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El Carnaval de Río de Janeiro pasa momentos difíciles por cuatro accidentes en desfiles

Una vez es casualidad, dos es coincidencia... pero los cuatro accidentes en los desfiles del Carnaval de Río de Janeiro, con carrozas desplomándose o atropellando a asistentes, demuestran que algo anda mal en "el mayor espectáculo de La Tierra".

En los 33 años de historia del Sambódromo, no se recuerda algo igual.

Aunque ya hubo sustos antes, como el incendio de carrozas o vehículos descontrolados, nunca se había visto una sucesión de percances con tantos heridos.

Al menos 32 personas sufrieron lesiones en la famosa 'Pasarela de la Samba', dos de ellas de gravedad, empañando la fiesta más deslumbrante, turística e icónica de Brasil.

Los incidentes arrancaron en el desfile inaugural del domingo.

Ante más de 70.000 espectadores, una carroza de la escuela Paraiso de Tuiuti perdió el control y atropelló a 20 personas en la estrecha pista diseñada por Oscar Niemeyer, que en sus primeros metros está plagada de periodistas, personal de las escuelas y VIPs.

Medios locales reportan que una de las ruedas del vehículo estaba dañada y que el conductor no tenía visión de la pista por lo que se guiaba por las orientaciones de personas contiguas al carro.

Aunque nadie lo creía posible, durante la segunda noche de desfiles una carroza de Uniao da Ilha perdió el control en la misma entrada de la pasarela, esta vez sin dejar víctimas. Y poco después, el podio sobre el que bailaba una 'garota' de Mocidade cayó.

Pero el pánico cundió realmente cuando la parte superior de una carroza de Unidos da Tijuca se desplomó en pleno desfile, dejando a 12 de sus bailarines heridos y a la veintena de colegas que quedaron en pie, atónitos.

Según las primeras investigaciones, un exceso de peso habría causado la desgracia.

"Lo que pasó fue lamentable. Espero que se tomen las medidas necesarias para que esto no suceda más. El sentido común (de las escuelas de samba) debe prevalecer, pero si no lo hay, tiene que haber un rigor mayor", dijo Rosa Magalhaes, la veterana y multipremiada directora artística de la 'escola' Sao Clemente.

Apelar al "sentido común" de las escuelas es lo que viene haciendo la organización de este megaevento desde que en 1984 trasladó el multitudinario desfile callejero de Carnaval al Sambódromo, una pasarela de 700 metros de largo y unos 13 de ancho.

No hay normas específicas para la construcción de carrozas alegóricas, diseñadas por directores artísticos -o 'carnavalescos'- con la participación de un 'responsable técnico'. Una vez terminadas, la única revisión corre por cuenta de los bomberos y se limita principalmente a verificar si cuentan con los equipos de prevención de incendios.

Ese margen amplio ha hecho que las carrozas de las doce mejores escuelas de samba de Rio hayan ido tomando un tamaño desproporcionado, convirtiéndose en verdaderos edificios rodantes con complejos sistemas de efectos especiales.

En 2015, la simbólica águila de la campeona de este año, Portela, era tan colosal -18 metros- que tuvo que inventar un sistema para pasar por debajo de una de las torres de televisión, que ya fue sustituida por una mayor.

"El carnaval creció mucho, pero las medidas de seguridad no acompañaron esta evolución", dijo al diario O Globo Marcio Guimaraes, coordinador de grandes eventos de la fiscalía del estado de Río.

"No podemos decir que fueron hechos aislados. Estamos frente a varios accidentes y eso muestra que la fiscalización tiene que ser más firme", reclamó Guimaraes, que convocó a una reunión el jueves para tratar el asunto.

La responsable de la competencia en el Sambódromo, la Liga Independiente de las Escuelas de Samba (Liesa), ya adelantó que también reunirá a las asociaciones para "realizar ajustes".

Y el Instituto Nacional de Metrología, Calidad y Tecnologia (Inmetro) aseguró que acelerará la definición de reglas de certificación y control de los carros alegóricos para 2018.

Entre tanto, nadie perdió de vista que los accidentes en la Avenida Marques de Sapucaí se produjeron en medio de una grave crisis económica, especialmente aguda en Río de Janeiro, que hizo más difícil para las escuelas tener sus vitales patrocinios, obligándolas a reutilizar materiales o a comprar otros más baratos.

Reina mundial del Carnaval, que atrae a más de un millón de turistas, Río no puede darse el lujo de perder el prestigio de lo que mejor sabe hacer.

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