antonio de roux

Cuotas burocráticas siniestras

Días antes de las elecciones se publicó en este periódico un informe sobre la participación burocrática o ‘cuotas’ de quienes aspiraban a llegar al congreso. Aparecieron datos previsibles referidos a experimentados depredadores de la política. También trascendieron otros hechos que sorprenden por cuanto involucran a algunos nuevos actores.

El asunto de las cuotas comienza en el nivel de los municipios. Ciertos concejales y jefes que influyen en la elección de personeros y contralores exigen determinado número de puestos. Los gobernantes para no ver entrabada su gestión y no quedar metidos en escándalos o debates prefabricados tienen que ceder. Luego, para concretar el negocio, se acude a la fórmula de los contratos temporales de prestación de servicios.

Los gobiernos locales quedan condenados a la mediocridad al tener que enganchar a esos individuos raramente idóneos, que son los recomendados políticos. Y es que con frecuencia se trata de personas no calificadas, sin compromiso alguno con la calidad en la gestión. Estos funcionarios son de alguna manera víctimas: viven atemorizados porque su empleo depende de la voluntad y la recomendación que quiera emitir el respectivo mandamás del grupo o partido. Lo anterior sin contar con otras cargas agobiantes como las de conseguir determinado número de votos en época electoral o efectuar aportes económicos.

Este estado de cosas priva a los ciudadanos de un derecho esencial que es el de contar con una administración pública profesional, capacitada, eficiente; cuyas decisiones no estén contaminadas por las influencias politiqueras.

El sistema, además, destroza la posibilidad de que tengamos una democracia real. Si un concejal, jefe político o un alto funcionario cuenta con cuatrocientos o quinientos puestos en el gobierno y cada uno de sus recomendados le trae cincuenta votos, el individuo contará para comenzar con más de veinte mil electores. Suficientes para mantenerse en el cabildo y eventualmente llegar o impulsar a alguien al Congreso. Una corporación desde la cual se puede acceder a la mermelada y a las vastas nóminas de las entidades nacionales.

La realidad mencionada subyace tras fenómenos políticos como el de Mauricio Ospina, quien fue elegido al senado después de que su hermano, el alcalde Jorge Iván, incorporara al servicio del municipio más de mil guardias cívicos. Un fenómeno como el descrito explica también los atronadores éxitos electorales del ahora senador José Luis Pérez. Según dicen él cuenta con una gruesa cuota en la administración local. Ojala José Luís no se agote en la pequeña política electorera. Él tiene condiciones personales para ir mucho más allá, haciendo que su voz aporte soluciones y abra caminos.

Juan Fernando Reyes y Christian Garcés están llegando al Congreso y sus nombres aparecieron en el informe de El País. Pero quien bien conozca a estos personajes sabe que los dos entienden la política como oportunidad de servicio verdadero. Sería bueno que ellos, junto a Gabriel Velasco y Catalina Ortiz, cuya elección es motivo de esperanza, lanzaran una propuesta legislativa orientada a cortar el lazo perverso entre la politiquería puestera y la gestión pública. La fórmula es sencilla: Miembro de corporación que trate de incidir en la conformación de la nómina oficial, perderá automáticamente su investidura.

Sigue en Twitter @antoderoux

VER COMENTARIOS

Queremos que siga disfrutando de los mejores contenidos. Es muy fácil:

Regístrese aquí

¿Ya está registrado?

  Continúa Leyendo




Powered by