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El Papa, vigilante de las situaciones políticas y sociales de Latinoamérica

En el 2017, el Papa Francisco mantuvo puesta su mirada en Latinoamérica: estuvo preocupado por Venezuela, viajó a Colombia para celebrar el Acuerdo de Paz, anunció su visita a Chile y Perú y publicó dos libros que resumen su pensamiento sobre la ‘Patria Grande’.

En efecto, mientras dejó en claro que este 2018 tampoco irá a su país, Argentina, el pasado fue el “más latinoamericano” de los años de pontificado de Jorge Bergoglio, puesto que además estuvo muy pendiente de la situación en Honduras.

Así, Francisco comenzó el 2017 instando a abrir “caminos de diálogo” y “gestos valientes” en Venezuela para que “las consecuencias de la crisis política, social y económica” dejen de pesar “sobre la población civil”, al recibir en enero al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.

Después, en junio, recibió al pleno de la Conferencia Episcopal Venezolana, que le entregó un informe con los fallecidos durante las protestas en el vecino país y un documento que mostraba las cifras de las crisis humanitaria que allí se registraba.

La situación en la República Bolivariana también marcó el viaje del Papa a Colombia, cuando desde el avión en el que se desplazaba hacia Bogotá deseó que se construyese “diálogo” y que se “encontrase una buena estabilidad”, además que, después, durante un Ángelus pidió que se rechazase todo tipo de violencia en la vida política venezolana.

El Sumo Pontífice, que el año pasado redujo sus viajes internacionales con visitas a Fátima y el último a Bangladesh y Birmania, cumplió con la promesa que había hecho de viajar a Colombia cuando los Acuerdos de Paz estuviesen firmados y consolidados.

La visita tuvo lugar entre el 6 y el 10 de septiembre, cuando trajo su petición que el país alcanzase una verdadera reconciliación tras casi 60 años de conflicto armado. Por ello, el acto símbolo y más emotivo durante su presencia en Colombia fue el encuentro de oración por la reconciliación nacional, que se celebró en Villavicencio, con la presencia de grupos de víctimas y de exguerrilleros de las Farc.

Precisamente, en su reciente mensaje de Navidad, el presidente Juan Manuel Santos recordó la venida del Sumo Pontífice y la calificó como uno de los hechos más significativos para Colombia: “El año que termina nos ha dejado un regalo inolvidable: la visita del Papa Francisco, el ‘peregrino de la paz’, quien nos acompañó con su palabra, su ejemplo y su bondad”.

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Durante el año que recién terminó, Francisco también expresó su preocupación por el estado actual de América Latina en dos libros que reiteran la necesidad que el continente vuelva a “perseguir grandes objetivos”.

“Urge poder definir y perseguir grandes objetivos nacionales y latinoamericanos, con fuertes consensos y movilizaciones populares, más allá de las ambiciones e intereses mundanos, y lejos de maniqueísmos y exasperaciones, de aventuras peligrosas y explosiones incontrolables”, señala en el prólogo ‘Memoria, coraje y esperanza’, escrito por el vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina, Guzmán Carriquiry.

En él, Francisco muestra su preocupación por que “América Latina estaba concluyendo un ciclo de fuerte crecimiento económico en condiciones internacionales favorables”, pero “una gran oleada de depresión provocada por la crisis económica mundial, unida a cadenas de corrupción y violencia, ha marcado una transición hasta el momento actual”.

En un libro, entrevista con el periodista argentino Hernán Reyes, el Papa lamentó el “eje de la corrupción” y de la droga que atraviesa el continente.

Latinoamérica “en este momento también es víctima de la cultura monetaria y financiera. La Patria Grande hoy ya no existe con tanta fuerza. Sí, está el Mercosur y continúa la Unasur, pero el continente es en gran parte servidor del sistema internacional monetario (...) Y por eso se desdibuja la integración”, confiesa con amargura Jorge Bergoglio en este volumen.

En ambas publicaciones el Sumo Pontífice expresa una de sus máximas preocupaciones: la destrucción del medioambiente, un problema que en Latinoamérica se hace más patente.

Por ello, el 15 de octubre de 2017 Francisco anunció la celebración de un Sínodo extraordinario de obispos en el 2019 para abordar los problemas de la región de la Amazonía, y especialmente de la población indígena.
Y mientras comienza a preparar esta importante cita de purpurados, el Papa ya alista maletas para llegar este primer mes del año a Chile y Perú, donde se ocupará igualmente de la defensa de los indígenas y de la naturaleza.

Pide protección de refugiados e inmigrantes

Francisco pidió ayer en el Vaticano, en su primera misa del año en la Basílica de San Pedro, que se garantice la paz de los inmigrantes y refugiados y apeló para ello a las instituciones civiles, educativas, asistenciales y religiosas.

El Pontífice dedicó la homilía a destacar el papel de la Virgen María en un día en el que la Iglesia Católica celebró la 51 Jornada Mundial de la Paz, fijada esta vez en la situación de inmigrantes y refugiados.

Y a ellos aludió después del rezo del Ángelus, ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro, donde pidió que se les garantice un “futuro de paz” y recordó a los que “están dispuestos a arriesgar la vida en un viaje que en gran parte de los casos es largo y peligroso”.

“No apaguemos la esperanza en su corazón; no sofoquemos sus esperanzas de paz. Es importante que de parte de todos, instituciones civiles, realidades educativas, asistenciales y eclesiales, haya un esfuerzo por garantizar a los refugiados, a los inmigrantes, a todos, un futuro de paz”, dijo Francisco.

Bergoglio abogó por un “mundo más solidario y acogedor” y dijo que quería hacer eco “de nuestros hermanos y hermanas que invocan para su futuro (de los inmigrantes y refugiados) un futuro de paz”.

En noviembre pasado, el Papa difundió el mensaje para esta Jornada Mundial de la Paz, en el que se muestra contrario a quienes incitan al miedo a los inmigrantes a veces con fines políticos, pues crean solo racismo y violencia.

“Los que fomentan el miedo hacia los inmigrantes, en ocasiones con fines políticos, en lugar de construir la paz, siembran violencia, discriminación racial y xenofobia, que son fuente de gran preocupación para todos aquellos que se toman en serio la protección de cada ser humano”, escribió el Pontífice allí.

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