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Propósito nacional

Marzo 07, 2017 - 11:55 p.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Con ocasión de la Feria Internacional de Aves en Cali, pude escuchar la conferencia, realmente magistral, del etnobotánico Wade Davis, autor de El Río. Su ponencia, en inglés, no versó directamente sobre pájaros, sino sobre la metáfora implícita en su libro que vincula su vida con la de su profesor y maestro en la Universidad de Harvard, Richard Evans Schultes, quién estudió plantas alucinógenas de uso tradicional, entre ellas la coca, que, en manos del mercado mundial en la sociedad contemporánea, se asocian con la violencia, la desolación y las guerras. Wade Davis introdujo su conferencia con un comentario en español altamente significativo. Resaltó la importancia para el mundo del proceso de paz en que estaba embarcado el país y observó que los colombianos no parecíamos estar plenamente conscientes de lo que esto significaba y menos que manifestáramos abiertamente adhesión al mismo. De paso, hizo una propuesta que me deslumbró por su sencillez, pertinencia e importancia para luchar por intereses colectivos en favor de la naturaleza y la sociedad. Para él, sería importante que nos propusiéramos “limpiar el río Magdalena”, emblemático de nuestro país.

No es una propuesta clasista ni política. Tampoco de carácter étnico o con visión de género. Es una propuesta en la que cabemos todos, sin distingo alguno. Geográficamente, se inicia en el macizo donde el Magdalena coge por un lado y el Cauca por el otro, para unirse más adelante en la Costa Atlántica. Implica proteger el páramo, asunto que preocupa mucho hoy por el dilema que se plantea como absoluto, entre el desarrollo económico y la sostenibilidad ambiental, a propósito de la importancia que puede tener el turismo en las zonas de reserva. Afortunadamente, se puede contar allí con comunidades indígenas que han demostrado interés en mantener las reservas de agua, no para ellos, sino para la nación. Enseguida, bajando hacia el estrecho de San Agustín, aparece el problema que se acentúa kilómetro a kilómetro, de la deforestación de la cuenca y del vertimiento de aguas negras de las poblaciones vecinas. El asunto comienza a ser dramático en Neiva, también por el efecto de las hidroeléctricas, pero asume un rasgo de vergüenza nacional con la desembocadura al Magdalena del río Bogotá que allí es un río lleno de espuma nauseabunda. En el Magdalena Medio y hasta su encuentro con el Cauca, ya es evidente que el río es un caldo amarillo que se está llevando lenta pero inexorablemente la capa vegetal de la nación. El Cauca, su afluente, mantiene condiciones similares. Sabemos que en Cali, las plantas de tratamiento del acueducto no funcionan por el material que viene desde sus afluentes en el Norte del Cauca, en buena medida, debido a cultivos intensivos y ambientalmente no sostenibles de caña de azúcar. Las aguas negras no tratadas de Cali y otras poblaciones van a parar al río Cauca y al Magdalena. La desembocadura del Magdalena, en Bocas de Ceniza, muestra una gran mancha amarilla de sedimentos que se expande varios kilómetros mar adentro.

La idea no es descargarle, como usualmente hacemos, toda la responsabilidad al Estado que la tiene y muy grande. La idea es que cada uno ponga un grano de arena, según su posición social y según sus posibilidades. Periódicamente es factible evaluar y hacer campañas puntuales. Es posible recrear la fauna y flora de los ríos y se puede proyectar una visión futura y realista de un río limpio que hace compatibles la vida económica y el medio ambiente. La idea de Wade Davis es muy buena. Sugiero replicarla en los medios y esperamos que, como una ‘bola de nieve’, se pueda convertir en un propósito nacional.

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