carlos mejia gomez

¡Atención, abogados!

1. Vigilancia administrativa. Esta nota va para recordar la existencia de la Vigilancia Judicial Administrativa. Me ha sorprendido verificar que muchos colegas no recurren con frecuencia a esta figura. Como se sabe, el Consejo de la Judicatura tiene dos áreas o salas diferentes: la Disciplinaria y la Administrativa. Dentro de esta, se destaca la Vigilancia Judicial Administrativa. Me permito recomendar a los profesores universitarios instruir a los alumnos acerca de esta importante opción para asegurar un oportuno y eficaz cumplimiento de los deberes judiciales.

Las Salas Administrativas de los Consejos Seccionales de la Judicatura se pueden ocupar de las deficiencias en materia de acciones u omisiones específicas en procesos singularmente determinados. Estas Salas pueden proceder de oficio. Pero los abogados pueden promover visitas especiales a los despachos judiciales a fin de que se examinen actuaciones u omisiones en los Despachos. Se trata de garantizar la oportuna y eficaz administración de justicia. Este sencillo procedimiento puede ayudar a movilizar nuestra justicia tan lenta y tan ineficaz.

2. Miedo al juez. Sé que hay abogados en grandes cantidades (y, a veces, en bajas calidades). No hay profesión más desacreditada en el medio. Todos conocemos chistes (buenos y malos) sobre la ética de los abogados. Si este matoneo profesional se justifica o no lo sabrá cada letrado o lo sabrán sus clientes, o lo sabrán las autoridades.

No he sido litigante permanente. He tenido que manejar algunos procesos a título personal para defenderme de estafadores y aún de algunos colegas. Pero he atendido clientes como consultor y, sobre todo, para efectos conciliatorios y transaccionales. O para elaboración de documentos y conceptos. También he sido catedrático en varias ramas y universidades. He publicado varios libros en materias jurídicas y jurídico-políticas. Es decir, puro derecho sustantivo o sustancial. Ese derecho que ha de prevalecer sobre el adjetivo o procesal según la Constitución Nacional (a. 228 C.N.). Lo anoto porque es común que los funcionarios judiciales prefieran el ‘inciso’ procesal a lo esencial del Derecho. Por ello, con demasiada frecuencia, se alejan de la verdad verdadera con refugio en formalismos en ocasiones carentes de importancia mayor. Es el ‘escondrijo’ formalista del que hablan algunos maestros de esta hermosa profesión. “Lo bello está en el derecho sustancial y lo detestable en la cueva del inciso y del minuto apremiante. Con el agravante de que los funcionarios no cumplen sus términos propios pero sí guillotinan a los abogados con el inflexible término perentorio”.

Ya aquí hemos denunciado “la justicia en segundos, en dos minutos, en tres minutos” que se le aplica a los apoderados, en contraste con la mora en las decisiones de los jueces: sus autos son autos detenidos y atravesados en el camino y en el tiempo.

3. ¿Quién podrá defenderme? He escuchado por décadas a muchos abogados que no se atreven a controvertir a los funcionarios judiciales por temor reverencial o por miedo a represalias. Pero ahí está la vigilancia administrativa antes mencionada la cual puede derivar en procesos disciplinarios y aún penales. Pero está, previamente, la posibilidad de información y documentación con derechos de petición y, posteriormente, mediante la sagrada tutela. Hay casos a la mano.

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