carlos jiménez

La marihuana

El consumo de marihuana ya es legal en California, el estado más importante de la Costa Oeste norteamericana y probablemente el más importante de ese país, si lo miramos desde el punto de vista de su proyección hacia el futuro. Se conecta directamente con Asia, el continente que se consolidará en el Siglo XXI como el epicentro de la economía y la política mundiales, es la sede del Silicón Valley -emblema de la innovación tecnológica en la era digital- y desde luego de Hollywood, que durante mucho tiempo seguirá siendo el más fecundo de los centros de la cinematografía mundial. Eso sin contar con su notable multiculturalismo y su larga tradición de laboratorio de nuevas formas y estilos de vida y pensamiento. La misma que le ha permitido tomar distancia del puritanismo de las élites de la Costa Este, tal y como vienen de probarlo de nuevo con su decisión de legalizar el consumo placentero de marihuana.

No es el primer estado de la Unión que lo legaliza -de hecho es el séptimo que lo hace- pero es tal su importancia en todos los sentidos y tal su peso demográfico, que los fanáticos atrincherados en el seno de la burocracia de Washington temen que su decisión desencadene un ‘efecto dominó’ que se lleve por delante todo el demoníaco andamiaje de la ‘lucha contra las drogas’ y no solo la legislación que todavía prohíbe en la mayoría de los Estados Unidos de América el consumo de marihuana.

Y los califico de “fanáticos”, porque hay que serlo y mucho, para pasar por alto en este caso no solo las evidencias científicas sobre la naturaleza de las adicciones sino el sentido común para mantener en alto la bandera de la prohibición a rajatabla de las sustancias psicotrópicas. Eso para no hablar del altísimo costo en pérdida y destrucción de vidas humanas, violencia política y policial y corrupción en todos los ámbitos de la vida social que supone la desafortunada prohibición del consumo de dichas sustancias. En Colombia sí que sabemos de esos costos, porque los hemos tenido que pagar todos y los seguiremos pagando hasta cuando alguno de nuestros timoratos gobernantes se decida de una buena vez a plantar cara a los fanáticos de Washington y decirles: “¡Ya basta! Sigan si quieren con su estéril guerra de bomberos incendiarios, que nosotros vamos a hacer lo que dictan el sentido común y los intereses de nuestro país: legalizar la marihuana”. ¡Si ya lo hizo Uruguay, por Dios!

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