alfredo carvajal sinisterra

Tiempos turbulentos

Es un hecho que el acuerdo con las Farc ha producido una disminución en el número de víctimas, existía una confrontación armada, más severa que la actual. Sin embargo, las disidencias están aumentando en número y en capacidad bélica, en las mismas zonas donde antes ejercía el mando la cúpula directiva de dicha institución subversiva, regiones abandonadas a su propia suerte, por parte del Gobierno Nacional. Lo más grave es que no ha existido una respuesta efectiva.

Los programas establecidos del llamado posconflicto no están respondiendo con la celeridad necesaria, para llenar los vacíos de autoridad y atender las necesidades que, desde hace muchos años, reclaman reiterativamente sus habitantes. Además, se han presentado casos de corrupción, en la administración de los fondos destinados para dichos programas. Peor aún, esos recursos fueron alimentados con donaciones de países extranjeros, cuyo propósito fue ayudar a Colombia. Ahora, ellos están reclamando. Una vergüenza.

Como si fuera poco, una disidencia de las Farc secuestró a tres periodistas ecuatorianos. Claro está que nuestro vecino, hace no mucho tiempo, permitió, al menos, un asentamiento de esa organización subversiva en su territorio. Para los desmemoriados, conviene recordarles que, en ese campamento fue donde se logró dar de baja a uno los más conspicuos integrantes de ese movimiento armado, el Sr. Raúl Reyes. El entonces presidente del Ecuador, Dr. Rafael Correa, protestó airadamente por la decisión que tomó el presidente de Colombia, Dr. Álvaro Uribe. Aunque esto, en ningún caso, justifica un hecho execrable, lo traigo a colación con el único propósito de reiterar que nuestros vecinos no debieran cohonestar movimientos subversivos que pretendan deponer por medio de las armas, regímenes democráticos constitucionales, como también ha sido el caso de Venezuela. “Cría cuervos y te sacarán los ojos”.

El Gobierno Nacional debiera prestar una mayor atención y destinar los recursos necesarios para atender las necesidades de una población marginada, donde la juventud carece de oportunidades, donde no existe educación, ni hospitales. Cuando se visita la región costera del Pacífico Colombiano, nos damos cuenta del abandono en que sobreviven sus habitantes. Da francamente pena. No existen los medios de comunicación para desplazarse y poder reclamar los derechos que los asisten, ante sus autoridades. Los habitantes de Timbiquí y Guapi, con problemas de salud, se ven obligados a utilizar chalupas como medio de transporte, con los riesgos que conlleva, para trasladarse a Buenaventura y luego a Cali, puesto que en el puerto no existe ni un hospital. ¡Y pensar que el Pacífico es el mar del futuro!

Si esto decimos del Cauca, el caso del Chocó es peor, ese departamento, cuyo litoral es uno de los más extensos de Colombia, no tiene conectividad de ninguna especie con el interior del país.

En el puerto de Tumaco el abandono es tal, que ni siquiera la policía y el ejército han podido detener que se consolide como la región con la extensión más grande de cultivos de coca.

Para empeorar, en el ámbito internacional, dos gallos de pelea, con egos colosales, el presidente Trump y el presidente Putin, se encuentran enfrentados en Siria, un país distante de sus fronteras, devastado por un conflicto interno.

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