carlos jiménez

Elton Musk

Hasta ayer este señor era famoso en el Silicon Valley de California y poco más. Pero gracias al exitoso lanzamiento el martes pasado del transportador espacial Space X ya se le conoce en todo el mundo.

El transportador es por su capacidad de carga de 64 toneladas el más potente entre los existentes en el mercado americano y al mismo tiempo el más barato: 90 millones de dólares. Y supone además un avance espectacular en la carrera por privatizar la navegación espacial, hasta ahora prácticamente monopolizada por las empresas estatales, la Nasa incluida.

En adelante, cada día serán más frecuentes las iniciativas de los inversores interesados en explotar económicamente las múltiples posibilidades que ofrece el espacio exterior. Desde el turismo orbital hasta las colonias lunares pasando la investigación científica en condiciones extra terrestres. Por no hablar de la capacidad de la industria del entretenimiento para superarse a sí misma en la explotación de un espacio al que comenzó a conquistar desde el nacimiento del cine. Recuerden el Viaje a la luna de los hermanos Mélies. Y tengan por seguro que pronto habrá un Disneymoon en la luna, al que todos los niños del mundo querrán ir.

A mí, sin embargo, lo que me más sorprende es que el señor Musk haya usado por primera vez su extraordinario transportador para poner en órbita un automóvil. Él ha tenido buenas razones para hacerlo: este lanzamiento pasará a la historia de la publicidad como el más espectacular lanzamiento publicitario de un automóvil ocurrido desde cuando se inventaron esos lanzamientos. Por lo que cabe esperar que promoverá enormemente las ventas del que Space X lanzó al espacio: un Tesla descapotable de color rojo diseñado por la empresa de Musk que fabrica coches eléctricos. Así como las del modelo completamente automático que podrá ir de Los Ángeles a Nueva York sin que nadie lo conduzca. Y que en 6 meses estará en el mercado.

Me sorprende y me entristece. Porque esta formidable campaña publicitaria no solo ha promovido un cierto modelo de automóvil sino al automóvil a secas. Y lo ha hecho justamente cuando la fase crítica en la que ha entrado el calentamiento del planeta exige una drástica restricción de su uso. Y no solo porque con motor de combustión interna o con motor eléctrico el coche tiene un impacto negativo directo sobre el medio ambiente sino porque también lo tiene el urbanismo disperso que promueve.

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