aura lucia mera

Apatía asesina

A veces me pregunto espantada, en qué clase de personas nos estamos convirtiendo o si estamos mutando hacia una de-generación de humanoides sin sentimientos, ni normas, únicamente guiados por la rabia, las ‘posverdades’ la inmediatez, robotizados por los medios electrónicos, incapaces de mirar hacia adentro, parar un momento el desenfreno que nos impulsa a consumir, a correr frenéticos sin saber por qué, a dar por ciertas mentiras mediáticas, enloquecidos por el dinero, pisoteando normas, agrediéndonos unos a otros verbal o físicamente, sin norte, sin brújula, sin metas, sin amor, sin ternura, sin respeto a nada ni nadie.

Pareciera que una rabia sorda y anárquica se hubiera apoderado de cada uno, lo veo en los mensajes insultantes en Twitter, en el rechazo a vivir en paz, en los ataques de los dirigentes políticos a sus opositores, en las mentiras falaces que se asumen como verdades, en la agresividad de los motociclistas, en los pitazos estridentes de los conductores de carros, en esa obsesión de no reconocerle nada bueno a nadie, en esa alegría malsana que es dejar caer la ‘gota fría’ de la sospecha y la insinuación perversa sobre el ‘otro’.

Lo que está sucediendo con el arzobispo de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve, es una vergüenza .Si algún jerarca católico tiene una hoja de vida intachable es él. Desde su consagración como sacerdote, sus estudios de teología en Roma, su desempeño en las comunas más violentas de Medellín donde puso en peligro su vida y logró la reinserción social de jóvenes pandilleros adictos a la sangre. Su obsesión por trabajar por la paz de un país desangrado en luchas demenciales. Su rechazo frentero al paramilitarismo desde que se llamaban Convivir. Su sentido de justicia y responsabilidad social en medio de tanta inequidad, su lucha por la dignidad del ser humano, su trabajo desinteresado por los más vulnerables. Su verticalidad y congruencia de pensamiento y acción.

La Arquidiócesis de Cali y su Arzobispo merecen respeto. Los caleños estamos en mora de respaldar esta institución y a su jerarca. Ya vivimos y padecimos el asesinato de monseñor Duarte Cancino. Estamos abandonando a monseñor Monsalve a su suerte, amenazado de muerte con panfletos y mensajes virtuales, calumniado por manipulaciones y posverdades de un abogado cuestionado cuyo único fin es saquear las arcas de la Arquidiócesis para su propio beneficio y vilipipendiado en los medios por una senadora y un periodista del uribismo.

Se le ha tildado sin rubor de pedófilo, guerrillero, comunista, sin que nadie de la población que se dice católica, que va a misa los domingos para que la vean, que come pescado los viernes, que fornica por debajo de cuerda pero muestra fidelidad y recato en público, que juega a la honestidad pero lleva una doble vida, esos miles de camanduleros de la clase empresarial no han dicho ni mu en defensa de su máximo jerarca apostólico. Consideran más cómodo pasar de agache. Una apatía asesina los mantiene ‘al margen’. Habrá que esperar... ¿Hasta cuándo?

Me llama la atención que las manifestaciones de solidaridad con monseñor Monsalve vienen del pueblo raso, de campesinos y trabajadores. Y que nuestra clase empresarial no haya dicho nada, dando como ciertas frases fuera de contexto, afirmaciones que jamás pronunció. Nadie sabe cuando asumió su cargo y heredo el chicharrón de un excura ya condenado y en prisión, lo primero que hizo fue contactarse con los jóvenes y proporcionarles oportunidades educativas y sicológicas.

La Arquidiócesis de Cali está en deuda con el arzobispo Monsalve. Somos la única ciudad que ya enterró un jerarca y no ha reaccionado ante los infames y mendaces ataques al actual.

Expreso mi indignación como caleña. No practicante ni curera. Simplemente estoy espantada de lo que nos está sucediendo como seres humanos. ¿La posverdad, o sea la mentira y la calumnia combinada con la apatía van a triunfar? ¿Se nos perdieron el corazón, la razón, la capacidad de reacción?

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