fernando cepeda ulloa

Dinero y política

¿Cómo se consigue, quién lo da, en qué medida y a cambio de qué? Son preguntas que contribuyen a entender la relación entre política y dinero, o sea, la financiación de campañas electorales, de los partidos y de los políticos. Ha sido una discusión que lleva más de cien años. Tempranamente, en los Estados Unidos, se prohibió a comienzos del Siglo XX la financiación de campañas por parte de las empresas o corporaciones (1907) y en 1947 se hizo lo propio con respecto a los sindicatos. Leyes, reformas, controles van y vienen. La verdad verdadera es que el sistema mixto, financiación estatal acompañada de financiación privada con controles, no ha funcionado, ni siquiera en un país con tanta capacidad institucional y tantos tanques de pensamiento, investigaciones y propuestas como Estados Unidos.

En ese país es bien sabido que los donantes obtienen acceso especial al proceso decisorio. Me haría interminable citando casos y testimonios de senadores, representantes y consultores a este respecto. El editorial de un conocido periódico en Estados Unidos, por allá el 12 de diciembre de 1996, concluía así: “Si la política está para la venta, asegurémonos entonces que la mayoría de los votantes y no los grupos de presión sean los compradores.” Para muchos, la política queda secuestrada por el sistema de financiación privada de las campañas. Así haya una contribución estatal.

Cuando debatimos sobre financiación de la política estamos hablando de qué tan competitiva es nuestra democracia; estamos discutiendo la verdadera naturaleza del juego democrático, la integridad del proceso político y la calidad del sistema representativo. Es deplorable que los empresarios no tomen en serio este tema. El escándalo de la compañía Enron en 2001-2002, reveló datos comprometedores sobre corrupción en el sistema político. Esta compañía multibillonaria puso en entredicho el comportamiento de los más altos funcionarios. Hubo que aprobar una nueva ley de financiación de campañas que, como lo mostró la reciente campaña presidencial, sigue siendo tema central para quienes buscan transparencia en el sistema político. Porque se cree, allá en esa gran democracia, que “el Congreso está ampliamente capturado por grupos especiales de interés”. Es una declaración del Comité para el Desarrollo Económico, 1999. El director del movimiento Causa Común en 1973 dijo en un testimonio ante el senado de Estados Unidos: “no hay nada en nuestro sistema político que cree hoy más daño, más corrupción, más alienación y desconfianza por parte de la ciudadanía, que nuestro sistema de financiación de elecciones”. El tema es viejo, sigue vigente y sigue generando desastres.

La ciudadanía no puede ser ajena a este asunto, como lo ha escrito una de las mejores expertas, Elizabeth Drew, al hablar del impacto en la vida real de la financiación privada de las campañas: “los costos están por todas partes, en el Código Tributario, en el Presupuesto Federal. Saltan por todos los lados desde el presupuesto del Pentágono hasta las cuentas médicas. En efecto, en nuestro quehacer diario, al comprar comida, gasolina y medicina, y al pagar los impuestos, estamos pagando por el actual sistema de financiación de campañas”. Esto lo escribía en 1983. Repitamos: tema viejo.

La propuesta de financiación estatal, espero que total, de las campañas, hecha por el presidente Santos hace varias semanas, ha caído en un total vacío. Pésima señal. ¿Hasta cuándo?

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