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Johanna Calle

Marzo 09, 2017 - 11:50 p.m. Por: Carlos Jiménez

El arte reúne muchas virtudes y entre ellas la de ofrecernos calma en medio de la tormenta, pausas en medio del vértigo de las noticias irritantes, ocasiones para el silencio, para estar consigo mismo o para ejercitar la inteligencia sintiente de la que hablaba el filósofo Xavier Zubiría. Todas ellas virtudes que se valoran todavía más en una situación como la que padecemos, en la que aún no hemos logrado salir del todo del tenebroso túnel de la guerra cuando ya debemos enfrentarnos a la tarea hercúlea de decapitar a la hidra de siete cabezas de la corrupción crecida en la oscuridad del mismo. Virtudes que sin ningún género de dudas nos ofrece Johanna Calle, la artista bogotana de quien vi el mes pasado en la galería Moisés Pérez de Albéniz de Madrid, una espléndida muestra de su trabajo más reciente, titulada muy apropiadamente Semánticas.

La componían 36 dibujos distribuidos en 7 series y una canción sefardita, que no encajaba en ninguna de ellas pero que compartía con el resto un aire de familia. O más precisamente, el mismo espíritu de fineza que, a despecho de lo que pensaba Pascal, esta maravillosa artista ha sabido fundir con su opuesto: el espíritu de la geometría. La serie Cerca, de 2016, es una buena demostración de este logro. La integran cinco obras sobre papel que representan árboles cuyos troncos, y cuyas ramas y follaje no están pintados ni manchados con acuarela o tinta, sino rellenos con textos escritos con máquina de escribir. El resultado de esta técnica, aunque melancólico, es exquisito: es en cada caso un poema visual, un juego en sordina de blancos y de grises, de luces y de sombras.

Igual ocurre con los dibujos de la serie Palabras voraces, que a pesar de su título amenazante son todo lo contrario: otra prueba de la destreza y la sabiduría de las que se vale Johana Calle para transformar las masas graves y opacas de la escritura a máquina en formas y figuras que a fuerza de livianas parecen aéreas o volátiles. En cambio las piezas de la serie Concierto, producían la impresión contraria: la de letras en madera pintadas de negro cayendo en desorden sobre el fondo de la caja acristalada en la que estaban expuestas. En la serie Plano, las letras de imprenta son reemplazadas por las manuscritas en la tarea de delinear las calles de Bogotá. Y la serie Agujas, está dibujada con agujas de acero mientras que la serie Índice, lo está con hilo quirúrgico.

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