francisco josé lloreda mera

Me duele Tumaco

De nuevo Tumaco en las noticias. Esta vez por la decisión del Gobierno Nacional de hacer presencia con dos mil soldados y policías más para tratar de poner orden en una región sitiada por narcotráfico, guerrilla y bandas criminales. Hace unos meses fue noticia por un enfrentamiento armado aún por esclarecer y hace cinco años, cuando las Farc dejó sin energía -y aún más sumido en la pobreza- a ese puerto nariñense.

La decisión de adelantar una ofensiva militar y policial para contener la violencia y la criminalidad en la Costa Pacífica nariñense era necesaria. Podrá discutirse si es tardía y si es la solución a la problemática de fondo, más cuando a juzgar por lo que siempre ocurre, con el paso de los días la presencia de la Fuerza Pública mermará al compás de la atención mediática. Pero había que hacerlo y ojalá arroje resultados importantes.

Y había que hacerlo porque el deterioro en la seguridad de la región es creciente. Pero es importante entender las causas. Al cúmulo de problemas estructurales del puerto, se suma el incremento vertiginoso en los cultivos de coca: de 5.065 hectáreas en 2012 se llegó a 23.148 en 2016. Es decir, se duplicaron año tras año, hasta convertirse en el principal municipio cocalero del país, ante la mirada indolente del Estado colombiano.

La coca le abrió las agallas a más de un guerrillero de las Farc que prefirió continuar en el narcotráfico, al ELN que también va por el botín y a diversos tipos de bandas criminales, en una disputa territorial por el control del negocio, incentivado a su turno por el cese en la fumigación aérea, expectativas en el marco del proceso de paz y, hay que decirlo, políticas contraproducentes como la legalización de los pequeños cultivos.

Pero la problemática de Tumaco es más profunda como lo es la de la Costa Pacífica y no se soluciona solo con más policías y soldados. Es más, pocas regiones ya contaban con una presencia militar tan importante como la del Suroccidente. Sin embargo, por distintas razones, no ha dado abasto. Y no lo hará, entre otras razones, porque hay un trasfondo estructural complejo que facilita, mas no justifica, las actividades ilegales.

La mayoría de gobiernos se han comprometido en sacar al Pacífico de la pobreza y han invertido en la región recursos cuantiosos, bien o mal ejecutados, con la presencia incluso de altos funcionarios, como el vicepresidente Naranjo, quien en buena hora le pone el alma a Tumaco. Pero todo lo anterior, siendo importante, ha sido insuficiente pues se requiere mucho más que la buena disposición de unos funcionarios de turno.

Lo que requiere el Pacífico colombiano es que el país lo mire no como un problema sino como una oportunidad. Hacerlo parte de Colombia. No con acciones esporádicas para conjurar las crisis o inversiones puntuales sino, con una determinación política y presupuestal clara y continua, cueste lo que cueste y vigilando cada peso, hasta que logremos, como país, darle a esta región y a su gente, la calidad de vida que se merece.

Me duelen Tumaco y la Costa Pacífica. Tuve la fortuna de trabajar con ellos y conocer su gente y me resisto a aceptar su suerte; a ver sus sueños diluirse entre la violencia y el olvido. Tumaco y el Pacífico lo tienen todo. Todo, salvo la voluntad real de un país y de su sociedad, de la que somos parte, para sacarlos, pero de verdad, de la postración y la muerte. Ojalá las acciones en marcha enciendan una luz de esperanza. Y que perdure.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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