francisco josé lloreda mera

Mantos de duda

Los colombianos queremos la paz. Existen distintas opiniones sobre cómo alcanzarla y en la actual coyuntura, sobre el acuerdo con las Farc. En ese contexto polarizado, si se prueba que alias Jesús Santrich -uno de los principales negociadores del exgrupo guerrillero y directivo y Senador del nuevo partido- está vinculado en actividades de narcotráfico luego de la firma del acuerdo de paz, sería un hecho de suma gravedad.

‘Santrich’ no es cualquier exguerrillero ni un miembro más del partido político Farc. Fue integrante del Frente 19 que operaba en Sucre, uno de los jefes del Bloque Caribe y del Estado Mayor Central del grupo insurgente. Fue además negociador en el Caguán y durante seis años en La Habana. Es además uno de los seis miembros de la Comisión de Impulso, Seguimiento y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final, Cisivi.

Es decir, participó en la negociación de los acuerdos, incluido el de narcotráfico, en el que la guerrilla se comprometió a poner fin a toda relación con el tráfico de drogas y a dar cuenta de sus redes, rutas y nexos ilícitos en otros países. Por eso, de comprobarse que ‘Santrich’ está traficando y más siendo miembro de la Cisivi -llamada a verificar que este tipo de hechos no ocurran- sería una burda bofetada a la confianza nacional.

Lo complejo del caso es que alias Santrich no ha negado la acusación que se le formula. Se ha limitado a señalar que “lo están empujando por el abismo de lo que puede ser un proceso de paz fallido”, que ha emprendido su última batalla “la de la dignidad” y que seguirá luchando para acabar el “chantaje de la extradición.” Y en esa misma línea su abogado se ha limitado a cuestionar el procedimiento de arresto y no la acusación.

Igual de delicada ha sido la reacción de los miembros del nuevo partido político, entre ellos el de su máximo líder, Rodrigo Londoño, quien al tiempo en que indicó que "la paz de Colombia no está condicionada por los problemas, ni las personas, que formamos parte de la organización" -desmarcándose un poco del caso de ‘Santrich’- señaló que se trata de un "espectáculo mediático” con los gringos y que el Fiscal es un “sicario moral”.

Este tipo de reacciones evasivas poco ayudan; acrecientan las dudas sobre si el caso del exguerrillero es aislado y si algún dirigente del nuevo partido tenía conocimiento de lo que sucedía, más cuando Marlon Marín, sobrino de ‘Iván Márquez’, está implicado en la misma investigación, por la producción y envío de las 10 toneladas de cocaína a los Estados Unidos a través del Cartel de Sinaloa, a cambio de 15 millones de dólares.

Pero además de la duda sobre si las Farc continúa traficando, atiza la discusión sobre las disidencias: si son realmente disidencias de la antigua guerrilla o brazos armados del nuevo partido dedicados al narcotráfico, bien como fuente de financiación o como ‘seguro’ en caso que el proceso se reviente. Ojalá no sea lo segundo pues la historia nos enseña que la mezcla de política electoral y violencia armada es desafortunada.

A juzgar por el acervo probatorio conocido no le aguardan días fáciles a ‘Santrich’ ni al proceso de paz, severamente golpeado. No obstante, está por esclarecerse si además existe un vínculo del nuevo partido con el narcotráfico y con las disidencias. Es decir, saber si quien está haciendo trizas el acuerdo de paz son las propias Farc. Despejar estos mantos de duda no es sólo una necesidad y una prioridad, sino, una obligación.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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