carlos e. climent

Manejo de la depresión infantil

A los especialistas en psiquiatría y psicología general o infantil llegan sólo una pequeñísima parte de los niños que sufren trastornos depresivos. En su gran mayoría, las familias no consultan porque:
*No tienen la información suficiente que permita identificar las dificultades de sus hijos como trastornos depresivos, ya que piensan que se trata de problemas “menores” o “no prioritarios” (al compararlos con las dificultades agobiantes sin resolver).

*Tienen mucho temor a los especialistas del comportamiento, pues siguen pensando que se trata de profesionales destinados exclusivamente a tratar “locos”.

*No disponen de los medios para una consulta especializada.

*Llegan a los servicios primarios de salud donde reciben atención para los problemas orgánicos, más no para los problemas emocionales.
Como consecuencia infortunada de lo anterior, con frecuencia, el niño se queda sin recibir una atención adecuada.
Ante la sospecha de depresión en un niño, se pueden seguir las siguientes pautas:

* En una primera instancia, y si el cuadro clínico no es muy severo, son los padres (no el niño) quienes deben acudir a la consulta inicial. Allí recibirán información sobre la naturaleza de la enfermedad depresiva, la manera de hacer una evaluación cuidadosa y la forma de poner en práctica algunas pautas para el manejo.

*La confección de una adecuada historia clínica permitirá determinar el ambiente en el cual se desempeña el niño, los factores traumáticos que lo rodean y la presencia o ausencia de una carga genética.

* Hay manifestaciones clínicas en las cuales el niño presenta un cuadro depresivo que no está asociado a ninguna circunstancia externa. Es lo que se denomina una depresión endógena. En la mayoría de los casos el estado de ánimo del niño tiene mucha relación con las circunstancias que lo rodean. En este caso se habla de una depresión exógena.

*En la evaluación con los padres (y otros adultos cercanos) se podrá determinar cuál es la dinámica familiar que puede estar relacionada con el estado de ánimo, las actitudes y las conductas del niño. Es de enorme importancia identificar las dinámicas malsanas que están operando en el ambiente familiar, pues los niños son muy susceptibles a las influencias negativas que los rodean cuando éstas vienen de personas significativas de su entorno.

*Las estrategias cognitivo-conductuales han probado ser útiles en el tratamiento de la depresión. Éstas incluyen, entre muchas otras, el ayudar al niño a detectar los pensamientos automáticos que lo han llevado a exagerar sus defectos o sus derrotas y el asignarle tareas que provean estructura y brinden la oportunidad de sentir que está haciendo algo bien.

*La utilización de antidepresivos debe dejarse para el final, cuando todo lo demás ha fallado.

*Pero lo más importante es entender las quejas y construir una sólida relación con el niño. Pues ganarse su confianza se constituye en el activo terapéutico más valioso sobre el cual se construye el vínculo que permite cambios positivos en el niño deprimido.

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