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Agosto 15, 2017 - 11:50 p.m. Por: Emilio Sardi

Nadie ignora que el tráfico fluye mejor en una intersección a desnivel que en una a nivel. Y no hay duda de que la movilidad de los caleños mejoraría enormemente con la construcción de puentes en diez o quince intersecciones claves de la ciudad. Si esto no se ha hecho es porque nuestros gobernantes no han entendido que la competitividad de la ciudad y el bienestar de sus habitantes se deterioran violentamente cuando el tiempo que se gasta para ir desde la vivienda al trabajo y retornar se eleva a una, dos y hasta cuatro horas diarias, como aquí ha sucedido.

Ahora, una cosa es que nuestros gobernantes no construyan puentes para mejorar la movilidad porque prefieran dedicar los recursos a disminuir carriles viales o a dar contratos para construir policías acostados. Otra es que se suspenda el uso de los puentes construidos por gobiernos municipales anteriores que sí se preocuparon por mejorar la movilidad. Eso es precisamente lo que, absurdamente, han hecho en el cruce de la Carrera 1ª con la Calle 26.

La Carrera 1ª recoge el tráfico que entra a Cali desde Palmira y el de muchos barrios ubicados al oriente de Cali. Desde hace casi medio siglo, ese tráfico ha pasado bajo la Calle 26 para después cruzar a nivel la Calle 25. Ahora resulta que la Secretaría de (In)movilidad ha resuelto clausurar ese paso y está obligando a los vehículos que vienen por la 1ª a cruzar a nivel la 26, con un nuevo semáforo. Así, no solamente los ha condenado a ellos a cruzar dos semáforos para pasar la 25, sino que ha bloqueado el nutrido tráfico que transita por la 26 de sur a norte. Con frecuencia, la cola de vehículos que vienen por la 26 ahí represados llega hasta la Carrera 8ª, y les toma hasta media hora pasar ese obstáculo.

Esta torpeza no es de extrañar. Al otro lado de ese par vial, la Secretaría de (In)movilidad ha logrado que el recorrido de las 25 cuadras de la Clínica de los Remedios a la Autopista Sur tome igual número de minutos. Para esto, ha establecido un nuevo y antitécnico cruce en la Carrera 10ª y mantiene los semáforos sin sincronizar, incluyendo el que tiene en la Calle 23 para autorizar el paso, ¡por el puente que cruza sobre la Transversal 25! Y como le parece demasiado ágil ese flujo, ha anunciado que obstaculizará más el tránsito por esa vía poniéndole ilegales policías acostados.

Las encuestas, como los brassiers, muestran lo que se quiere mostrar. Basados en una muy sesgada, los teóricos e ingenieros de escritorio responsables por la (in)movilidad caleña les han declarado la guerra a los vehículos particulares. Con más de 450.000 automotores registrados y más de medio millón de motos circulando, ellos debieran entender que son cientos de miles las familias caleñas que los usan, entre otras razones porque la ciudad carece de un sistema de transporte público eficiente y racional. Familias que merecen respeto, que se atiendan sus necesidades y que no se les agreda. Y es bueno que entiendan también que esa penetración hasta los estratos populares hace que éste no sea hoy el transporte “elitista” que a ellos tanto les molesta. Es el de la mayoría.

El Alcalde es un hombre práctico. Es hora de que tienda un puente hacia la ciudadanía y les ordene a estos personajes que suspendan su guerra contra el vehículo particular. La de ellos ya no es una lucha de clases, como pretenden, sino una agresión de la burocracia ideologizada contra la ciudadanía.

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