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¿Remake del 8000?

Marzo 16, 2017 - 11:30 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

“Sea leal con su patria que lo colmó de honores y con su estirpe de tan noble espíritu. Retírese con grandeza y recibirá el reconocimiento de los colombianos y de la historia”.

Esta petición no la hizo algún opositor a Juan Manuel Santos, a raíz del reconocimiento por parte del exgerente de su campaña de que con US$400.000, que ‘fondeó’ la empresa Odebrecht, se pagó, de forma irregular, la impresión de dos millones de afiches de esa campaña, en el 2010.

No. Ese reclamo lo hizo el mismísimo Juan Manuel Santos a Ernesto Samper, en 1995, poco después de que se supiera del ingreso de dineros del narcotráfico a la campaña samperista.

Las vueltas que da la vida. Lo que ayer solicitaba Santos, hoy se lo piden a él. La historia, sobre todo en Colombia, es cíclica. Prueba de ello es que el escándalo de Odebrecht tiene muchas similitudes con el proceso 8000. Por ejemplo, el caso de los afiches pagados por la firma brasilera me recuerda las camisetas de Samper que hizo Julián Murcillo con dineros del Cartel de Cali.

Las motivaciones que tuvieron para pasarse la ley por la faja la campaña de Samper y la de Santos fueron las mismas. En ambos casos quienes manejaban las campañas se paniquearon por los resultados apretados de la primera vuelta. Y salieron desesperados a buscar recursos para engrasar las maquinarias de cara a la segunda vuelta.

La campaña de Samper y la de Santos, al menos en el caso de los afiches financiados por Odebrecht, para no copar los topes establecidos por la ley les pidieron a los aportantes que asumieran gastos de la campaña para no registrarlos en la contabilidad.

Las declaraciones de ambos mandatarios cuando estallaron los escándalos también se asemejan. El uno dijo que todo había ocurrido a sus espaldas. El otro, que se acababa de enterar. Lo que en ambos casos resulta dificil de creer.

Pero, para ser justos, entre el proceso 8000 y el escándalo de Odebrecht hay una diferencia fundamental. En el primer caso hubo una conspiración mafiosa para poner un presidente afín con el cual negociar su entrega y evadir la extradición. Por eso pusieron más de 7 millones de dólares de la época.

En el segundo, Odebrecht no puso presidente, ni se puede decir que este gobierno haya sido un títere de la firma brasilera. Hubo un aporte, por debajo de cuerda, para ayudar a esa campaña, con el fin de conseguir favores. Que es la misma intención que tienen la mayoría de los aportantes; nadie gira millones a cambio de nada.

Por eso, pedir la renuncia de Santos aún me parece precipitado. Esa dimisión se podría reclamar si se demuestra que la maniobra que se hizo para pagar los afiches fue sistemática.

De todas formas, es muy triste que nuestra clase política no aprenda de los errores del pasado, carezca del espíritu noble que invocaba Santos hace 20 años y que siga empeñada en el ‘todo vale’ para lograr sus metas.

Tan triste como que los grandes protagonistas del 8000, Ernesto Samper y Horacio Serpa, sigan campantes y vigentes en la política. Indigna que mantenga esa vigencia alguien como Serpa, que tuvo el cinismo de decir en su momento que “el manejo de la campaña (Samper) en el campo económico fue transparente y enmarcado dentro de los controles éticos de rigor”.

Solo por semejante mentira descarada, Serpa debía estar en el ostracismo hace rato. Pero aquí, ya se sabe, los políticos tienen 8000 vidas.

Sigue en Twitter @dimartillo

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