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Presupuesto para diplomacia sufre recorte en la era Donald Trump

El Departamento de Estado de los Estados Unidos es uno de los afectados por los recortes presupuestarios que planteó el presidente Donald Trump para 2018. Aunque su secretario Rex Tillerson los defiende como paso para establecer una diplomacia y un sistema de ayuda al desarrollo “más eficaces”.

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Este plan —dicen— tiene pocas posibilidades de ser aprobado tal cual por el Congreso, sin embargo, la apuesta del Mandatario --que ganó los comicios con un programa nacionalista y aislacionista -- es reducir un 28 % la partida destinada a la diplomacia de la primera potencia mundial.

De ser adoptado, provocaría un terremoto en el poderoso y venerable Departamento de Estado, fundado en 1789 y compuesto por 70.000 personas repartidas entre la sede central en Washington y las 200 embajadas y consultados que tiene en el planeta.

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El Departamento y su agencia para el desarrollo internacional Usaid tendrían que manejar unos fondos de US$37.600 millones para el año fiscal 2018 --que comienza el 1 de octubre de 2017--, frente a los US$50.900 millones que tiene este año.

Otro de los efectos secundarios es que Estados Unidos rebajará su contribución a la ONU y sólo participará en “un 25 % de los costos de las operaciones para el mantenimiento de la paz”.

En opinión de la embajadora estadounidense Nikki Haley, “la ONU gasta más de lo que debería (...) la carga económica es mayor para Estados Unidos que para otros países”.

El secretario general de Naciones Unidas, l Antonio Guterres, advirtió que, en consecuencia, las finanzas globales de la organización internacional sufrirán una “brusca reducción”.

Muchas ONG internacionales criticaron la política del Mandatario. Human Rights Watch denunció “la intención del presidente Trump de debilitar las agencias gubernamentales estadounidense que se encargan de temas relacionados con los derechos humanos” para poder aumentar el presupuesto de Defensa.

“Recortes irresponsables”

Los pocos altos funcionarios de la administración de Barack Obama que todavía conservan su cargo censuraron los “grandes” recortes, pero creen que se avecina un “largo proceso” de negociación entre la Casa Blanca y el Congreso antes de que el presupuesto obtenga luz verde.

La exsecretaria de Estado adjunta para el sur de Asia, Nisha Biswal, criticó en Twitter lo que para ella son “recortes desestabilizadores e irresponsables en tiempos de desafíos excepcionales, guerras y hambrunas”.

La diplomática también manifestó su esperanza de que el Congreso intervenga. Senadores republicanos que teóricamente deben apoyar al Presidente condenaron hace unos días la drástica disminución sugerida para el Departamento de Estado y Usaid.

Marco Rubio ya advirtió que “la ayuda extranjera no es caridad” y defendió su papel crucial para garantizar la seguridad de Estados Unidos.

El representante demócrata Bennie Thompson también condenó ayer “el primer presupuesto del presidente Trump, que no es más que un fantasma conservador para desgarrar el gobierno sin ningún tipo de justificación racional”.

Un consejero de Seguridad Nacional del expresidente George W. Bush hizo sonar las alarmas por la influencia que puede perder el país en el extranjero, una de las grandes preocupaciones de los militares de EE. UU.
“En Iraq y Afganistán aprendimos que nuestros ejércitos necesitan un aliado civil eficaz si queremos que nuestras victorias en el campo de batalla se transformen en paz duradera”, subrayó Stephen Hadley en un artículo de ayer en The New York Times.

Eficacia

Uno de los principales argumentos de Tillerson para justificar este recorte es la “eficacia”. El exdirector general del gigante petrolero ExxonMobil contó a sus empleados en un correo electrónico enviado desde su gira por Asia que “el compromiso (internacional) de Estados Unidos y la ayuda deben ser más eficaces”.

“Defender los intereses nacionales de nuestro país debe ser siempre nuestra primera misión”, subrayó.

Tillerson también explicó en Tokio, durante su primera rueda de prensa desde que es jefe de la diplomacia estadounidense, que la decisión también está motivada por el gasto de los gobiernos precedentes, en particular el anterior: “El nivel de gasto alcanzado en el Departamento de Estado en el pasado, sobre todo el año pasado, es simplemente insostenible”.

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