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Veinte años y en las mismas

Marzo 19, 2017 - 11:55 p.m. Por: Antonio de Roux

Han pasado veinte años desde el asesinato de Gerardo Bedoya Borrero, director de Opinión de este diario, y seguimos en las mismas. Los sicarios que segaron su vida obedecían a turbios intereses que aún están en boga. A Bedoya había que matarlo porque era una voz implacable contra la corrupción, el narcotráfico y la falta de ética en la política. En la época del crimen tras la confesión de Fernando Botero, todo indicaba que a Samper lo habían elegido con la plata de la mafia. Mafia del narcotráfico, distinta de la que han montado ciertos contratistas, pero igualmente dañinas.

Han pasado veinte años y seguimos en las mismas. Samper dijo que cualquier posible ilícito relacionado con su elección, habría sido a sus espaldas. El mismo cuento que echan en la actualidad: Roberto Prieto, gerente de la campaña santista reconoce que hubo contribuciones ilícitas, y el candidato riposta afirmando que no se enteró de esa financiación espuria, ni de la volada de los topes. Aunque proclama que lo acontecido es inaceptable, no da señas de que vaya a actuar en consecuencia. Su lema según parece es el mismo de Samper: “Aquí estoy y aquí me quedo”.

Han pasado veinte años y seguimos en las mismas. A pesar de las evidencias sobre una reelección manchada nada pasará. El período del Presidente habrá de cumplirse tal y como estaba previsto. La razón es que cuenta con el respaldo mayoritario de los congresistas. A estos pueden llamarlos enmermelados, contratistas, puesteros; pueden desgañitarse cantándoles la tabla, pero son leales al gobierno. Eso es lo que cuenta y punto.

Han pasado veinte años y seguimos en las mismas. Los ciudadanos de Colombia no aprendimos las enseñanzas del proceso ocho mil. No hemos tenido el valor civil para evitar que la politiquería siga apropiándose de nuestra democracia. Muchos mediocres y negociantes del patrimonio público aún mandan. Tampoco fuimos capaces de presionar al Congreso para establecer un sistema que permita el procesamiento del Primer Mandatario por un tribunal independiente cuando existan sospechas sobre su conducta indigna.

Han pasado veinte años y seguimos en las mismas. Por eso las palabras escritas en este diario por Gerardo Bedoya y Rodrigo Lloreda durante la crisis del elefante, mantienen vigencia. Se trata de expresiones iluminadas, que habiendo sido desatendidas nos condenan a repetir la historia:

“Nos duele decirlo: la situación política es insostenible; el Presidente debe renunciar a su cargo. Su permanencia en el Gobierno será desgastadora y traumática para el país. Llegó la hora del verdadero patriotismo. Prolongar indefinidamente esta crisis tendría las más graves consecuencias para la nación y sería una imperdonable falta de solidaridad con los colombianos.

Hay que apelar en estos momentos a la sensatez y al patriotismo del gobernante. Pertenece él a una estirpe preclara de servidores públicos. Ha sido un político esforzado de larga trayectoria y de importantes realizaciones. No puede el Presidente, en un gesto de aferramiento al poder, ahondar los daños económico, políticos e internacionales que esa actitud acarrearía para todos sus compatriotas”.

El escrito cerraba con una admonición certera: “Renunciar no es fácil, pero sería un acto de entereza que el pueblo colombiano y las generaciones futuras le sabrían agradecer a Ernesto Samper”.

Sigue en Twitter @antoderoux

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