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Seis años de la guerra que ha arrasado con Siria

Seis años de la guerra que ha arrasado con Siria

Wafaa Keyari mira unos niños jugar afuera de una escuela, ubicada detrás de la larga fila de unidades de almacenes de concreto que sirven como albergues para los sirios desplazados.

Solo los mira, de lejos. Wafaa tiene 8 años, cuando inició la guerra apenas tenía 2. Siempre ha vivido en el destruido distrito de Sakhour, al este de Alepo, una de las ciudades sirias más afectadas por la confrontación.

Wafaa no pasa mucho tiempo con los otros niños, tiene miedo de que la rechacen por su aspecto. Hace dos años, un bombardeo destruyó su hogar y quemó severamente su cuerpo y su rostro.

“Teníamos un cilindro de gas en nuestro hogar. Cuando la casa fue bombardeada, este explotó. Yo estaba justo al lado. Mi padre y yo resultamos quemados y un hombre murió”, cuenta la niña en una historia publicada por la Agencia de la ONU para los Refugiados, Acnur.

Hoy hace seis años fue el inicio de una revuelta que buscaba tumbar el gobierno de Bashar al Assad, pero que terminó en una guerra civil. La Acnur advirtió que Siria está en una “encrucijada” y que la situación empeorará a menos que se tomen medidas drásticas para consolidar la paz y la seguridad.

El Alto Comisionado de Acnur, Filippo Grandi, afirmó que trece millones y medio de personas necesitan ayuda humanitaria en Siria y de estas seis millones son desplazados internos y casi tres millones menores de 5 años crecieron sin conocer otra realidad que la guerra.

“La guerra en Siria es un fracaso colectivo (...) No se trata de números, sino de personas, de familias separadas, civiles e inocentes muertos, viviendas destruidas, negocios y medios de subsistencia destrozados”, enfatizó el Alto Comisionado.

Wafaa es una de las miles de personas que han sido asesinadas o mutiladas por los combates. Con una bufanda morada y un gorro de lana color verde que esconde las cicatrices en su cuero cabelludo. “Me llevaron al hospital. Estaba despierta y me hicieron los tratamientos”, recordó ella.

“Yo estaba usando ropa de lana, como las que estoy usando ahora, así que se me pegó al cuerpo. Cuando me llevaron al hospital, me la estaban separando de la piel. Dolía muchísimo, no usaron anestesia, solo me la arrancaron”, cuenta.

Wafaa, sus padres y sus siete hermanos mayores fueron a vivir cerca con parientes, en el este de Alepo. Pero el año pasado, cuando la guerra entre el régimen de Al Assad -apoyado por Rusia- y los grupos rebeldes aumentó en la segunda ciudad más importante del país, la familia buscó refugio en el albergue en el oeste de Alepo, donde han vivido por los últimos cuatro meses.

Alepo es una ciudad arrasada, casi el 40 % está destruida y de los 4 millones de residentes que vivían allí, quedan menos de 1,5 millones. Miles han muerto y muchos más son refugiados en el extranjero. Wafaa y su familia son parte de las 400.000 personas desplazadas dentro de la ciudad.

Y aunque luego de que el régimen tomara el control de esta ciudad terminaron los bombardeos y enfrentamientos la crisis humanitaria sigue.

“Imagínese una ciudad con dos millones de habitantes sin agua ni electricidad. Es una verdadera tragedia, la gente está harta, está cansada. Siria es una sociedad desgarrada. Debemos ayudar a Siria a recorrer el camino de la reconciliación”, asegura el obispo, quien nutre muchas esperanzas en la tercera ronda de conversaciones de paz sobre Siria, que se abrieron el martes en Astana, Kazajstán.

“Por lo general en Occidente creen que el cambio de presidente en Siria va a resolver todos los problemas. Pero la situación es mucho más compleja, tenemos también la lucha entre chiítas y sunitas, y una estructura tribal muy importante”, explicó.

Una guerra sin fin

El 15 de marzo es el día que se conoce como el inicio el conflicto en Siria. Comenzó como un levantamiento pacífico contra Bashar al Assad, pero se convirtió en una brutal y sangrienta guerra civil. La primer ciudad afectada fue Homs, donde estalló todo. Seis años después, es una ciudad destruida: doce de los 18 vecindarios en la ciudad de Homs tienen ahora un escenario apocalíptico, con edificios y casas agujereados por las balas. Están desprovistos de cualquier signo de vida más allá de los sonidos de los pájaros y los brotes verdes de las plantas que comienzan a crecer fuera de los escombros.

La rebelión inicia, apoyada por los países del Golfo, Turquía y algunos Estados occidentales, alcanzó su cénit en 2012. En aquel momento hizo tambalearse al régimen, pero el apoyo de Moscú y Teherán a Asad cambió el transcurso del conflicto a partir de 2015. Aunque la guerra está lejos de haber terminado, el régimen se halla ahora en una posición de ventaja.

“Creo que esto pesará muy fuertemente en la conciencia del mundo por generaciones. Debemos pensar que hay gente aquí, algunos están regresando a estas ruinas que necesitan ayuda, ayuda inmediata”, dijo Grandi de la Acnur.

La familia de Wafaa debe permanecer en su albergue temporal por ahora, sobreviviendo con la ayuda que reciben del Acnur. También ha visitado médicos en Damasco, que están considerando una cirugía plástica para reparar algunas de las cicatrices. “Quiero mejorar, ser feliz en la vida y no necesitar nada”, dice.

Historia de Wafaa, tomada de Acnur

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