antonio de roux

El pincel y la palabra

Por aquellos días de 1988 los intelectuales y artistas nacionales organizaron un evento que se denominó ‘Colombia vive’. Se trataba de apoyar los tempranos esfuerzos gubernamentales por la paz y llamar la atención sobre la violencia creciente contra los integrantes de la Unión Patriótica. En Cali la convocatoria despertó interés y fue muy concurrida. Nuestro espacio público se llenó de versos, diálogos y sones que reclamaban el advenimiento inmediato de una paz integral.

Tras una de esas jornadas intensas los organizadores de la actividad recalaron en el apartamento del talentoso artista plástico y entonces senador, Pedro Alcántara Herrán. Entre los presentes se contaban actores y directores teatrales; músicos y cuenteros; escritores y articulistas, y varios poetas. Como Thiago de Mello, aquel consentido de las musas, venido especialmente para la ocasión.

En la época de este episodio ya el pincel de Pedro Alcántara estaba coronado por el reconocimiento. En Italia había ganado el premio Gubbio y la medalla al mérito artístico. En Colombia cinco veces lo habían exaltado en los salones de artistas nacionales. También sumaba participaciones en las bienales de Venecia, Sao Paulo, Tokio, La Habana, Caracas y Helsinki, entre otras. Y había recibido la medalla de oro en la Intergrafik de Berlín.

La palabra iluminada de Thiago de Mello era bien conocida en América Latina y a golpes de sentimiento y razón se proyectaba al mundo. Nacido cerca del Amazonas su compromiso de vida incluía la búsqueda de mejores oportunidades para los seres humanos vulnerables y la defensa del medio ambiente. Un mensaje considerado subversivo cuando Brasil cayó en manos de los chafarotes. Debió huir a Chile donde Neruda tradujo su obra y Violeta Parra puso alas musicales a varios de sus poemas.

Ahora en Colombia, comenzamos un nuevo año y es una época difícil. Los intereses económicos adueñados de los medios, y los electoreros imperantes en la política nos impiden discernir. Cada cual dice la mentira que le conviene y la propala como si fuera certeza. Sobre esos referentes que no tienen nada de verdad se construyen expectativas colectivas, políticas públicas y proyectos nacionales.

Lo anterior amerita hacer un alto en el camino para reflexionar sobre aquellos elementos que deben dar sentido a lo que hacemos. Con esa idea acudo a las palabras contenidas en el poema ‘Los estatutos del hombre’, que según cuentan el autor, Thiago de Mello, declamó en aquella noche memorable:

“Queda decretado que ahora vale la verdad,/ que ahora vale la vida,/ y que de manos dadas/ trabajaremos todos por la vida verdadera.
Queda decretado que todos los días de la semana,/ inclusive los martes más grises/ tienen derecho a transformarse/ en mañanas de domingo.

…Queda decretado que el hombre/ no precisará nunca más dudar del hombre. / Que el hombre confiará en el hombre/ como la palmera confía en el viento/ como el viento confía en el aire/ y como el aire confía en el campo azul del cielo.

…Queda decretado que los hombres/ están libres del yugo de la mentira/ nunca más será preciso usar/ la coraza del silencio/ ni la armadura de las palabras./ El hombre se sentará a la mesa/ con su mirada limpia/ porque la verdad será servida antes del postre”.

…Queda decretado, por definición,/ que el hombre es un animal que ama/ y que por eso es bello…”.

Sigue en Twitter @antoderoux

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