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Espero la otra marcha

Marzo 31, 2017 - 11:55 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Me gustan las marchas como expresión colectiva de la voluntad de una comunidad. Marché muchas veces contra la guerrilla criminal e iba siempre acompañando las víctimas. Marché en tantas ocasiones con las familias de los secuestrados de La María, hombro a hombro con los hijos de los raptados o con sus mujeres solitarias. Tenía la certeza que las marchas las encabezaba el dolor, la dignidad, la solidaridad con la causa representada con los marchantes que encabezaban la protesta.
Hoy, hastiado de la corrupción y de las mentiras sucesivas de uno y otro gobierno, ansío una marcha en defensa de los valores que anhelo para mi país, donde la política sea “el arte de servir” y no el mecanismo para que los políticos se enriquezcan o sacien sus apetitos particulares. Quiero acompañar los estudiantes y la tercera edad cuyos recursos de educación y salud son usurpados miserablemente. Acompañaré los intelectuales que vienen abogando por un país más equilibrado e incluyente, por una gerencia pública decente y eficaz. Quiero salir en una marcha consistente.

Por eso siento que esta de hoy no es mi marcha. Me sentiría utilizado si voy detrás de quienes han contaminado sus campañas con dineros ilícitos. Con quienes tienen las manos manchadas. No quiero caminar detrás del señor de Invercolsa ni detrás del cavernario procurador que se hizo el bobo para no abrir las investigaciones de Odebrecht.

No quiero que al finalizar la jornada me cuenten como uno más del movimiento que organizó la marcha cuando su comportamiento no rima con el mío. No quiero ser contado como uno que salió a protestar contra este gobierno cuando lo que quiero es salir a protestar contra las repugnantes prácticas de este y del anterior. Y seguramente de otros más, pues la política se ha convertido en una actividad cada vez más pecaminosa y peor ejercida, desperdiciándose la maravillosa oportunidad de servir, planear, irrigar beneficios e inspirar las nuevas generaciones.

Por todo eso, dejaré pasar la marcha de hoy. Espero la otra, donde me sienta representado y no utilizado. En esa caminaré largo y convencido, hasta perder la voz y ver sangrar mis pies.

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