alfredo carvajal sinisterra

Riesgos de Tormentas

Hemos vivido un período largo de ausencia de confrontaciones bélicas entre países poderosos, por eso algunos autores afirman, que han trascurrido siete décadas, casi un siglo, de paz en el mundo. La guerra entre Israel y Palestina no ha tenido mayores repercusiones. Los conflictos que se han presentado, con mayor frecuencia, han sido conflictos internos, como el nuestro o el de Siria. Sin embargo, ahora se están presentando riesgos mayores que implican, sin duda, retroceder a lo que ocurrió hace ya más de 70 años, debido a que las grandes potencias se encuentran involucradas.

¿Por qué hago esta afirmación? Infortunadamente ha resurgido el nacionalismo hirsuto, producto de elegir en varios países a mandatarios populistas, que apelan a sentimientos patrióticos, distorsionados y extremistas, ya superados. Turquía, Polonia y Hungría, tradicionalmente democráticos, cada vez con mayor énfasis se están precipitando hacia la autarquía con regímenes prácticamente dictatoriales.

Por desgracia, las grandes potencias, EE.UU., China y Rusia tienen gobernantes con delirios de grandeza, poseedores de egos gigantescos. Putin se ha convertido en un nuevo zar mediante reelecciones sucesivas. Xi Jinping recientemente abolió la alternancia, único vestigio que aún subsistía de la esperanza que se inclinara hacia un gobierno democrático.
Ambos han decidido ampliar sus fronteras. El primero se apoderó de Crimea, antiguo territorio de Ucrania. El segundo decidió apropiarse de unos espolones situados en el llamado mar de China para establecer en algunas avanzadas militares, donde aún subsisten países independientes como Taiwán.

El mandatario Trump, con un temperamento enigmático, ha tomado decisiones inconsultas y contradictorias sin reflexionar en las consecuencias. Desde antes de su elección prometió revisar todos los tratados comerciales, cuyos resultados hubiesen sido que las importaciones superen las exportaciones de los EE.UU. También habló reiterativamente de construir un muro entre su país y México, cuyo costo lo asumiría su vecino, de manera inconsulta y arbitraria. Denunció el tratado del Nafta, el cual se encuentra siendo actualmente renegociado. Lo que es peor, estableció unos aranceles adicionales para el acero y el aluminio, con desconocimiento absoluto de la Organización de Libre Comercio, promovida por su propio país, ignorando o desestimando las consecuencias, como posibles retaliaciones de países como China, los mayores compradores de sus bonos y en violación del tratado del Nafta. Como corolario de esta decisión, arbitraria e inconsulta, renunció su propio Secretario de Comercio. Amenazó a los países europeos con salirse de la Otan o Nato, si las demás naciones no aumentaban sus contribuciones económicas. El presidente Trump ha asaltado las instituciones multinacionales que han ayudado a la paz entre naciones, que su propio país tuvo la iniciativa de crear. Manifestó sus simpatías por el Brexit, desconociendo que el Mercado Común Europeo unió a enemigos ancestrales.

Las actuaciones de las grandes potencias en materia comercial pueden desatar guerras económicas de consecuencias impredecibles. La Segunda Guerra Mundial tuvo como una de sus causas principales, las exageradas exigencias económicas que le impusieron a Alemania, para reparar a sus enemigos.

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