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Oasis

Septiembre 11, 2017 - 11:30 p.m. Por: Gonzalo Gallo

Pastora Mira, de San Carlos (Ant.) relató al Papa cómo se topó con uno de los asesinos de su hijo cuando una noche vio en la calle a un muchacho herido.

Lo llevó a la cama del chico. El joven vio su foto y dijo: “Fui uno de los que lo mató y antes lo torturamos”. “Lo perdoné”.

Su drama refleja la tragedia de Colombia: cuando tenía seis años, su padre fue asesinado, después su marido y sus dos hijos. Ella perdonó.

El buen Francisco animó a “romper la cadena del odio que se presenta como ineludible, lo que solamente es posible con perdón y reconciliación”.

Después Luz Dary Landázury comentó que había perdido el uso de una pierna por la bomba que casi mata a su hija de siete meses.

“Al inicio sentía rabia y rencor, pero después descubrí que si me limitaba a transmitir este odio, creaba más violencia. No se puede vivir del rencor”.

El Papa dijo con sabiduría: “Las heridas del corazón son más profundas y difíciles de curar que las del cuerpo.

Cuando la víctima vence la tentación de la venganza, se convierte en el protagonista más creíble del proceso de construcción de la paz.

¡Basta una persona buena para que haya esperanza! Es hora de sanar heridas, de tender puentes y de limar diferencias”.

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