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¿Tendrá fin la corrupción?

Agosto 11, 2017 - 11:40 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Cada semana se destapa un nuevo escándalo por corrupción. ¿El silencio de los fusiles estará permitiendo escuchar las consecuencias de este cáncer, o será que la corrupción supera los efectos de la guerra?

Cada caso es peor. Las nuevas noticias traen coimas más grandes. Cada vez más ricos y poderosos untados. Algunos repitiendo en las páginas de la infamia. Pareciera que la ambición no tiene escrúpulos ni piedad y los pillos llegan a excesos, como el cartel de la hemofilia o el de órganos. ¿A quién le cabe que el serrucho esté en la compra de ambulancias, o en la sustitución de necesitados de cupos escolares por estudiantes inventados?

El tema es de mucho fondo. Hemos patentado la cultura del tener, estamos premiando la foto del extracto bancario y la de los bienes suntuarios y no la película de una vida llena de esfuerzos y dificultades para culminar con una etapa de bienestar económico. Esa foto es además insaciable, cada día se quiere renovar para aparentar y todo se hizo desechable y reemplazable. Como se cambia el carro, también la pareja debe actualizarse. Los valores son los de la Bolsa y no los del espíritu.

Como posar al lado de un “triunfador” nos da aire de ganadores, la sanción social se desvaneció. Pícaros y hampones de cuello blanco son recibidos con alborozo donde llegan. Muchas veces quien lo abraza termina hablando pestes del bandido, pero éste solamente percibe el rechazo de unos pocos y ese camino corto para enriquecerse termina pareciéndole un buen modo para proseguir robando, dañando y acumulando.

De otra parte la familia ha perdido su rol de fiscalizadora de procederes y exaltadora de justos méritos. Al fin y al cabo, cuando los pillos son detenidos sus familias siguen viviendo en la abundancia, a pesar del origen putrefacto de sus riquezas. Lo importante es el saldo por gastar.

Basta observar en Bogotá como viven muchas de las esposas de los detenidos en los carruseles de la contratación. La pobreza únicamente se ve en los eslabones débiles, quienes empeñan lo que tienen para pagar abogados. Que nostalgia por regresar al buen nombre, a caminar con la frente en alto y a la exaltación familiar por el bienestar logrado con inteligencia y sudor.

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