtiera en un tobogán, seguro mermó el número de caminantes y corredores que a diario suben los 400 metros que hay hasta la cima. El primer robo ocurrió antes de las seis de la mañana, cuando todavía el servicio policial no había llegado, contó Fernelly Cabrera, guarda de seguridad de la torre de Emcali sembrada justo al lado del CAI en el tope de la loma.

Las víctimas fueron dos deportistas, despojados de lo mismo que suelen perseguir los atracadores del cerro: celulares y tenis. El otro robo sucedió más tarde y por una ruta de descenso distinta a las que atraviesan la zona más empinada del risco, conocida entre sus visitantes como ‘la pared’. “La seguridad está mal: cada semana hay un caso, siempre se sabe de personas que han robado…”, dijo ese día Fernelly, que ejerciendo su función de guarda ha tenido chance de ver las coincidencias entre los hurtos: regularmente muy temprano, y la mayoría de veces sobre deportistas que se aventuran en solitario, o parejas.

Fernelly tiene 42 años y no solo por trabajo, sino por deporte y convicción ecológica, se ha hecho un escalador frecuente del cerro: también se ha dedicado a sembrar árboles apoyando un proyecto de reforestación en la parte alta, que lleva el nombre de ‘Bosque 2020’. Así que por todo eso buena parte de su vida transcurre en aquella montaña que limita con el río Aguacatal, la quebrada El Chocho, Chipichape y la Avenida Novena Norte, en sus cuatro puntos cardinales. Pero ni por todo el conocimiento que tiene del lugar se ha salvado. O sí, dice él, pero por un pelo: “A mí, que no tienen qué quitarme, los ladrones también me han correteado varias veces…”

A la ejecutiva del Banco Colpatria, Lucía Barrera, que sube desde 2010, algo parecido le sucedió hace poco: le tocó correr, pero no como rutina de entrenamiento sino para evitar que se le llevaran el celular: “La Policía llega después de las 6:30 a.m. y es floja para vigilar, te toca subir sin nada… Deberían poner un puesto de control por ‘la torre’ porque he escuchado que hasta han intentado un abuso en ese pedazo…”.

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‘La torre’ es un punto intermedio del descenso, señalizado coloquialmente así por la referencia geográfica que justamente da una torre de energía.

Según CVC, las tres canteras que lo rodean tienen título minero otorgado hace más de 20 años por la Agencia Nacional de Minería, condición que dio lugar a la aprobación de su licencia ambiental. CVC asegura hacer seguimiento.

Al otro costado y cerca de ‘la pared’, donde la señora Melba Panameño vende fruta fresca desde hace 22 años, la mujer dice que a pesar de los periodos muy tranquilos y sin noticias de atracos, la inseguridad recorriendo el Cerro sube y baja casi en la misma forma desde que tiene memoria y por la misma razón: falta de vigilancia.

Atendiendo sus ventas, por ejemplo, a ella le resulta común ver deportistas yendo y viniendo desde las cuatro de la mañana, por trochas y senderos sin más iluminación que la que el cielo puede tener a esa hora. Y como la oportunidad hace al ladrón, los asaltantes del cerro madrugan. Aunque por supuesto también les gusta la oscuridad.

Hace cinco años Julián Ramírez, fundador del grupo de caminantes de montaña ‘Senderos’, empezó a organizar recorridos nocturnos. Para los deportistas, explica él, ingeniero agrónomo de 50 años, las Tres Cruces son en realidad una cadena montañosa que, desde ahí, se extiende hasta las antenas de Alto Menga, pasando por el cerro Tres Tetas y el Cruce de Guacas. Así que entre una y otra punta hay entonces decenas de trochas con distintas extensiones y grados de dificultad, que poco a poco se fueron convirtiendo en una de las alternativas más buscadas por la gente que después del trabajo busca ejercitarse fuera de un gimnasio.

Tanto así como para que en la ciudad ya existan por lo menos otros cinco grupos de caminantes constituidos: ‘Puro Corazón’, ‘Actitud Positiva’, ‘Caminitos Alegres’, ‘Coyotes’ y ‘Sancocho’, son los que primero reconoce Julián. Entre todos, dice él, el año pasado pudieron llegar a movilizar unas 8.000 personas que salieron a caminar la montaña entre las siete y diez de la noche.

Se citan en la entrada del Hotel Spiwak (detrás del centro comercial Chipichape) y martes y jueves, unos 130 caminantes pueden salir con Julián, que va acompañado de cuatro guías que se distribuyen entre el grupo, equipados con radios por los que se están comunicando las novedades. Y así nunca les ha ocurrido nada.

Pero el año pasado se supo de un grupo nocturno con un caminante que se fue retrasando en el trayecto, dispersándose del bloque de gente, hasta que solitario se hizo vulnerable: salieron a robarlo, le quitaron el sistema de hidratación (‘camelback’) y en el forcejeo le hicieron un corte. “Al ladrón lo ubicaron, se lo llevó la Policía y todos los caminantes llegamos a tener su foto en el celular, como modo de prevención…”, dice Julián, contando que también supieron que el asaltante ya está en la calle otra vez.

Lo único positivo que dejó el episodio fue que a partir de ese momento la Policía empezó a hacerles acompañamiento permanente y así, cada que ahora salen, tienen seguridad rondando desde el Spiwak hasta el Cruce de Guacas, que es donde el camino se bifurca hacia Tres cruces, Montebello y Golondrinas.

El mayor Johnatan Sandoval, comandante de la estación de Policía de La Flora, que dentro de su radio de acción cubre dicho sector, especifica que la disposición de cada noche es una radiopatrulla con dos hombres y otras dos patrullas moviéndose en moto.

