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Oasis

Marzo 22, 2017 - 11:55 p.m. Por: Gonzalo Gallo

En mayo de 1804 Napoléon se proclamó emperador, en 1812 estaba derrotado por los rusos y en 1815 sufría desterrado en la isla de Santa Elena.

Se dice que en todas las batallas que dirigió murieron más de cinco millones de soldados suyos y enemigos.

Fue un gran estratega militar y, al mismo tiempo, un ser ególatra y despótico, con una ambición desmedida de poder.

A veces lo imagino en su destierro que duró seis años, pensando antes de morir: ¿Cómo podía haber manejado mejor mi destino?

No sé si pensó eso o no, porque hay quienes se van de este planeta sin reconocer sus vacíos y sus falencias.

Dicen que sus últimas palabras fueron estas: “Francia… el ejército… Josefina”. Según otra versión también dijo “Mon Dieu, Mi Dios”.

En caso de que sea verdad sirve para pensar que muchos tienen a Dios presente en su muerte, pero no en su vida.

Dios es un salvavidas ante el mal cuando debía ser una presencia amorosa constante. ¿Así lo es para ti?

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