diego martinez lloreda

Humillación que sirvió

Gracias al poder de las redes sociales, medio país vio el video, tomado en el norte del Cauca, en el que aparece un presunto indígena poniéndole un machete en el cuello a un estoico soldado. Y más de uno se pregunta, indignado, por qué el soldado, que estaba armado con un poderoso fusil, no reaccionó contra el agresor.

Quienes así piensan consideran que el soldado actuó de una manera indigna al no defenderse de semejante ataque. Y que, de paso, permitió que se irrespetara la institución que él representa.

Pues, con mucha pena con quienes así lo consideran, en mi opinión ese soldado actuó no solo con una enorme valentía sino con gran sabiduría.

Lo más fácil era que el militar hubiera respondido a la provocación del indígena accionando su arma. De hecho, eso era lo que buscaba esa agresión. Pero ese militar tuvo la serenidad suficiente para no dejarse calentar.

Si el soldado cae en la provocación, ipsofacto se convierte en un asesino. No importa que disparara en legítima defensa. Y le hubieran caído los más feroces señalamientos de esas ONG mamertas que no pierden ocasión para desprestigiar a la Fuerza Pública.

Esas mismas ONG que no han dicho un palabro para condenar la temeraria acción de ese presunto indígena.

Pero, por fortuna, este héroe de la patria tuvo el suficiente autocontrol para no disparar. Ese acto valiente dejó ver la excelente formación que tienen nuestros soldados y, sobre todo, permitió desnudar a esos individuos que se esconden tras su apariencia indígena y tras un discurso cuasifilosófico para cometer toda clase de atropellos.

En buena hora la Fiscalía ordenó detener al agresor del soldado. ¡Pueda ser que así actúe en lo sucesivo con todos los que se escudan en su sangre indígena para violar la ley!

La presencia de los soldados en ese rincón del Cauca se debió a que fueron llamados por los administradores de un ingenio azucarero, ante la amenaza de un grupo de vándalos que pretendía quemar una maquinaria agrícola de propiedad de ese ingenio.

¿Y por qué esos presuntos indígenas querían perpetrar el ataque? Porque esos insaciables personajes tienen en la mira las tierras de ese ingenio y pretenden adueñárselas a la brava.

Mejor dicho, la Fuerza Pública tuvo que acudir a impedir que esos salvajes, que en público se muestran muy pacíficos y muy filosóficos pero que cuando no hay cámaras se convierten en unas fieras, atentaran contra una propiedad ajena. Como han venido haciéndolo en el Cauca hace años.

Y es que no pasa una semana sin que un puñado de presuntos indígenas intente meterse en un predio ajeno. Para justificar su proceder argumentan que están “recuperando” la “madre tierra” que les perteneció a sus ancestros. Con esa peregrina justificación han destruido muchas fincas del Cauca.

No voy a repetir aquí las cifras de las tierras que ya le ha entregado el Estado a los indígenas. Pero son buena parte de las hectáreas productivas del Cauca. A ellos no les basta. Nunca están satisfechos. Y cuando le ponen el ojo a un terreno, no hay quién los convenza de que esa tierra es de una familia que la adquirió legalmente y la ha trabajado y cultivado por generaciones.

La humillación que sufrió ese soldado no fue en vano. Ese acto valiente sirvió para desenmascarar a esos lobos con piel de oveja y para mostrarlos como son: unos vándalos que a punta de violencia y de fábulas se quieren apropiar de cuanto se les antoja.

Sigue en Twitter @dimartillo

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