Durante el día, dice detallando el servicio policial destinado al Cerro de las Tres Cruces, “diez hombres se distribuyen en la montaña a lo largo de distintos puntos entre las 6:30 a.m. y las 4:30 p.m.” Pero entre los diez hombres, solo hay dos policías profesionales, reconoce Sandoval; el resto son auxiliares.

De modo que esos muchachos, acaso armados con un bolillo y un pito, son quienes están a cargo de proteger a los deportistas, de los atracadores que los acechan con cuchillos y armas de fuego. De modo que esos diez hombres, tienen a su cargo la vigilancia de una montaña con ocho millones de metros cuadrados.

“Es una zona muy extensa, que seguramente requiere de más puntos de vigilancia, es cierto… Hace poco se licenciaron muchos auxiliares, pero en uno o dos meses ese cuerpo estará robustecido con un grupo que se encuentra en capacitación y con el que se podría reforzar…”, cree el Mayor.

De Las Tres Cruces a Menga.

De Las Tres Cruces a Menga.

De Las Tres Cruces a Menga.

Se estima que cada fin de semana, por lo menos tres mil personas ascienden al Cerro de las Tres Cruces. Se estima que en Semana Santa, 900.000 peregrinos llegan hasta su cima. Sin embargo, a pesar de todo lo que representa para los habitantes de la ciudad, el Cerro no aparece como una zona delimitada en los registros policiales: al ser tan grande, las estadísticas que cuantifican lo que allí sucede se dispersan entre los datos recogidos por estaciones de diferentes barrios, de manera que no hay un consolidado oficial sobre los robos o hechos violentos que allí se puedan dar.

Cerca de llegar a los dos meses frente al comando de la Policía Metropolitana de Cali, el brigadier general Hugo Casas, en todo caso ya está seguro de la necesidad de cambiar la estrategia: más puntos de vigilancia y patrulleros móviles, pero no a pie, sino en motocicletas, o a caballo: “Es la soledad lo que aprovechan los delincuentes, entonces vamos a trabajar en ese sentido. Vamos a intensificar el patrullaje para darle más cobertura. Decir que voy a meter más personal, por ahora sería prácticamente imposible…”

El arquitecto Víctor Raúl Martínez, miembro de la Corporación para la Protección y Desarrollo de los Cerros de Cali, Corpocerros, recuerda que hace un tiempo estuvo dando vueltas por distintas dependencias de otra Alcaldía, una propuesta que planteaba un modelo de policía montada exclusivo para la loma. Incluso, dice, alcanzaron a estar diseñadas las caballerizas, previstas para ubicarse por Montebllo. Pero como ha ocurrido ya en otras oportunidades, la intención se quedó siendo intención.

Y así ha ocurrido con otros planes para hacerle frente a algunos otros males que atentan contra la montaña de diversas maneras. Además de la inseguridad, dice el arquitecto para dar un ejemplo, está el impacto urbanístico de las construcciones que crecen sin control en su pie de monte; no solo a través de la informalidad de las invasiones que lo circundan, sino de los edificios y edificios que se estiran a sus orillas.
Y además de las construcciones, están las tres canteras de roca-lisa que hay a su alrededor, “que pueden tener permiso ambiental, pero están afectando su morfología...” Y además están las torres de comunicación y antenas que siguen siendo ubicadas junto y entre los crucifijos de la cima.

En algún momento también hubo una propuesta para unificarlas mediante una sola estructura pero, al parecer, fue otra intención que se quedó sin impulso.

En el último conteo que hizo Corpocerros, es decir, hace diez años, contaron 80 torres y dos mil antenas. De ese tiempo y de esa clase, es una de las estadísticas existentes de lo que pasa allá arriba.

El cerro no solo pertenece a la ciudad. También hay terrenos particulares, como la Casa Toledo, una finca con caballos y pollos a mitad del ascenso. La Arquidiócesis posee título de propiedad de la cima.

El cerro también podría ser un 'mega-parque'

Hace tiempo hubo un proyecto dando vueltas para convertir al cerro de las Tres Cruces en un gran parque. Un parque con teleférico y piscinas, incluso. Óscar Guzmán, el presidente de la Asociación Hotelera y Turística de la región, Cotelco-Valle, conoció la propuesta, elaborada hace quince años de manera conjunta, dice, entre el Municipio y la Corporación para la Recreación Popular de Cali.

Era un proyecto que planteaba el desarrollo de varios atractivos sobre la montaña, cuenta Guzmán: “El primero, un tren temático, aprovechando unas cuevas que hace muchos años dejó ahí la extracción de carbón. El otro es un acuaparque. Lo otro son unas canchas deportivas, instrumentos para hacer ejercicio y, terminando en la cima, un teleférico y restaurantes. Eso alcanzó a quedar en un Plan de Desarrollo de la Alcaldía…”

De acuerdo con Guzmán, la idea ahora es actualizar ese proyecto: “La idea es que el Alcalde y la Secretaría de Turismo lo actualice a precios de hoy por si hay que rediseñar algunas cosas, son dos proyectos macro: cristo Rey y las Tres Cruces, este último hace quince años está ahí…”

Fernando Marín, director de la Corporación para la Recreación Popular de Cali, reconoce la existencia del proyecto, pero dice que después de que fue presentado no supo qué sucedió con su desarrollo. Y aunque la Corporación, señala, no tiene injerencia en Tres Cruces, Marín cree que el proyecto debería realizarse.

“Esa es una propuesta para unir el cerro con la ciudad de otra forma. La estación del teleférico estaba planteada en la 15 Norte. Y se había contemplado el rediseño del entorno que rodea el monumento. De hecho, lo que se había pensado era un restaurante giratorio”, recordó igualmente el arquitecto Víctor Raúl Martínez, miembro de Corpocerros, y presidente la Sociedad Colombiana de Arquitectos, capítulo Valle.

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