gerardo quintero

Un país descuadernado

Tal vez no haya una mejor radiografía del país político de hoy, que el llamado a interrogatorio que hizo la Fiscalía General de la Nación de los gerentes de las campañas presidenciales de Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga, Roberto Prieto, Santiago Rojas y David Zuluaga, por las presuntas irregularidades en el ingreso de dinero por parte de la empresa brasileña Odebrecht.

La verdad es que ya no se sabe qué más esperar. La corrupción en Colombia está enquistada en todos los niveles y ningún partido puede tirar la primera piedra. La asqueante política nacional está allí retratada. Esos personajes, y otros aún a la sombra, representan finalmente a las dos alas de la misma podredumbre.

Con razón un estudio del Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes da cuenta de cómo este país es en Latinoamérica el que tiene la mayor desconfianza hacia sus políticos. En plata blanca, el 90% de los encuestados tiene la percepción de que las personas que hacen política en Colombia son corruptos. Esto resulta muy grave pues está directamente relacionado con la escasa participación de la ciudadanía en los eventos electorales (pues la gente se abstiene de votar porque no cree) y con una absoluta falta de credibilidad hacia las instituciones. Obviamente esa falta de confianza en la política o en quienes la ejercen (con razones justificadas), termina dinamitando el sistema democrático y abriendo la puerta a soluciones extremas.

La desazón es total, un país descuardenado, con pocos motivos de orgullo, sin cohesión, dividido por los mismos bandidos que usurpan los poderes y cooptan a los ciudadanos en beneficio de sus intereses, tiene muy pocas salidas.

A este paso Colombia camina hacia el abismo infinito, a ser una nación inviable. La justicia tiene hoy su gran reto porque olvídense que los políticos se van a autorregular, tal vez se autoengañarán. Aquí el ‘cómo voy yo’ es una práctica antigua y aceptada en muchas instancias oficiales y privadas, para la muestra un botón, Odebrecht. No es con marchas ni posando de impolutos que se va a transformar esta nación. El primero que debería dar ejemplo es Santos, quien debería irse de una vez en lugar de estar entregando explicaciones ‘samperianas’ que cada día lo enlodan más, pero tranquilos, aquí nadie conjuga el verbo renunciar. La justicia tiene la palabra, veamos si también tiene el coraje y la dignidad.

Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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